Hawkins, 1983
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La bicicleta de Julie rechinó un poco al detenerse frente a la entrada de la casa Wheeler. El último rastro de luz del atardecer apenas iluminaba la calle, y una brisa fría le erizaba la piel. Noviembre en Hawkins siempre tenía ese toque inquietante.
Se bajó de la bicicleta y se acomodó la mochila contra el hombro. Desde adentro del sótano se escuchaban voces, risas, y el traqueteo de dados golpeando la mesa. Eso bastó para hacerla sonreír.
Los chicos ya estaban jugando sin ella, como siempre.
Julie empujó la puerta y bajó los escalones.
— ¿De verdad empezaron sin mí? —Exclamó, las cabezas se giraron al instante.
— Julie, llegaste —dijo Mike—. Era eso o escuchar a Dustin dramatizar el prólogo por cuarta vez.
— ¡Perdón por ser el único que sabe narrar! —se defendió Dustin, enderezándose en su silla—. Hola, Juls-bee.
— Dust-bee. —Ella lo saludó, ese era el típico apodo que tenían entre ellos.
Todo el ruido y la actividad del sótano cesó un momento mientras los chicos observaban a Julie. La luz tenue de las bombillas desnudas y los restos de la tarde proyectaban sombras en el ambiente, creando una escena extrañamente acogedora.
Mike, el anfitrión de la reunión, se frotó las manos excusándose.
— Fue idea de Dustin, honesto. Dijo que si te hacíamos esperar más, tendríamos una mejor experiencia con el juego. —Mike, que siempre se tomaba en serio el rol de líder del grupo, hizo un gesto
— Te guardamos asiento. —Dijeron, señalando una silla vacía junto a él. Lucas levantó una ceja.
— Y te pedimos pizza, pero Mike se comió la última rebanada.
— ¡Eso es falso! —protestó Mike—. Dustin se la robó cuando yo fui por sodas.
Julie dejó su mochila en el suelo mientras negaba con la cabeza.
— ¿Podemos concentrarnos? Vine para jugar, no para presenciar un juicio improvisado.
Los chicos rieron, y Mike volvió a acomodar los papeles del juego. Dustin le dio un codazo amistoso.
— Oye... ¿tuviste problemas con tu bicicleta otra vez?
— La cadena, tengo que ajustarla —respondió ella, rodando los ojos—. Antes de que Mews vuelva a hacer sus necesidades en ella y la termine oxidando.
Dustin rió con nerviosismo, recordando cómo su gato, unos meses atrás, había sido el culpable de que Julie casi perdiera un pedal.
El sótano de los Wheeler estaba iluminado apenas por la lámpara verde sobre la mesa, que proyectaba un círculo cálido sobre el tablero de Dungeons & Dragons. Miniaturas, fichas, dados poliédricos y hojas arrugadas formaban un caos perfectamente familiar. Mike estaba sentado en su "trono" de Dungeon Master; a su derecha, Lucas y Will revisaban sus hojas de personaje, y frente a ellos, Dustin y Julie compartían un tazón gigante de palomitas.
Julie sostenía su lápiz entre los dedos, tamborileando sobre la mesa mientras observaba el diagrama del calabozo. Era nueva en algunas reglas, pero nada le impedía involucrarse como si llevara años jugando. Su personaje, una exploradora de aguda percepción, era casi un reflejo de ella misma: rápida para pensar, más rápida para actuar.
— Bien. —Anunció Mike, acomodándose los dados como si fueran piedras sagradas—. Después de una hora caminando por los pasillos del Laberinto Oscuro, llegan a una cámara circular. En el centro... —hizo una pausa dramática— hay una fosa cubierta por una niebla espesa. Del otro lado, ven una puerta de madera reforzada, sellada.
Will inclinó su miniatura hacia adelante.
— ¿Escucho algo? —preguntó, ya entrando en personaje.
Mike lanzó unos dados detrás del biombo. Julie se acercó un poco, intentando escuchar la caída de los dados para adivinar si mentía... claro que Mike nunca dejaba pistas.
— Oyes... Una respiración —dijo Mike, abriendo los ojos con exagerado suspenso—. Algo grande, algo que está esperando.
Lucas soltó un suspiro.
— Genial, otra criatura gigante. ¿Podemos rodear la fosa?
— No sin tirar un chequeo de percepción. —Respondió Mike. Julie arqueó una ceja con una sonrisa competitiva.
— Lo haré yo, mi exploradora es la que tiene mejor percepción, ¿no?
Dustin chocó su hombro suavemente.
— Hazlo, Jules. Tienes la tirada más alta.
Julie tomó su dado de veinte caras, lo besó con ironía y lo lanzó. El dado rodó un par de veces, golpeó la base de la lámpara y quedó quieto.
— Diecinueve. —Anunció.
Mike chasqueó la lengua, derrotado.
— Está bien. Notas un borde muy estrecho alrededor de la fosa, lo suficientemente ancho para que pasen... si avanzan con cuidado.
Will respiró aliviado.
— Entonces, lo hacemos. Avanzamos despacio.
Mike levantó una ceja oscura y peligrosa.
— Justo cuando dan los primeros pasos... —tomó otro dado, rojo, translúcido, el que todos temían— sienten un golpe bajo la superficie de la niebla.
Dustin abrió la boca, nervioso pero emocionado.
— ¿Qué es eso?
Mike lanzó el dado sin decir nada. La bola de plástico rebotó y rodó lentamente.
Once.
Mike sonrió con esa sonrisa de "están en problemas".
— La niebla se agita. Una garra enorme se aferra al borde de la fosa, la criatura emerge. Piel negra, forma... indescriptible, ojos vacíos. ¡Es el DEMOGORGON!
Lucas se llevó ambas manos a la cabeza.
— ¡No otra vez! ¡Nos va a destruir!
Will trató de mantener la calma.
— Podemos derrotarlo. Solo necesitamos...
— No podemos —interrumpió Lucas—. ¡Estamos muy heridos desde la batalla anterior!
Dustin se inclinó hacia Julie, casi murmurando.
— Si corremos, nos puede alcanzar, pero si atacamos...
— Podemos cubrirlos —dijo Julie, tomando su miniatura—. Yo lanzo una flecha mientras ustedes se mueven hacia la puerta. Sean rápidos.
Will sonrió, aliviado por el plan.
Mike golpeó su lápiz contra el biombo.