El Misterio de Hawkins - Julie Bennett

Capítulo Seis - El Monstruo

═════════ °.·:·.•.•.·:·.° ═════════

El silencio entre Julie, Dustin, Mike y Once duró casi todo el camino hasta la casa de Mike. Después de lo ocurrido en casa de los Byers, ninguno podía poner en palabras lo que habían visto. La lluvia seguía cayendo, ligera pero insistente, como si Hawkins quisiera borrar sus huellas del mundo. Julie pedaleaba sin sentir realmente el movimiento; su cabeza iba demasiado rápido. La criatura que había golpeado la pared, la palabra "CORRE", y Once, temblando, como si hubiera reconocido al monstruo incluso antes de que todos corrieran.

Fue recién cuando entraron al sótano de Mike que las palabras comenzaron a fluir, atropelladas, desordenadas. Mike encendió las luces, Dustin dejó caer la mochila y Once se sentó acurrucada en el sillón, abrazando sus rodillas.

— No era Will. —Repitió Dustin, como si necesitara escucharse para convencerse.

Julie se apoyó contra la mesa donde aún estaba la campaña de D&D. El tablero, los dados y las miniaturas del Demogorgon estaban ahí, intactos, pero ya no se sentían como un juego.

— Era otra cosa. —Dijo Julie con la voz baja—. Algo que no estaba en este mundo.

Once levantó un poco la cabeza, sus ojos, rojos aún por el esfuerzo, tenían esa mezcla de miedo y resignación que Julie había empezado a reconocer. Once sabía más, mucho más, y lo que sabía no era alentador. Mike se pasó la mano por el cabello, frustrado.

— Si Will está vivo, si nos está hablando a través de las luces, entonces tiene que haber una forma de llegar a él.

Dustin chasqueó los dedos de repente.

— ¡El mundo paralelo! ¡El "reino de las sombras"! ¡El Upside Down!

Julie lo miró fijamente. Dustin cerró la boca.

— Bueno... el nombre es provisional.

Once asintió, una vez, lenta, con miedo. El silencio cayó como un balde de agua fría.

— Entonces... ¿Ese lugar existe? ¿De verdad?

Once bajó la mirada, pero volvió a asentir. Mike se acercó a ella.

— ¿Es donde está Will?

La chica dudó unos segundos que parecieron eternos, finalmente levantó la mano y apuntó hacia abajo, hacia el piso del sótano, como si la respuesta estuviera bajo sus pies. Un mundo al revés. Un reflejo retorcido del suyo. Hawkins corrupto, oscuro, donde un monstruo cazaba a quien atrapara entre sus sombras.

— Tenemos que avisarle a Lucas. —Dijo Mike. El nombre cayó como una roca, todos se quedaron quietos. Julie suspiró hondo.

— Está enojado, sí, pero tampoco quiero que esté afuera solo con eso rondando.

— Voy yo. —dijo Julie de repente, Dustin la miró sorprendido.

— ¿Tú sola?

— Lucas nunca me grita —respondió—. Y confía en mí, aunque esté molesto, me va a escuchar mejor que a ustedes dos ahora mismo. Dustin abrió la boca para protestar, pero finalmente solo asintió. Julie sintió cómo su mano buscaba la de él y la apretaba rápido, como un "cuídate".

— Regresa rápido, Juls-bee. —Le dijo él.

— Prometido, Dust-bee.

Julie subió las escaleras con pasos apresurados, sintiendo el corazón golpeándole en el pecho. La linterna parpadeante del pasillo apenas iluminaba el camino hasta la puerta, y cada sombra parecía más larga, más amenazante que la anterior. Tomó su bicicleta y se lanzó a la calle; la llovizna persistente le mojaba la cara y el cabello, pegando mechones a su frente.

El aire nocturno olía a tormenta vieja, a humedad mezclada con tierra y hojas húmedas, y Julie sintió que todo Hawkins contenía el aliento, expectante, como si el pueblo supiera que algo terrible se estaba gestando. Pedaleó con fuerza, dejando atrás la luz cálida de la casa de Mike, repasando en su cabeza cada palabra que iba a decir, cada argumento que podía atravesar el enojo de Lucas sin encender más fuego entre ellos. Cada frase debía ser precisa: no podía fallar, no ahora.

Su mente saltaba de un pensamiento a otro: "Si le digo esto mal, se cerrará. Si me adelanto demasiado, lo perderé otra vez. Pero tiene que entender... no es ella contra nosotros. Esto es más grande que nosotros." La sensación de urgencia le hizo apretar los dientes mientras los neumáticos cortaban el pavimento mojado, salpicando charcos que brillaban como espejos rotos bajo las farolas.

Cuando dobló por la esquina de su calle y vio las luces de la casa de Lucas encendidas, un escalofrío le recorrió la espalda. Su corazón dio un vuelco: todo el cuidado, todas las palabras medidas que había preparado, podrían no ser suficientes. Sabía que la furia contenida de Lucas estaba allí, brillante y dura, lista para lanzarse como un golpe. Su respiración se aceleró y, por un instante, dudó.

Julie frenó un instante, tomando impulso para la confrontación, y vio en sus ojos el brillo de determinación mezclado con miedo. Había un plan en su cabeza, uno peligroso, pero no le quedaba otra: debía alcanzarlo antes de que se adentrara solo en lo desconocido, antes de que la impulsividad de la noche lo pusiera en riesgo.

— Lucas... —dijo ella, frenando a su lado. Él se dio vuelta, dudando entre sorpresa y desconfianza.

— ¿Qué quieres, Juls? —Preguntó él. Ella tragó saliva, no podía perderlo ahora. No a uno de sus amigos, no con un monstruo suelto.

— Quiero que escuches lo que de verdad está pasando.

Lucas la miró con desconfianza, pero no dijo nada. Solo asintió ligeramente y montó su bicicleta, Julie lo siguió sin vacilar. El camino hacia el bosque estaba oscuro, y las ramas mojadas crujían bajo las ruedas de sus bicicletas. A cada instante, Julie sentía el peso del peligro, pero también la urgencia de mantener a Lucas a salvo.

Fue cuando comenzaron a adentrarse más entre los árboles que Lucas levantó la mano, señalando hacia un movimiento entre la niebla. Delante de ellos avanzaba un grupo de agentes, linternas y uniformes reflejantes.

— ¡Julie! —susurró Lucas—. Van hacia la casa de los Wheeler.

Sacó el walkie y habló con voz rápida, tensa.

— Mike... Dustin... agentes yendo a la casa Wheeler. Prepárense.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.