El Mundo Antes de Ella

Capitulo 3

CAPÍTULO 3

Ondeaville (Parte II)

Otra vez esa fuerza invisible.

De verdad empezaba a odiarla.

—¿Se puede saber adónde vamos ahora? —pregunté por quién sabe cuánta vez.

Como siempre, nadie respondió.

Tenía la cabeza hecha un desastre. La muñeca todavía me ardía por el raspón de la caída y nadie se dignaba a explicarme qué hacía en aquel lugar o por qué me habían traído hasta allí.

Recorrimos un largo pasillo de piedra hasta detenernos frente a una puerta color verde menta.

—Hemos llegado, Dilia.

Uno de los Vanlogs apenas hizo un movimiento con la mano y la puerta se abrió sola.

Ya ni siquiera me sorprendía.

En ese lugar parecía que hasta las puertas tenían vida propia.

Entré con cautela.

La habitación era enorme.

Tenía una cama mucho más grande que la de mi casa, una ventana con vista al bosque y al lago, un escritorio perfectamente ordenado y un armario de madera clara.

Era una habitación preciosa.Demasiado preciosa.Pero no era mi habitación.No era mi casa.

—A partir de ahora dormirás y vivirás aquí. Cuando no estés en clases, esta será tu habitación.

Solté una pequeña risa cargada de ironía.—Un momento, por favor.Los tres me miraron.

—¿Serían tan amables de explicarme por qué estoy aquí?

Mi voz comenzó a elevarse sin darme cuenta.

—¡Estoy cansada de que nadie me diga absolutamente nada!

Uno de ellos respondió con la misma tranquilidad de siempre.

—La decana Norms responderá todas tus preguntas mañana.

—Mientras tanto, no tienes permitido salir sola hasta conocer bien la academia.

Abrí la boca para responder.

—Pero yo no...

La puerta volvió a abrirse.

Los tres salieron sin esperar a que terminara la frase.

—¡Oigan!Corrí hasta la puerta.

—¡No pueden dejarme aquí!

Nadie volvió.Respiré hondo."Está bien..."Miré toda la habitación."Piensa, Dilia."Mis ojos se detuvieron en la ventana.—Claro...Corrí hacia ella.Tal vez podría salir por ahí.Pero cuando intenté abrirla...No se movió ni un centímetro.

Empujé con más fuerza.

Nada.

—No puede ser...

—¿Qué haces?

Di un salto del susto.

Giré inmediatamente.

Al otro lado de la habitación había una chica observándome con expresión confundida.

Mi corazón dio un vuelco.¡Otra persona!

Corrí hasta ella casi sin pensarlo.

—¡Hola!

La abracé con la desesperación de alguien que llevaba horas sintiéndose completamente sola.

—Soy Dilia. Por favor, tienes que ayudarme. Me trajeron aquí contra mi voluntad. Necesito salir de este lugar.

La chica abrió los ojos como platos.

—¡Eh! ¡Espera!

Se apartó rápidamente de mí.

—¿Qué te pasa?Me di cuenta de lo que acababa de hacer.La solté de inmediato.—Perdón...De verdad, perdón.

Es que... eres la primera persona normal que veo desde que llegué.

La chica respiró hondo.

Todavía parecía desconcertada.

—Bueno... tranquila.

Respira primero.¿Eres nueva?Asentí varias veces.—Sí...Bueno... creo que sí.Ni siquiera sé dónde estoy.Ella suspiró.

—Yo soy Jules De Woundcare.

—Mucho gusto...Yo soy Dilia Ausehn.

Vengo de Northbridge, Inglaterra.

La expresión de Jules cambió de inmediato.

Frunció ligeramente el ceño.

—¿Ausehn?Asentí.

—Sí.

—¿Y dijiste... Northbridge?

—Sí.

¿Por qué?

Se quedó observándome unos segundos como si estuviera intentando recordar algo.

—Nunca he escuchado ese apellido.

Negué con la cabeza.—Es normal.Somos una familia común.Pero sí existe.Te prometo que existe.Y Northbridge también.Está en Inglaterra.

Jules seguía mirándome igual.

Aquella expresión hizo que el miedo volviera a instalarse dentro de mí.

—¿Qué pasa?

¿Por qué me miras así?

Ella tardó unos segundos en responder.

—Nunca había escuchado hablar de ese lugar.Sentí que el estómago se me hacía un nudo.—No...

No...Eso no tiene sentido.

Claro que existe.Yo vivo ahí.Mi mamá...Mi papá...Mi hermano...Las palabras comenzaron a salir atropelladamente.

—Ellos están ahí.

Tienen que estar ahí.Solo tengo que regresar.Respiraba cada vez más rápido.La habitación comenzó a dar vueltas.

—Oye...Oyeeeee

Tranquila.Escuchaba la voz de Jules muy lejos.Como si estuviera al final de un túnel.Intenté dar un paso.Las piernas dejaron de responderme.Todo comenzó a verse borroso.

—Creo que yo...

No pude terminar la frase.La oscuridad lo cubrió todo.

—¡Dilia!

Abrí los ojos de golpe.

Estaba en la cocina de mi casa.Mi mamá servía la cena.Papá acomodaba los platos sobre la mesa.

Y Dilan...Dilan seguía dibujando como siempre.Me levanté tan rápido que casi tiré la silla.Corrí hasta él y lo abracé con todas mis fuerzas.—¡Dilan!

Él comenzó a quejarse.

—¡Ay! ¿Qué haces?

Lo abracé todavía más fuerte.

Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.

—Qué alegría volver a verte...

Mi hermano me miró completamente confundido.—¿De qué estás hablando?Una sonrisa comenzó a aparecer en mi rostro.

—Volví...Susurré sin darme cuenta.

Mi mamá dejó el cucharón sobre la mesa y me miró extrañada.

—¿Dilia?

Papá también levantó la vista.

—¿Estás bien?

Negué rápidamente.

No podía dejar de sonreír.

—Sí...

Sí, estoy bien...Estoy muy bien.Dilan intentó apartarse un poco de mi abrazo.—Oye... me estás aplastando.

Solté una pequeña risa entre lágrimas.—Perdón.

Lo observé unos segundos más, como si tuviera miedo de que desapareciera.

Mi mamá frunció ligeramente el ceño.

—Hija, ¿segura que te encuentras bien?

Asentí varias veces.

—Sí...

Solo...

Solo estoy muy feliz de estar aquí.

Los tres intercambiaron miradas.

Papá sonrió con cierta confusión.

—Bueno... nos alegra verte feliz, pero siéntate antes de que la comida se enfríe.




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