En la gran sala de un teatro, se estaba dando un show de ópera. Había bastantes personas mirándola, damas de primera clase con sus abanicos agitándose (porque había calor) y caballeros que miraban atentos la ópera.
La sala estaba iluminada por luces muy cálidas. En donde en medio de esta, había un candelabro grande que servía como luz principal. Una cortina grande de color rojo que colgaba a los lados del gran escenario en donde se estaba dando la ópera. Algunos estaban atentos, otros intrigados…como también aburridos.
Unos coqueteaban con sus parejas y otras, se miraban con cara de fastidio. Pero a partir de eso, el lugar se sentía vivo. Los encargados de la ópera, daban su mayor esfuerzo para entretener a su público.
Al pasar unas horas, la ópera terminó. Los actores hicieron reverencias mientras el público aplaudía y tiraba flores. Después de que los actores se retirarán, se apagaron las luces de golpe, el público quedo confundido. Al rato se encendieron de nuevo y en medio de la gente estaba un hombre. Con un traje elegante de color negro, una corbata color roja, zapatos bien pulidos que brillaban intensamente, y llevaba una capa de color negra encima que le cubría media cara, solo se le podía ver la barbilla y los labios. Él, empezó a caminar de forma lenta hacia el gran escenario. Se subió, y se dio media vuelta, poniendo su vista hacia el público presente.
— Buenas noches estimados caballeros y damas presentes —dijo el hombre con tono suave.
El público no entendía lo que pasaba, pero sentían curiosidad por el show. Pudieron ver de forma borrosa una sonrisa de oreja a oreja por parte del homore.
— La ópera estuvo hermosa y sin duda fue un gran espectáculo —continuó el hombre—. Pero…esta velada aún no ha terminado.
El público empezó a murmurar… ¿Qué estaba pasando? ¿Esto era parte de un nuevo show? No lo sabían. Pero por alguna razón no podían dejar de mirarlo o de tratar de huir del lugar, no recordaban haber visto a aquel hombre. Él no estaba en la agenda y se suponía que la ópera era la última presentación de la noche…. ¿curiosidad o otra cosa? No se sabía, pero no hicieron nada para detenerlo.
Él levantó su mano pidiendo silencio. Curiosamente, el público le hizo caso.
— Ya se han reído... frustrado e incluso aburrido —dijo moviendose por todo el escenario—. Pero...nosotros les tenemos un espectáculo más.
Él movió ligeramente su capa para que no le molestara al caminar, dio unos pasos al frente.
La gente se quedó expectante mirando al hombre desconocido ¿A qué se refiere con "nosotros"? ¿Había más personas aparte de él?
— Espero que nos puedan brindar un poco de su tiempo, para presentar nuestro hermoso show que no podrán olvidar —dijo de forma teatral, riendose con lo último que había dicho.
El público volvió a murmurar ¿Que show? ¿Era algo bueno o malo? Algunos soltaron una risa suave, otros se movieron un poco incómodos en sus asientos.
El hombre se pasó la mano por todo el rostro, dejando reflejar por unos segundos su rostro —aunque se miró borroso, algunos pudieron observar que llevaba un antifaz en los ojos.
Empezaron a salir varios músicos de la nada, con diferentes instrumentos. Violines, violonchelos, flautas traversas, clarinetes, platillos, trompetas, saxofón, arpas, entre otros instrumentos. Se colocaron de forma ordenada, dependiendo del instrumento que iban a tocar.
El hombre volteó a ver a sus músicos, ellos asintieron como si esperarán su señal para comenzar.
— Excelente —murmuró el hombre volviendo su vista al público. Sacó de su manga derecha una batuta hermosa y muy bien cuidada—. Observen, admiren y disfruten del show.
Se volteó hacia sus músicos poniéndose enfrente de ellos, levantando levemente su batuta y sin que nadie marqué el compás comenzó a dirigir. En la sala, empezó a sonar los violines acompañado de los violonchelos.
Después le siguieron las flautas. Y después los otros instrumentos. La melodía empezó lenta y tranquila.
El público observaba sorprendido, no conocían la melodía, jamás en su vida la habían oído. Pero por alguna razón la melodía era atrayente, no lo podían negar, era hermosa. Algunas damas dejaron de abanicarse, mientras algunos caballeros se llevaban la mano al pecho.
— ¿Lo sienten? —preguntó sin dejar de dirigir—. Es atrayente, ¿no? El cosquilleo en su piel, ¿Alguna vibración? No se preocupen es totalmente normal.
Entre el público, una dama intentó levantarse de su asiento pero no pudo. Miró hacia abajo, confundida. Sus manos temblaban levemente, pero tampoco podía gritar. Otros empezaron a notar lo mismo. Ya no podían moverse y hablar muy fuerte.
Entre el público. Un caballero empezó a reír de forma involuntaria, otro sin darse cuenta empezó a llorar de forma silenciosa. Un joven, que estaba sentado en los asientos VIP del teatro, sonrió sin ningún motivo, pero con los ojos completamente vidrioso.
— ¡Hermoso! —exclamó el hombre con satisfacción—. Cada uno afina el oído a su manera —movió su batuta con pasión…lo estaba disfrutando.
— Esta noche…serán la inspiración de nuestra obra.
Sonó el platillo, en donde empezó a tocar solo el arpa. El hombre inclino ligeramente la cabeza, escuchando con atención, como un director profesional.
— Esto es casi perfecto —murmuro—. Pero nos falta algo de emoción.
Levantó la mano que tenía libre, y apuntó en la parte de arriba del teatro. Ahí, arriba de las escaleras, estaba un hombre. Parado de espalda recta, vestido de traje también, con una capa encima que cubría su rostro de la misma forma que el primero…tenía una medio sonrisa en sus labios. Se sentía como si hace rato hubiera esperado su turno. La audiencia volteó a verlo ¿Desde cuándo ese hombre estaba ahí? Las luces aparecieron en donde estaba el hombre.
— Ah, mon cher…justo a tiempo —comentó el otro hombre con voz juguetona—. Pensé que no me llamarías.