El Misterio de Hawkins - Julie Bennett

Capítulo Ocho - El Otro Lado

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El agua helada del tanque se calmó lentamente mientras Once emergía, respirando con dificultad. Sus ojos estaban húmedos, rojos por el esfuerzo, pero había un brillo decidido en ellos. Mike la ayudó a salir, sosteniéndola con cuidado mientras Julie se acercaba, colocando una mano firme sobre el hombro de la niña para darle seguridad.

— Lo hiciste, lo hiciste muy bien. —Susurró Julie—. Nos dijiste lo que necesitábamos saber.

Once no respondió, solo asintió con lentitud, todavía temblando. Dustin, a su lado, mantenía la bolsa de sal en la mano, mirando a la piscina como si aún pudiera sentir las ondas del Otro Lado.

Mike habló con voz tensa.

— Tenemos que avisar a Joyce y Hopper. Will está en peligro, ahora sabemos exactamente dónde.

Julie lo miró, respirando hondo.

— No podemos perder tiempo, cada segundo cuenta.

— ¿Estás bien? —preguntó al ver a Once salir del agua, cubierta con una toalla improvisada que Mike le había acercado.

— Sí... está lista. —Dijo Mike—. Ahora tenemos que ir por Will.

— Tenemos que movernos rápido, pero con cuidado. No sabemos exactamente qué nos espera.

Julie se colocó al lado de los chicos.

— Vamos juntos, no podemos separarnos.

Once los miró uno por uno. Sus ojos se encontraron con los de Julie un instante, y la niña entendió. No era solo un rescate; era una misión de confianza y unidad.

— Entonces, ¿Cómo lo hacemos? —preguntó Julie, con la voz firme, mientras los demás se preparaban.

— Vamos al portal del laboratorio, lo más cerca que podamos del Otro Lado, pero necesitamos mantenernos unidos y alerta.

—Y... el Demogorgon —susurró Dustin—. No va a esperarnos con los brazos cruzados.

Once respiró hondo, apretando los puños.

— No nos detendrá.

El grupo avanzaba sigilosamente por los pasillos oscuros de la escuela. Las luces de emergencia iluminaban apenas el camino, proyectando sombras que se estiraban como dedos inquietos sobre las paredes. Julie pedaleaba la adrenalina, cada paso resonando en sus oídos; Dustin la seguía de cerca, mientras Mike guiaba a Once hacia la salida de la escuela.

De repente, un sonido húmedo y retumbante se hizo presente: el Demogorgon había entrado. Los niños se congelaron, el aire se cargó de un hedor a carne podrida y humedad. La criatura se lanzó hacia ellos, ágil y letal.

— ¡Corre! —gritó Mike, mientras Dustin tropezaba con un charco de agua.

Julie reaccionó instintivamente, empujando a Dustin hacia un costado, alejándolo del alcance de las garras. El Demogorgon avanzaba, y parecía imparable. Los niños retrocedían, acorralados entre el monstruo y las paredes de la escuela. El pánico crecía, los pasos resonaban y los cristales del gimnasio temblaban con cada rugido.

Once dio un paso adelante, sus ojos se llenaron de determinación. Extendió las manos hacia la criatura, concentrando toda su energía. Un viento invisible sacudió el gimnasio, haciendo que el Demogorgon tambalease y retrocediera. Con un grito desgarrador, la fuerza de Once lo levantó del suelo y lo arrojó contra la pared, mientras ella caía de rodillas, respirando con dificultad.

— ¡Vámonos, ahora! —gritó Hopper, corriendo hacia ellos mientras Julie ayudaba a Dustin a incorporarse.

La criatura rugió una última vez, golpeando el suelo antes de retroceder hacia un rincón, inmovilizada temporalmente por el poder de Once. Todos corrieron, escabulléndose en un salón junto a Once. El demogorgon comenzó a buscarlos, hasta que los encontró.

Las luces parpadeaban, bañando los casilleros en un estallido intermitente de blanco y sombra. El olor a quemado ya formaba parte del aire, mezclado con algo húmedo, orgánico... como carne en descomposición.

Mike, Dustin, Lucas y Julie retrocedían lentamente, formando un semicírculo alrededor de Once, quien permanecía quieta en el centro del aula, respirando con dificultad. La sangre que le corría por la nariz ya no era solo un hilo; era una marca roja que manchaba su labio, una advertencia silenciosa de que estaba llevada al límite. La puerta del salón salió volando, chocando fuertemente contra una de las paredes.

Un chillido desgarró el aire, un sonido seco y húmedo al mismo tiempo, como un animal desgarrando metal. El Demogorgon emergió del pasillo, alto como una pesadilla erguida, la piel húmeda brillando bajo las luces fallantes. Su cabeza floreció, los pétalos de carne abriéndose para revelar ese círculo de dientes pulsantes. Cada respiración era un gruñido. Mike dio un paso adelante por instinto, pero Julie le agarró la muñeca y lo jaló hacia atrás.

— No —susurró—. No te acerques.

El Demogorgon los olió. Un chillido de caza. Luego, cargó. Los cuatro retrocedieron, pero Once avanzó. Se interpuso entre la criatura y sus amigos, con los hombros temblando, los puños cerrados, la mirada clavada en el monstruo como si su miedo hubiera quedado atrás.

— ¡Once! —gritó Mike.

Ella no respondió. Solo respiró hondo... y levantó la mano.

El Demogorgon se detuvo en seco, como si hubiera chocado contra un muro invisible. Rugió, arañando el aire, intentando avanzar, pero Once lo mantenía atrapado, todo su cuerpo vibrando con el esfuerzo.

Julie observaba la escena con el corazón acelerado, sin pestañear. Nunca la había visto así: tan pequeña, tan rota... pero tan poderosa. El monstruo empujó aún más, Once cayó de rodillas. Mike corrió hacia ella, pero Lucas lo sostuvo.

— ¡No! ¡Déjala! ¡Lo está haciendo por nosotros! —gritó.

El Demogorgon dio otro grito y logró avanzar unos centímetros. La voz de Dustin se quebró.

— No puede sola...

Once levantó la cabeza.

Sus ojos estaban rojos, vidriosos, pero firmes.

— Adiós... —susurró, pero no para el monstruo.

Para Mike, para todos ellos, el Demogorgon se evaporó.

Las luces explotaron, la escuela quedó completamente a oscuras.



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En el texto hay: suspenso, stranger things, dustin henderson

Editado: 02.06.2026

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