El misterio de San Lázaro

El misterio de San Lázaro

7 parte, EUREKA: 

Le explico detalladamente el plan y mi compañero me escucha con atención. Al principio se niega a ayudarme, pero luego accede. Después de un rato, Juan se marcha, prometiendo cumplir con su parte.  
Son las 05:41pm de la tarde. Pacientemente, espero a Juan. En unos minutos, llega a la habitación, agotado, arrojando una mochila sobre la cama.  
—Pensé que no vendrías. ¿Trajiste todo lo que te pedí? —le pregunto mientras saco las sábanas y bajo de la cama. 
—¡Está todo! Salir de mi casa sin que me vieran fue sencillo, lo difícil fue entrar a la tuya y traerte ropa. Dijiste que tu mamá guarda el duplicado de las llaves bajo una roca, pero no especificaste cuál… ¡hay muchas! —dice, vigilando la puerta. Me cambio rápidamente y luego salimos del hospital. 
—Lo siento, no pensé en los detalles en ese momento. ¡Estoy lista ya! —digo mientras me amarro los cordones de los zapatos. Juan se acerca y se cuelga la mochila. Ambos miramos la ventana y el sol ha desaparecido por completo. Observo la hora y son las 05:58, es momento de irnos. 
Vigilamos que mis padres no estén cerca, pero están afuera hablando con una enfermera. En un descuido suyo, corremos hacia la salida.  
Juan monta su bicicleta y yo me subo detrás, rumbo a la mina.  



Después de unos minutos, la niebla cubre el pueblo, señal de que Lázaro ha salido. 
Intento iluminar mejor el camino con una linterna mientras mi compañero se esfuerza por esquivar las piedras.  
Al llegar y detenernos en la entrada, luce igual que la noche anterior. Juan baja de la bicicleta y pregunta qué haremos ahora.  
Comienzo a caminar hacia los antiguos casilleros. Juan me sigue después de recoger una flor del suelo. Al entrar, el lugar está poco iluminado. Las linternas son las que nos brindan luz. El ambiente huele a animal muerto y las telarañas decoran macabramente cada rincón. 
—Aquí huele como en la casa del tío Spot —dice Juan mientras tapa su nariz. 
—Solo mantén la nariz tapada —le sugiero. 
—Peor… ¡huele a Spot!, por cierto, ¿qué estamos haciendo aquí? —dice Juan mientras se cubre con la manga de su sudadera. 
—¡Cállate!, necesito recordar, tiene que estar en alguna parte de aquí. Espera, ¡estoy segura de que está aquí!.  
Freno en seco y me acerco lentamente a los casilleros. Mi corazón late cada vez más fuerte al estar frente aquel de mi sueño. Lo abro poco a poco, como si temiera que se viniera abajo en cualquier momento. 
—“EUREKA”, es hora de llevarte a donde debiste estar desde un principio —mis ojos admiran la muñeca mientras la tomo en mis manos. 
—¿Qué es esa cosa? —Juan mira la muñeca, ansioso de que le explique lo que ocurre. 
—Recuerdas a la niña de la que te hablé en el hospital, ¿verdad? —Juan asiente, aún confundido. 
—Esta era su muñeca, ¡o lo sería!. Lázaro la compró para ella. Es por eso que él se dirige al pueblo y roba juguetes cada noche. No descansará hasta que sea devuelta. 
Las luces de la mina se iluminan y Juan observa la flor que tomó de la entrada, que ha vuelto a su aspecto original. 
—¡Está aquí! —salgo corriendo hacia la entrada y veo a Lázaro entrar a la mina. Esta vez, Juan me acompaña. 
—¡LÁZARO… ESPERA! —le grito al estar lo suficientemente cerca de él. 
El espíritu se gira y en sus manos carga el cuerpo de un perro muerto envuelto en sábanas. Parece haber muerto recientemente. Juan me toma, asustado, de la mano, mientras levanto la muñeca frente a él. Lázaro coloca al animal a un lado y se dirige hacia nosotros. 

8 parte, EL REENCUENTRO: 
 




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