═════════ °.·:·.•.•.·:·.° ═════════
Will había dormido apenas unas horas; sus ojeras eran más profundas que el día anterior y sus hombros caídos parecían cargar un peso que no pertenecía a este mundo. Aun así, estaba haciendo un esfuerzo desesperado por parecer normal.
Mike caminaba a su lado desde el momento en que lo encontró en la entrada. No se apartaba de él, atento a cada gesto, cada respiración contenida, como si temiera que Will pudiera desaparecer otra vez frente a sus ojos. Lucas y Dustin los alcanzaron enseguida con pasos rápidos, intercambiando miradas ansiosas entre ellos. Y justo detrás, Julie se acercó abrazando su cuaderno contra el pecho, como si ese simple objeto le diera algo de estabilidad en medio de todo lo que estaba sucediendo.
El grupo se reunió frente a los lockers, formando un semicírculo natural alrededor de Will, como si inconscientemente quisieran protegerlo. Ninguno habló al principio. Todos esperaban que fuese Will quien iniciara la conversación, una palabra, un gesto, algo que les indicara cómo se sentía realmente. Pero él se veía perdido en sí mismo, mirando un punto fijo en el suelo como si tratara de descifrar algo que solo él podía ver.
Mike fue el primero en romper el silencio.
— ¿Dormiste algo? —le preguntó en voz baja, casi con miedo de escuchar la respuesta. Will levantó ligeramente la cabeza, asintió con un movimiento tan leve que parecía un reflejo más que una respuesta verdadera.
— Sí... un poco. Estoy bien.
Pero todos vieron el temblor en su mandíbula, el modo en que sus dedos se apretaban tensos alrededor de las correas de su mochila. Nadie le creyó.
Lucas intercambió una mirada con Dustin; Dustin hizo lo mismo con Julie. Entre ellos no hizo falta hablar: ¿Qué hacemos? ¿Cómo lo ayudamos?
Julie dio un paso más cerca, acercándose lo suficiente para que solo ellos pudieran escucharla.
— Si necesitas sentarte o salir un momento, solo dilo. —Le ofreció con suavidad, intentando que su voz sonara firme, segura.
Will respondió con una débil sonrisa que agradecía el gesto, pero que no lograba esconder el miedo en su mirada. Dustin, aunque preocupado por Will, tenía la mente dividida. Intentaba prestar atención, realmente lo hacía, pero había algo más presionando en su cabeza: Dart. La criatura. Su descubrimiento. Su... ¿mascota?
Excepto que ya no podía convencerse del todo de que lo era.
Llevaba desde la madrugada pensando en eso, en lo que Julie y él habían visto, en lo rápido que Dart crecía, en la forma de su cuerpo, pero no había dicho nada todavía. Parte de él no quería aceptar que esa cosa era peligrosa, que podía ser igual a los monstruos que habían enfrentado antes, y que había matado a su gato.
Esa tensión se reflejaba en la manera en que apretaba la correa de su mochila, como si allí dentro guardara un secreto que empezaba a quemarle las manos.
— Hoy debo buscarlo... —murmuró para sí, apenas audible.
Julie giró un poco la cabeza hacia él, lo había escuchado, y entendía perfectamente lo que significaba ese murmullo: Dustin estaba atrapado entre el miedo y el apego. Quería que Dart fuera algo bueno, algo distinto. Pero ella había visto lo mismo que él: aquel ser no era un animal común, no lo sería jamás.
Julie abrió la boca para decir algo, quizás para recordarle que no estaban lidiando con una criatura inofensiva, pero decidió callar. Antes de que cualquiera pudiera continuar la conversación, Will se detuvo de golpe. Tan abruptamente que Mike casi chocó con él. El chico quedó rígido, con los ojos muy abiertos, como si el mundo hubiese dejado de existir a su alrededor.
— Will... —susurró Mike, acercándose.
Will temblaba. Su respiración se volvió corta, entrecortada. Estaba viendo algo que ninguno de ellos podía ver. Un segundo más tarde, su rostro cambió; la expresión se transformó en horror puro.
— Está aquí... —murmuró con la voz quebrada—. El monstruo. Lo siento... más cerca.
Lucas sintió cómo se le helaba la sangre. Dustin abrió los ojos, completamente aterrado. Julie sintió un impulso de acercarse, de tomar la mano de Will, pero se quedó quieta, sin saber si eso lo ayudaría o lo haría sentirse más atrapado. Mike reaccionó rápido, tomó a Will de los hombros, firme pero sin brusquedad.
— Will, regresa. Estás aquí con nosotros, ¿sí? Mírame.
Will respiraba rápido, como si su cuerpo estuviera siendo tironeado desde dos dimensiones al mismo tiempo. Durante unos segundos, pareció que su mente estaba siendo arrastrada hacia otra realidad. Y luego, como si luchara contra una corriente invisible, parpadeó fuerte.
Una, dos veces.
Finalmente, volvió en sí.
— Lo siento... —dijo, agotado—. No sé... no sé qué me pasa.
— No es tu culpa —respondió Julie al instante, con una seguridad que no sentía, pero que sabía que él necesitaba.
Dustin tragó saliva. Por primera vez desde que llegó esa mañana, dejó de pensar en Dart.
— Mike... tenemos que hacer algo —dijo Lucas, más serio que nunca.
Mike apretó los labios, su mirada firme, decidida. Él también sabía que no podían seguir ignorando lo que estaba ocurriendo. Will estaba empeorando y rápido. Mike inspiró profundamente y los miró a todos uno por uno, como si estuviera formándose un plan bajo presión.
— Después de clase, todos vamos a mi casa —dijo con un tono que admitía cero discusión—. Tenemos que entender qué le está pasando a Will.
— No estás solo, ¿De acuerdo? —le dijo—. Estamos contigo.
Will cerró los ojos un momento mientras respiraba hondo, intentando calmarse. Pero su pecho seguía subiendo y bajando demasiado rápido, demasiado tenso. El timbre sonó entonces, rompiendo el momento como un trueno. El pasillo se llenó en cuestión de segundos de estudiantes charlando, riendo, empujándose para llegar a clase. Todo el ruido la vida diaria volvía a ocupar su espacio habitual.
Pero los cinco permanecieron quietos, como un pequeño refugio en medio de esa multitud que no tenía idea de lo que estaba ocurriendo debajo de la superficie de Hawkins.