El Misterio de Hawkins - Julie Bennett

Capítulo Cuatro - El Cuerpo

— Bueno, chicos... —dijo Mike, arrojando un cuaderno sobre la mesa—. Vamos a hacer un mapa. Rutas posibles desde donde Will pudo haber ido, lugares donde podría esconderse, zonas del bosque. —Julie tomó un lápiz y lo giró entre los dedos.

— Pero no podemos salir ahora. —Advirtió—. No con la lluvia, ni con Once en este estado. —Once bajó la cabeza, como si todo el peso del mundo estuviera sobre sus hombros. Julie se acercó a ella y se arrodilló, colocando una mano sobre su brazo—. No pasa nada, —dijo, suave— estás a salvo aquí, nadie te va a obligar a nada.

— Por ahora, necesitamos saber lo que podemos. —Dustin suspiró, dejando caer su mochila al suelo.

— Entonces... ¿Qué haremos mientras tanto? ¿Nos quedaremos aquí mirando cómo llueve hasta que se nos derrita el cerebro? —Julie sonrió un poco ante su dramatismo.

— Dust-bee...

— ¡Estoy preguntando! No estoy haciendo chistes... todavía.

Julie rodó los ojos, y Mike tomó aire antes de hablar, tratando de guiar la conversación de vuelta al punto crucial.

— Once, si quieres, puedes intentar explicarnos lo que ves, pero despacio, ¿Sí?

Once levantó la mirada. Sus ojos oscuros brillaban con algo que no era miedo, sino un intento de traducir algo imposible en palabras humanas. Se llevó un dedo a los labios y luego señaló el tablero de Dungeons & Dragons sobre la mesa. Su mirada fue de Julie a las miniaturas, a los dados, al mapa, buscando la forma de explicar lo inexplicable.

— Oscuro... otro mundo —susurró, su voz apenas audible—. Como el juego, pero real. Como el calabozo, pero sin reglas. —Sus manos temblorosas hicieron un gesto amplio, rasgando el aire como si partiera la realidad en dos—. Puertas... puertas cerradas... monstruo. —Dustin abrió los ojos, fascinado y horrorizado al mismo tiempo.

— ¿Quieres decir que es como un D&D gigante, pero que puede matarnos?

Once asintió, lentamente, con la boca apretada. Luego sus dedos dibujaron líneas en el aire, y Julie siguió el movimiento, tratando de entender. Era como si intentara "dibujar" el Upside Down para ellos.

— Mundo... espejo. —Once levantó una mano y luego la bajó con fuerza—. Todo igual, pero mal. Frío. Oscuro. Monstruos. Will... atrapado.

Julie tragó saliva, recordando las partidas en las que los chicos habían perdido a sus personajes en calabozos imposibles, y sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Intentó imaginar cómo sería un lugar que reflejara la realidad, pero lleno de terror y monstruos sin reglas. La conexión con D&D hacía que todo fuera un poco más comprensible, aunque solo un poco.

— Entonces... —murmuró Julie—. Es como si Will hubiera caído en una de nuestras partidas, pero no pudiéramos salvarlo con dados. —Once asintió, y luego su gesto se endureció.

— Puerta... él no puede salir solo. —Su voz era grave, firme—. Necesita nosotros. —Lucas frunció el ceño.

— ¿Y cómo sabemos que podemos entrar sin morir en el intento? —Once se quedó en silencio unos segundos. Luego levantó la mano otra vez, lenta, como señalando un peligro invisible.

— Peligro... monstruo... puerta. No abierto... fácil.

— Vale... vale... entonces necesitamos estrategia. Como en D&D, pero con nosotros de verdad. Si Will está en un calabozo gigante, nosotros somos los aventureros que tenemos que ir a rescatarlo. Solo que esta vez, no podemos tirar el dado para ver si sobrevive.

— Sí, tenemos que ser cuidadosos. Escuchar a Once, planear y protegerla a ella también. Parte del grupo ahora, ¿Recuerdan?

Mike asintió, cubriendo nuevamente a Once con la manta.

— Mañana seguimos. Nadie puede saber que está con nosotros. Ninguno de nosotros, ni la policía, ni los padres. Esto es nuestro secreto.

Julie se acercó a Dustin, apoyando una mano sobre su hombro.

— Estás bien, Dust-bee, ¿Verdad? —Él asintió, aunque sus ojos traicionaban la preocupación.

— Sí, pero esto es enorme. No es un juego...

— Lo sé. —Susurró Julie, mirando a Once una última vez antes de subir las escaleras—. Y tampoco tenemos derecho a rendirnos. La noche en que Will desapareció ya no era solo una desaparición. Es el primer paso hacia algo mucho más grande. Y nosotros estamos en medio de todo esto, como siempre.

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La mañana siguiente llegó demasiado rápido, aunque nadie había dormido bien. Julie se despertó sobresaltada por tercera vez, con el eco de la estática aún resonando en su cabeza. Se vistió sin pensarlo demasiado, cruzó la casa en puntas de pie, y salió antes de que su madre pudiera preguntarle algo.

Cuando llegó a la casa de Mike, Dustin ya estaba en la puerta, golpeando nerviosamente el suelo con la punta del pie.

— Finalmente. —Dijo Dustin al verla—. Creí que me iban a secuestrar los pájaros antes de que llegaras. —Julie arqueó una ceja.

— ¿Los pájaros, Dust-bee?

— Hoy están rarísimos. No sé, es Hawkins, nada es normal. —Respondió, ella sonrió apenas.

— Vamos, entremos.

En el sótano, Lucas y Mike habían despejado la mesa de D&D y la habían reemplazado con mapas, brújulas, papeles y una montaña de baterías nuevas. Once estaba sentada en el sillón, observando todo en silencio.

Julie sintió un pinchazo de incomodidad. No sabía exactamente qué pensar de la chica, pero tampoco quería ser injusta. Once levantó la mirada hacia ella, y Julie respondió con un pequeño asentimiento. Fue suficiente para que la niña copiara el gesto.

— Bien. —Dijo Mike— Hoy tenemos que probar esa idea, tal vez si ampliamos el rango del walkie podamos escuchar algo más de Will.

Dustin infló el pecho con orgullo.

— ¡El supercomunicador! Diseñado por el genio que ven aquí presente.

— Lo hiciste con piezas de tu radio vieja. —Comentó Lucas.

— Ingeniería, Lucas. Eso se llama ingeniería. —Julie respondió mientras se apoyaba en la mesa, revisando los planos que Dustin había garabateado.




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