La madrugada no llegó. Simplemente dejó de ser noche. El cielo continuaba negro y la lluvia caía lentamente sobre los campos helados alrededor de Verlyn. Los caballos avanzaban con dificultad por el barro mientras el río Havel rugía a la izquierda como una bestia invisible atrapada entre la niebla.
Nadie hablaba. Ni siquiera los oficiales. Solo se escuchaba: El metal golpeando monturas y los truenos cada vez más cercanos
Un relámpago cruzó el cielo. Durante un segundo iluminó: Los Molinos destruidos y cadáveres colgados de algunas granjas Luego volvió la oscuridad.
La columna de caballería seguía avanzando junto al río. Al frente iba Murat. Detrás de él, Napoleon. Más atrás, Skady y sus mosqueteros avanzaban protegiendo la retaguardia mientras arrastraban pequeñas piezas de artillería por el barro.
La lluvia empezaba a endurecer los rostros. Los hombres parecían estatuas ennegrecidas moviéndose lentamente hacia el infierno. Entonces el terreno cambió; el río se abría violentamente hacia un lago enorme, la orilla desaparecía. El campo abierto los dejaría completamente expuestos.
Murat levantó el brazo. Toda la caballería se detuvo. Los caballos resoplaron nerviosos. Napoleon desmontó lentamente y observó el lago. La neblina avanzaba desde el agua.
—Si cruzamos ahora, nos harán pedazos.
Murat no discutió. Skady llegó detrás de ellos. Tenía barro hasta el pecho. Uno de sus mosqueteros vomitó al costado del camino; otro intentaba sacar sangre de dentro de su bota. Llevaban marchando días; peleando semanas, sobreviviendo meses.
Otro trueno, esta vez más cercano. El rayo cayó sobre un árbol seco a la distancia. El tronco explotó en llamas. Algunos soldados miraron el fuego demasiado tiempo.
Entonces llegó la señal La artilleria de Bernadotte y de Augeraeu rompio esa parte de la muralla. Los tres voltearon al mismo tiempo.
La ciudad acababa de despertar. Una línea completa de fuego emergió detrás de las murallas. Las explosiones iluminaron la niebla.
Napoleon montó inmediatamente.
—Artillería al frente.
Los soldados reaccionaron de golpe. Los cañones comenzaron a avanzar entre el barro mientras los caballos relinchaban aterrados por las detonaciones lejanas. La lluvia ahora caía más fuerte y junto con ella llegó el ruido. El verdadero ruido.
Cañoneros. El suelo entero comenzó a temblar. Napoleon levantó el catalejo. A través de la niebla logró divisar la muralla izquierda. Fragmentos de piedra saltaban constantemente por los impactos.
—Disparen.
La artillería rugió. El retroceso hundió aún más las ruedas en el barro. Los disparos atravesaron la lluvia y golpearon directamente la muralla. Todo salió despedido.
Un nuevo relámpago iluminó la escena y por un instante pudieron verse soldados enemigos cayendo desde las almenas mientras el fuego comenzaba a extenderse por estructuras de madera.
Murat sonrió apenas.
—Ahora sí.
La segunda descarga abrió la brecha. No completamente, pero suficiente.
—¡Caballería adelante!
Murat espoleó su caballo primero y miles fueron detrás. La tierra tembló y la lluvia salpicó barro y sangre vieja mientras la columna descendía directamente hacia la muralla destruida.
Napoleon avanzó detrás junto a Skady. Los mosqueteros comenzaron a disparar incluso antes de entrar. Las balas atravesaban ventanas, puertas y sombras.
Un soldado enemigo apareció sobre los restos de la muralla intentando recargar. Un disparo de mosquete le arrancó media mandíbula. Cayó hacia atrás sin emitir sonido.
Entraron y descubrieron algo inesperado, eran los primeros. No había otro cuerpo imperial dentro; solo ellos y esperándolos… la caballería y la infanteria Ocultos entre las calles inundadas. Los enemigos habían esperado exactamente ese avance. Los caballos chocaron brutalmente unos contra otros.
El sonido fue monstruoso. Un jinete fue atravesado por una lanza y quedó colgando del caballo mientras este seguía corriendo sin control; Un soldado perdió el brazo por un sablazo y tardó varios segundos en darse cuenta.
Murat se lanzó directamente al centro. Su caballería abrió una grieta brutal entre las filas enemigas mientras Napoleon dirigía los cañones hacia las calles laterales. Las explosiones hicieron colapsar casas enteras. Los primeros incendios comenzaron a extenderse y entonces sucedió, las puertas de algunas viviendas se abrieron. Pobladores salían armados. Algunos con rifles o con cuchillos. Incluso herramientas de granja.
—¡VIVA LA REPÚBLICA!
El grito surgió desde varias calles. Un anciano disparó desde una ventana contra un soldado imperial. Dos mujeres lanzaron botellas incendiarias con brea desde un techo. Un niño arrastró municiones hacia los defensores.
Napoleon observó aquello apenas unos segundos. Luego miró la plaza principal de Schmargendorf. La lluvia caía sobre la estatua destruida del centro y los relámpagos iluminaban el humo. Avanzó hacia la plaza entre disparos. Su caballo casi resbaló sobre un cadáver. Miró a los pobladores empapados y cubiertos de barro.
—¡NO HEMOS VENIDO A DESTRUIR SU HOGAR!
Los disparos seguían.
—¡LEVÁNTENSE CONTRA LOS QUE LOS CONDENARON. APOYAMOS LA LIBERTAD Y LA IGUALDAD!
Otro trueno partió el cielo. La lluvia cayó todavía más fuerte. No hubo efecto.
Schmargendorf no tardó en convertirse en una trampa. La lluvia continuaba cayendo sobre los techos mientras el humo comenzaba a mezclarse con la neblina. Ya no podía distinguirse dónde terminaba el incendio. Los soldados avanzaban lentamente entre calles estrechas llenas de caballos muertos y cuerpos cubiertos parcialmente por barro
Murat reorganizaba su caballería cerca del puente interior. Skady intentaba asegurar las entradas principales del pueblo con sus mosqueteros. Napoleon avanzaba casa por casa.
La ciudad mordía: Un disparo salió desde una ventana; un imperial cayó inmediatamente; los mosqueteros respondieron destruyendo toda la pared con una descarga. Gritos y luego silencio. Pero otro disparo llegó desde la casa siguiente. Los civiles combatían mezclados con soldados enemigos.