El Misterio de Hawkins - Julie Bennett

Capítulo Siete - El Azotamentes

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La tierra todavía vibraba levemente bajo sus pies cuando el grupo emergió del bosque. El olor a humedad, barro y hojas pisadas los envolvió mientras avanzaban entre los árboles, exhaustos, llenos de tierra y con la adrenalina todavía quemándoles la piel después del ataque de los demodogos.

Fue entonces cuando vieron dos siluetas acercarse desde la carretera.

Jonathan y Nancy.

Ambos se quedaron congelados al ver a Steve aparecer primero entre la maleza, cargando su bate con clavos. Detrás de él, asomando entre la sombra, venían Dustin, Lucas, Max y Julie.

— ¿Steve? —dijeron Jonathan y Nancy a la vez, incrédulos.

Steve levantó una ceja, jadeando un poco.

— ¿Nancy? ¿Jonathan? ¿Qué hacen aquí?

Nancy apretó el arma que llevaba en la mano, todavía respirando rápido.

— Estamos buscando a Mike y a Will.

Dustin dio un paso al frente y señaló hacia el laboratorio, que se recortaba en la distancia, oscuro, silencioso, con algo siniestro en su quietud.

— ¿No estarán ahí adentro? —preguntó, tragando saliva.

Un escalofrío recorrió al grupo. Algo del silencio del lugar no parecía humano. Ni seguro.

Mientras Nancy y Jonathan intercambiaban palabras rápidas con Steve, los demás comenzaron a discutir entre ellos; Dustin insistía en que tenían que entrar, Lucas pedía que no fueran solos, Julie intentaba que todos mantuvieran la calma, Max quería respuestas.

— ¡Ey! Miren. —Nancy señaló hacia el edificio del laboratorio.

Un destello se encendió en una de las ventanas. Después, otro.

— Volvió la electricidad. —dijo con la voz tensa.

Y entonces ocurrió.

Dos coches salieron a toda velocidad del laboratorio. Las luces encandilaron a todo el grupo cuando pasaron a pocos metros, levantando polvo, dejándolos atónitos.

Un tercer vehículo, una camioneta de policía, frenó con un chirrido justo frente a ellos.

La ventanilla bajó de golpe.

— ¡Rápido, suban! —ordenó Hopper, la voz ardiendo de urgencia.

La puerta trasera se abrió sola, como si la desesperación misma la hubiera empujado. Adentro estaban Joyce, Mike y Will... o lo que quedaba de él.

Tenía fiebre. Sudaba. Parpadeaba sin reconocer a nadie. Se aferraba a la manta como si fuera lo único que lo mantenía anclado al mundo.

Julie sintió un vuelco en el pecho. Will se veía peor que nunca.

Todos subieron, amontonados, empujados por el miedo. Hopper pisó el acelerador sin esperar confirmaciones; el coche saltó hacia la carretera, dejando en el retrovisor el laboratorio cubierto de sombras.

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Llegaron minutos después.

La sala estaba iluminada, pero la luz parecía demasiado débil para espantar el frío que se había instalado en las paredes. Will yacía en el sofá, temblando bajo una manta, con la ropa del hospital arrugada y empapada de sudor.

Jonathan se sentó a su lado, acariciándole el cabello con movimientos lentos, desesperados.

Joyce sostenía una toalla empapada de agua fría contra su frente mientras Hopper, apoyado contra la pared, discutía por teléfono con un tono que rozaba la rabia.

La mesa del comedor era ahora un punto de reunión. Max, Lucas, Dustin, Mike y Julie estaban sentados alrededor, en silencio tenso.Steve caminaba en círculos por la cocina, y Nancy bebía agua sin darse cuenta de que apenas la sostenía.

Dustin se inclinó hacia el pasillo donde Hopper seguía discutiendo.

— ¿No te creyeron o si? —Preguntó Dustin, mirando a Hopper.

— Veremos. —Respondió Hopper.

— ¿Veremos? ¡No podemos! ¡Esas cosas andan sueltas! —Se quejó Mike.

— Nos quedaremos aquí a esperar ayuda. —Fue lo último que dijo Hopper antes de volver hacia donde estaba Joyce.

Los chicos se miraron entre sí.

— ¿Qué haremos? El jefe está a cargo, no podemos detener a los demodogos solos.

— ¿Demodogos? —Preguntó Max.

— Demogorgon y dogos. Es un compuesto, un juego de palabras.

— Ahora hay un ejército.

— Su ejército. —Repitió Mike.

— ¿Qué quieres decir? —Preguntó Steve.

— Tal vez si los detenemos, podemos detener a su ejército. El monstruo de sombra. Atrapó a Will en el campo. —Respondió— El doctor dijo que era como un virus, el monstruo de sombra está dentro de él.

— ¿Y este virus lo conecta con los túneles?

— Con los túneles, monstruos, el Otro Lado.

— La mente colmena.

— Es una conciencia colectiva, un superorganismo.

— Esa cosa controla todo, es el cerebro.

— El desuellamentes.

— ¿El qué? —Dustin buscó rápidamente un libro.

— El desuellamentes. —Lo puso sobre la mesa— Es un monstruo de una dimensión desconocida, es tan antiguo que se desconoce su verdadero hogar. Esclaviza razas de otras dimensiones tomando el control de sus cerebros con sus poderes psiónicos.

— Dios mío, nada de esto es real, es un juego de niños... —se quejó Hopper, escuchando desde lejos.

— No es un juego de niños, es un manual. A menos que sepas algo que no sepamos, esta es la mejor metáfora... —Respondió Julie.

— Analogía. —Dijo Lucas.

— ¿Analogía? ¿Eso es lo que te preocupa? Bien. Analogía para entender con qué estamos lidiando.

— Bien, entonces este azotamentes... ¿Qué es lo que quiere?

— Conquistarnos, se cree una raza superior.

— ¿Cómo los alemanes? —Preguntó Steve.

— ¿Los nazis? —Dustin le cuestionó a Steve frunciendo el ceño.

— Si, si, los nazis.

— Si los nazis fueran de otra dimensión, si, así es. Ve a las otras razas, y a nosotros, como inferiores a él.

— Quiere expandirse y tomar el control.

— Estamos hablando de la destrucción de nuestro mundo.

— Perfecto, fabuloso, muy bueno. ¡Diablos! —Steve se llevó una mano al cabello, murmurando maldiciones.

— Entonces, si esta cosa es como un cerebro que controla todo lo demás, si lo matamos...



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En el texto hay: suspenso, stranger things, dustin henderson

Editado: 29.06.2026

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