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La mañana siguiente, Mike los convoca a todos: Lucas, Dustin y Julie, aunque esta última llega unos minutos más tarde. Los chicos están en el sótano de Mike, rodeados de papeles, walkie-talkies y restos de disfraces de Cazafantasmas. Mike está inquieto, moviéndose de un lado a otro.
— ¿Qué pasó ahora? —pregunta Julie, bajando los escalones—. ¿Explotó algo? ¿Quién murió?
— No, nadie murió, —responde Mike, serio— pero Will... está mal.
La preocupación en su voz hace que Julie se enderece, Mike toma aire.
— Ayer... tuvo otra de sus "visiones", pero no fue como antes. Dice que se siente allí, que no puede moverse, que el monstruo lo ve...
Dustin baja la cabeza y Lucas traga saliva.
— ¿El monstruo del Upside Down? —pregunta Julie.
Mike asiente.
— Y hoy, antes de venir a la escuela, me dijo que volvió a pasar. Esta vez... fue peor.
Todos quedan en silencio un momento, Dustin es el primero en hablar:
— Necesitamos un plan.
— Necesitamos entender qué le está haciendo el monstruo —agrega Lucas. Julie observa a Mike. Él está claramente cargando con más de lo que puede.
— Mike... ¿Lo hablaste con Joyce? ¿Con Hopper?
— Ellos lo saben, a Will le están haciendo controles diarios depués de lo que le pasó.
— Entonces vamos a cuidarlo —dice ella con firmeza—. Pero necesitamos saber cómo.
— Por eso los llamé —dice Mike—. Necesitamos pensar como equipo, como antes.
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La mañana se siente diferente, no es que Hawkins haya cambiado... pero Will sí.
Mike lo nota primero. Lo ve entrar al pasillo caminando despacio, abrazado a su mochila, como si intentara pasar desapercibido dentro de su propia piel. Los chicos se acercan enseguida: Mike, Lucas y Dustin forman un círculo automático alrededor de él, como si la costumbre de protegerlo nunca se hubiera ido.
Julie aparece segundos después, desde la fila de casilleros. No se acerca de inmediato: sabe que la dinámica entre los cuatro es muy cerrada cuando se trata de Will, pero aun así observa con atención. Los chicos hablan en murmullos, ella solo distingue palabras sueltas.
— ¿Otra vez?
— ¿Cuánto duró?
— ¿Te despertaste?
— ¿Lo viste mejor?
Will no responde mucho. Está cansado, o distraído, o asustado... quizás las tres cosas. Mike mira hacia la entrada y ve a Julie. Cierra el cuaderno de Will en un gesto brusco, Julie no insiste, pero la mirada se le queda en ellos más tiempo del que debería. Sabe que algo pasa y que no se lo están contando todo.
En el recreo, Will está sentado sobre un banco con la mirada perdida en el suelo, Mike permanece a su lado sin decir nada. Solo estar ahí es suficiente. Lucas intenta hacer chistes, pero ninguno funciona. Dustin mastica nervioso una barra de chocolate sin hambre. Julie se acerca cuando ve que no hay nadie alrededor. No quiere invadir, pero tampoco puede ignorar lo evidente.
— ¿Will? ¿Estás bien? —pregunta con suavidad, inclinándose un poco para tenerlo a la altura de los ojos. Will levanta la mirada apenas.
— Estoy... cansado. —Dice, sin más detalles.
— No tiene que hablar de eso si no quiere. —Julie asiente, sin ofenderse.
— Aunque, si Will quiere, puede contarnos qué está pasando. —Dice, con una determinación tranquila.
— Ya no son... sueños —dice Will muy despacio—. Siento que entro, como si... como si me llevara.
— ¿Quién?
Will baja la mirada.
— La sombra, el monstruo grande, está en el cielo. Como una tormenta que camina... y me ve.
A todos se les eriza la piel.
Mike aprieta los puños.
— No va a lastimarte, Will, por algo estamos aquí contigo. —Will niega.
— No lo entienden. Es como si... quisiera que lo viera, como si me usara. —Will levanta la vista, sus ojos están húmedos.
Todo parece calmarse unos minutos.
Hasta que Will deja de parpadear.
Mike es el primero en notarlo.
— Will... —murmura.
El chico no responde, mira un punto invisible en el aire, el cuerpo rígido, los dedos temblando.
— Está pasando. —Dice Lucas con voz baja.
Dustin se acerca rápido, Julie se incorpora de inmediato, sin hacer ruido. Will respira entrecortado, como si el aire lo quemara.
— Viene... —susurra, casi sin voz—. Está más cerca... se mueve entre las nubes... me busca...
Mike le toma los hombros.
— Will, estás aquí, estás conmigo, estás con nosotros.
Pero Will no lo oye, en su mente, el cielo rojo hierve sobre él, la sombra colosal abre sus extremidades, el ruido de la tormenta le retumba en los huesos.
— No puedo correr —dice con un sollozo—. No puedo... no puedo...
— Will —dice— escúchame. No estás ahí, estás aquí, en el recreo de la escuela. Con nosotros, nada puede tocarte ahora.
Will tiembla, parpadea.
Una vez.
Dos.
Y vuelve.
El aire entra en sus pulmones como si lo hubiera tenido contenido por minutos. Mike lo abraza sin pensarlo, Lucas pone una mano en su espalda, Dustin baja la cabeza, respirando con él, Julie se queda justo enfrente, lo bastante cerca para que la vea al abrir los ojos, lo bastante lejos para no invadirlo.
Will finalmente logra hablar.
— Quiere entrar —dice con voz rota—. Al mundo. A todos. A todo.
— Entonces... —dice ella— vamos a descubrir cómo detenerlo, juntos.
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Los chicos caminaban unos metros adelante, aún alterados por lo ocurrido con Will, hablando entre susurros. Mike se mantenía pegado a su amigo, atento a cada movimiento. Lucas observaba con seriedad. Dustin, inusualmente callado. Julie quedó un poco atrás, con la mochila colgada de un solo hombro, procesando más cosas de las que podía ordenar. Max lo notó, sin decir nada al principio, desaceleró su paso hasta quedar a su lado.
— Oye... —murmuró, sin mirarla directamente—. ¿Estás bien? —Julie tardó un momento en responder. No porque no hubiera escuchado, sino porque no sabía por dónde empezar a formar la respuesta.