El Misterio de Hawkins - Julie Bennett

Epílogo - Snow Ball

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La nieve había empezado a caer con un ritmo suave sobre Hawkins, cubriendo los autos estacionados frente a la escuela con un manto blanco. Las luces navideñas colgaban desde el techo del pasillo principal y lanzaban destellos de color sobre las paredes. El interior del edificio estaba cálido, lleno de voces adolescentes, risas nerviosas... y el latido tímido del "Snow Ball".

Julie llegó caminando despacio, acomodándose el abrigo sobre los hombros. El brazo izquierdo seguía vendado bajo la manga, pero ya no dolía tanto, solo un recordatorio de lo que habían enfrentado. Al entrar, el calor del gimnasio la envolvió junto con la música lenta que ya estaba sonando. Miró a su alrededor, buscando caras conocidas.

— ¿Julie? —escuchó la voz de Max.

Max se acercó caminando con cierta vergüenza, aunque fingía seguridad. Llevaba un vestido que apenas dejaba ver su estilo rebelde, pero aun así mantenía la actitud firme y directa que la caracterizaba.

— Te ves muy bien... —dijo Max con una sonrisa sincera.

— Tu también. —Julie la miró de arriba abajo—. Nunca pensé que te vería usar un vestido. —Max soltó una risa corta.

— Yo tampoco... —Rodó los ojos.

Ambas entraron al gimnasio juntas. Las luces azules se reflejaban en el piso pulido, y una bola de espejos giraba lentamente sobre sus cabezas. Los chicos ya estaban allí, reunidos cerca de las mesas con ponche.

Lucas intentaba hacer un nudo decente en su corbata. Dustin estaba ocupado revisando si su peinado todavía estaba en su lugar. Mike hablaba algo en voz baja con Will, que lo escuchaba con una calma extraña y dulce. Cuando los chicos vieron llegar a Max y Julie, sus expresiones cambiaron.

— Woah... —susurró Lucas, y luego tosió, intentando disimular.

— Gracias... —bromeó Max, pero su tono estaba teñido de satisfacción. Dustin se acercó a Julie, con ese entusiasmo tan suyo.

— ¿Y tu brazo? ¿Te duele todavía? Porque si querés, tengo una teoría sobre cómo las mordidas de criaturas interdimensionales pueden...

— Dustin —lo interrumpió Julie con una sonrisa suave—, estoy bien. En serio, gracias por preocuparte.

Él pareció inflarse de orgullo. La música cambió a un tema lento. La luz bajó, envolviéndolos a todos en un ambiente cálido, íntimo, casi mágico.

Will logró reunir el coraje para invitar a bailar a una compañera de su grado. Se lo veía inseguro, pero feliz. Lucas invitó a Max, y ella aceptó con un encogimiento de hombros que no lograba esconder la emoción. Dustin quedó solo. Otra vez.

Nadie se acercaba.

Julie, desde unos pasos atrás, lo observó intentando fingir que no le afectaba. Ese gesto la partió un poco, caminó hacia él.

— ¡Dust-bee! —lo llamó con tono cálido. Él giró, escondiendo la decepción lo mejor que podía.

— ¿Sí?

— ¿Qué haces ahí parado? ¡Vamos a bailar antes de que terminen los lentos!

Los ojos de Dustin se abrieron.

— ¿En serio? ¿Conmigo?

— No veo que nadie más se llame Dust-bee, aquí. —Julie tomó su mano—. Salvaste a medio pueblo, ¿Recuerdas? Te mereces un baile, o varios.

Dustin sonrió tan fuerte que casi se le caía el peinado. Caminaron juntos al centro del gimnasio. Él estaba rígido, preocupado por pisarla. Ella lo guió con paciencia, moviéndose suave, con su brazo sano alrededor de su hombro. Lucas los vio y levantó el pulgar hacia Dustin, que casi tropieza de lo emocionado que estaba.

Max y Lucas, entre tanto, bailaban muy juntos. Max murmuró algo que hizo a Lucas sonrojar hasta las orejas. Julie lo vio desde la pista, sonriendo por su amiga. Mike y Once giraban lentamente, con esa burbuja de ternura que parecía protegerlos del mundo. Once apoyó la cabeza en el hombro de Mike, y él la abrazó con un cariño absoluto.

Will reía por primera vez en semanas.

Julie apoyó la mejilla en el hombro de Dustin durante el baile.

— Gracias —dijo él, bajito.

— ¿Por qué? —preguntó ella.

— Por hacerme sentir que alguien quiere bailar conmigo... —Dustin buscó las palabras.

Julie sonrió suavemente.

Cuando la canción terminó, no se soltaron de inmediato. Nadie lo hizo. Era como si ese instante fuera demasiado valioso para dejarlo escapar. Luego todos se reunieron en un rincón, riendo, empujándose entre sí, bromas que ocultaban el alivio de haber sobrevivido.

Por primera vez en mucho tiempo, eran simplemente chicos. No soldados, no víctimas, no héroes. Chicos. Y durante unos minutos, mientras la música sonaba, mientras reían y bailaban, mientras Julie se apoyaba en Dustin y Max se acercaba aún más a Lucas, el mundo pareció normal, demasiado normal.

Porque, lejos de la escuela, en la profundidad silenciosa del Upside Down, una enorme sombra se alzaba sobre la versión oscura del gimnasio... observando, pacientemente.

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En el texto hay: suspenso, stranger things, dustin henderson

Editado: 29.06.2026

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