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El sótano de los Wheeler se había transformado en algo más que un escondite, se había convertido en un refugio improvisado. Once estaba sentada en un rincón, envuelta en la chaqueta de Mike que le quedaba enorme, mirando cómo los chicos acomodaban las cosas. Lucas revisaba una linterna, Dustin reorganizaba walkie-talkies y pilas, y Mike observaba el tablero de Dungeons & Dragons, aunque su mente estaba claramente en otra parte.
Julie se sentó a un costado, apoyando la espalda contra la pared húmeda. Observaba a Once, intentando comprenderla. No hablaba mucho, apenas unos murmullos, pero había algo en la manera en que sus ojos seguían cada movimiento del grupo que la mantenía alerta. Julie sabía que la chica no era solo frágil; había fuerza en su presencia, algo que todavía no entendían del todo.
Mike se acercó a ella y susurró:
— No sé si lo hago bien... mantenerla aquí, no sé si se siente cómoda. —Julie negó con la cabeza, apoyando un brazo en sus rodillas.
— Estás haciendo lo correcto, nadie más puede cuidarla ahora. Además, tú la conoces mejor que nosotros, confía en ti y se nota.
Mike suspiró y volvió a mirar al resto del grupo. Dustin se inclinó hacia Julie, bajando la voz.
— Juls-bee... ¿Te das cuenta de lo que pasó anoche? —su tono mezclaba asombro y miedo—. Si alguien nos hubiera visto...
— Sí. —Respondió Julie, cruzándose de brazos—. Pero estamos aquí, ella está a salvo y nadie se enteró. Por ahora, eso es suficiente.
Mike se sentó en una silla cerca de Once, mirando su rostro con cuidado. Entonces, como si recordara algo importante, su expresión cambió. Julie notó cómo se tensó, los dedos apretando suavemente los bordes del asiento. Era un flashback que lo había atrapado, un momento que no podía olvidar.
— Will... —susurró, casi para sí mismo. Julie se inclinó hacia Dustin, notando la gravedad en la voz de Mike.
Dustin asintió, aunque no dijo nada. Sabía que había historias que pesaban demasiado para ponerlas en palabras. Julie, siempre perceptiva, se quedó callada, respetando el silencio que había caído sobre el sótano.
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Unos días después, Once decidió que podía intentar algo nuevo: ir a la escuela, pero para no llamar la atención, Mike y Julie ayudaron a elegir una peluca rubia larga que cubriera su cabeza rapada. Dustin miraba el resultado con curiosidad y asombro.
— No puedo creer que funcione... —dijo, inclinándose para ver cómo caían los mechones falsos sobre los hombros de Once.
— Funciona —aseguró Julie—. Mientras camine derecho y evite hablar demasiado, nadie notará nada.
Mike se acercó y ajustó la peluca, asegurándose de que quedara firme. Once se miró en un espejo improvisado, con los ojos llenos de una mezcla de miedo y determinación. Julie le sonrió con suavidad, como si le diera permiso para ser fuerte.
— Todo va a estar bien —dijo Julie, apoyando una mano en el hombro de Once—. Solo camina, observa y aprende. Nosotros te cuidamos.
— ¿Me protegerán si alguien se da cuenta? —susurró Once. Dustin frunció el ceño, serio.
— Sí, nadie te va a hacer daño. Te lo prometemos, ¿Entendido?
Once asintió lentamente. Su mirada se fijó en la de Julie y luego en la de Dustin, y por un momento hubo un entendimiento silencioso: estaban juntos en esto, y nada cambiaría eso. Cuando finalmente salieron del sótano y llegaron a la escuela, el mundo de Hawkins parecía más grande y amenazante que nunca. Los pasillos estaban llenos de estudiantes que no sabían nada, pero que podían hacer daño con palabras y miradas. Once caminaba con cuidado, ajustándose la peluca mientras Mike, Lucas, Dustin y Julie la rodeaban discretamente.
Julie se inclinó hacia Dustin, bajando la voz para que nadie más la escuchara.
— Parece increíble, pero mira cómo camina, Dust-bee. No parece perdida.
Dustin sonrió nerviosamente.
— Sí, aunque esto es solo el principio. Todo el mundo en la escuela está esperando un error, y ella no puede cometerlo.
Julie asintió, concentrada en observar la manera en que Once interactuaba con los demás. Cada paso, cada gesto, era un aprendizaje. Y aunque la tensión era palpable, Julie sentía algo reconfortante: la chica estaba empezando a formar parte del grupo. Y con Dustin a su lado, ella no estaba sola. La escuela resultó ser mucho más intimidante de lo que Once esperaba. Cada pasillo parecía más largo, cada murmullo más agudo, y los estudiantes observaban con atención cualquier señal de debilidad. Troy y su grupo no tardaron en notar a la "nueva" chica con peluca rubia caminando entre ellos. Julie sintió que se tensaba el ambiente mientras Troy se acercaba con esa sonrisa burlona que siempre traía problemas.
— Eh... ¿Y esta quién es? —preguntó Troy, inclinándose hacia Once—. ¿Se perdió o te la mandó mamá?
Once lo miró apenas, sin decir nada, pero sus ojos brillaron con intensidad. Dustin y Julie intercambiaron miradas, sabiendo que algo estaba por pasar. Lucas y Mike se adelantaron un paso, pero Once levantó una mano. Un gesto apenas perceptible y suficiente.
De pronto, Troy tropezó con su propio pie, perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, la mochila golpeando su espalda mientras sus amigos gritaban sorprendidos. No parecía grave, pero la expresión en su rostro era de pura confusión y miedo. Luego, al intentar levantarse, descubrió que la silla se había atascado con algo invisible, dejándolo enredado mientras sus compañeros lo miraban incrédulos.
Julie dejó escapar un pequeño suspiro y miró a Dustin, casi sonriendo:
— Wow... no lo hizo muy evidente, pero la chica no es ninguna novata.
Dustin tragó saliva, aún con los ojos abiertos de par en par.
— No es solo fuerte, es aterradora si se lo propone.
Once no dijo una palabra, pero la mirada que lanzó a Troy fue suficiente para que él se diera cuenta de que no debía meterse más con ella. Los demás chicos de su grupo comenzaron a murmurar entre sí, y la tensión que había en los pasillos se dispersó apenas un poco.