El Misterio de Hawkins - Julie Bennett

Capítulo Ocho - El Portal

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— No está igual que antes, ha crecido, mucho. Y aunque podamos entrar allí... Está lleno de esos perros. —Dijo Hopper, pensando en un plan.

— Demodogo. —Corrigió Dustin.

— ¿Disculpa? ¿Qué? —Hopper

— Dije demodogos, como Demogorgon y dogos, los juntas y suena muy increíble.

— ¿Y en qué es importante eso ahora?

— No lo es, lo siento. —Dustin agachó la cabeza.

— Puedo hacerlo. —Once habló, levantando la cabeza.

— No me estás escuchando.

— Sí lo hago, puedo hacerlo. —Repitió Once.

— Aunque Ce pueda, tenemos otro problema. Si el cerebro muere, el cuerpo muere.

— Pensé que era el objetivo. —Dijo Max.

— Lo es, pero si estamos en lo correcto, si cierran el portal y matan al ejército...

— Will es parte de ese ejército.

— Eso mataría a Will.

El silencio que siguió fue brutal.

Como si cada palabra hubiera quedado suspendida en el aire, demasiado pesada para caer.

Joyce, que hasta ese momento había permanecido arrodillada junto al sofá de Will, levantó la cabeza lentamente. No fue un movimiento brusco; fue un movimiento cargado de miedo puro, de negación, de una madre a punto de quebrarse.

— ¿Qué... —su voz apenas salió— qué acabas de decir?

Nadie respondió de inmediato. Hopper cerró los ojos, como si la verdad le pesara en el alma. Jonathan se tensó, acercándose más a su hermano inconsciente. Nancy desvió la mirada. Julie sintió que el estómago se le hundía.

— ¿Que si cerramos el portal... Will...? —Joyce dejó la frase abierta, esperando que alguien la negara, que alguien la contradijera.

Pero nadie lo hizo. Mike tragó saliva, incapaz de sostenerle la mirada. Dustin jugueteó con sus dedos, nervioso. Max bajó la cabeza. Lucas respiró hondo.

Joyce se puso de pie, lentamente. Como si cada centímetro que subía fuera un acto de fuerza imposible.

Ella volvió a acercarse a su hijo, el cual estaba tapado y con la ventana abierta.

— Le gusta el frío. —Dijo Joyce, acercándose a la ventana.

— ¿Qué?

— Es lo que Will siempre me dice, le gusta el frío. —Cerró la ventana—. Y seguimos dándole lo que quiere.

— Si es un virus y Will es el huésped, entonces... —Dijo Nancy.

— Tenemos que hacer que el huésped sea inhabitable. —Jonathan terminó la frase.

— Y si le gusta l frío, tenemos que calentarlo para que salga.

— Tenemos que hacerlo en un lugar que Will no conozca. —Pronunció Mike.

— ¡Sí! En un lugar alejado.

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La casa quedó suspendida en un silencio extraño cuando todos terminaron de hablar. Era como si el aire se hubiera vuelto más denso, más pesado, cargado de miedo y de decisiones que ninguno estaba listo para tomar.

Joyce se inclinó sobre Will, acomodándole la manta alrededor del cuello con manos temblorosas. Jonathan preparó la camilla improvisada entre él y Steve para trasladarlo al coche de Joyce. Nancy sostuvo la mochila de Will contra su pecho, como si cargar con ella fuera cargar con una parte del peso emocional del momento.

— Despacio. —Dijo Joyce, más para sí misma que para los demás. Will, medio inconsciente, murmuró algo entre sueños... o pesadillas. Jonathan se apresuró a sostenerlo—. Ya está, Will. Ya nos te vamos a quitar eso. —Le dijo, casi en un susurro.

Nancy abrió la puerta, dejando entrar el viento frío de la noche. Ese aire helado pareció romper lo poco que quedaba de calma en la casa. La luz de la calle caía sobre el rostro pálido de Will, recordándole a todos lo urgente que era sacarlo de allí.

Hopper abrió la puerta de la camioneta de policía donde esperaban él y Once. Ella subió primero, sin despegar los ojos del suelo. Sus dedos estaban entrelazados en su regazo, tensos, como si no supiera si debía temblar o romper algo. Hopper dio una última mirada a la casa antes de entrar.

— ¿Lista? —preguntó Hopper, sin girarse.

Once asintió. Aunque ambos sabían que esa palabra no significaba mucho en ese contexto. Hopper puso en marcha la camioneta y las luces azules iluminaron el camino, marcando una salida. Una retirada temporal, pero una salida al fin.

Desde la puerta de la casa, el resto del grupo observó.

Steve, con el bate aún colgando de una mano, veía partir ambos vehículos con un ceño profundo, el tipo de ceño que solo aparece cuando un adolescente se siente demasiado adulto para su edad. Lucas tomó la mano de Max sin pensarlo, ella no la apartó.

Dustin se cruzó de brazos, pero su rodilla temblaba. Julie se quedó totalmente quieta, siguiendo con la mirada primero a Joyce y Jonathan, luego a Hopper y Once. Había una sensación en su pecho, un presentimiento que la inquietaba como una pequeña voz diciendo esto apenas empieza. Mike tragó fuerte al ver alejarse el coche donde iba Will, sintiendo una mezcla de miedo y culpa quemar en su garganta.

El motor de ambos vehículos se perdió en la distancia.

Dentro de la casa, un ruido comenzó a resonar. Julie se acercó a la cocina, frunciendo el ceño. Dustin estaba junto a Steve, Dustin desarmando completamente la nevera mientras que Steve sostenía entre sus brazos al demodogo muerto cubierto de una manta.

— ¿Qué carajos? —preguntó ella, mirando la escena.

— Oh, hola Juls-bee. —Dijo Dustin, primero la miró a ella y luego volvió su vista a Steve—. Muy bien, ya debe entrar allí. —Señaló la nevera.

— ¿De verdad es necesario? —Preguntó Steve.

— Sí lo es, este es un gran descubrimiento científico de primera clase, no podemos enterrarlo como cualquiera, no es un perro. —Respondió Dustin.

— ¿Qué mierda hacen?

— Dustin quiere meter al demodogo en la nevera. —Steve habló mientras intentaba, junto con ayuda de Dustin, meter al demoperro en la nevera—. Tú le explicarás a la señora Byers por qué mierda tiene la cocina hecha un desastre y un maldito animal del otro lado en su nevera. —Le dijo con tono de advertencia. Julie suspiró.



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En el texto hay: suspenso, stranger things, dustin henderson

Editado: 29.06.2026

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