El Mundo de las Mentiras

Los Mas Valientes De Los Valientes

El frente central trituraba a todo aquello que estuviese al frente. La lluvia había convertido toda la planicie frente a Verlyn en un cementerio de barro incluso antes de que comenzara el ataque. Los caballos se hundían hasta las rodillas. Las ruedas de artillería avanzaban dejando surcos negros llenos de agua y sangre y sobre todo aquello… los truenos, constantes e insoportables. El cielo rugía como si estuviera encima de ellos.

Piero observaba las murallas desde su caballo quieto e inmóvil bajo la tormenta. A su lado: Draeikos, Besieres, sus portaestandartes y mensajeros cubiertos de barro. Esperaban la señal. Muy arriba, entre la niebla y las colinas, apenas podían distinguirse algunos destellos: La artillería de apoyo.

Piero tomó lentamente el catalejo. Las murallas exteriores seguían resistiendo. Las trincheras de Rheingauviertel estaban llenas de infantería, barricadas y hasta civiles armados.

La ciudad completa estaba peleando. Un relámpago iluminó brevemente las posiciones enemigas y entonces vio niños. Llevando pólvora hacia las trincheras.

Piero bajó lentamente el catalejo. No pronuncio ningun libro. Entonces llegó la señal. El primer estruendo sacudio las trincheras. El primer disparo vino desde las colinas y el bombardeo siguio. Toda la artillería abrió fuego al mismo tiempo.

El cielo desapareció bajo el estruendo. Las trincheras de Rheingauviertel explotaron en tierra, fuego y cuerpos. La lluvia se mezcló inmediatamente con la sangre y el barro.

Piero levantó la espada.

—Adelante.

La primera línea imperial comenzó a avanzar: Mosqueteros, granaderos y la infantería pesada. El barro ralentizaba todo y aun así avanzaban.

Entonces las trincheras respondieron. Una línea completa de disparos atravesó la tormenta. Los primeros cayeron casi instantáneamente. Un hombre perdió ambas piernas por un cañonazo y siguió arrastrándose varios metros antes de entender que estaba muerto; otro intentó levantarse mientras sostenía sus propias entrañas.

La línea comenzó a quebrarse. Los defensores gritaban desde las trincheras:

—¡EL LIBRO DE LA PAZ LOS PURIFIQUE!

Y seguían disparando. Piero observó cómo su primer batallón comenzaba a desmoronarse frente al barro y el fuego cruzado.

[Demasiado lento. Así no romperían nunca.]

Entonces espoleó el caballo.

—¡CABALLERÍA CONMIGO!

Y descendió directamente hacia las trincheras. La guardia imperial fue detrás de él. La tierra tembló violentamente. Los defensores intentaron reorganizar los cañones. La caballería impactó de lleno sobre Rheingauviertel. Los caballos atravesaron barricadas improvisadas. Las espadas rompieron líneas enteras de infantería. La lluvia hacía imposible distinguir a los enemigos y aliados.

Todo se volvió choque. Piero atravesó a un hombre con la espada sin siquiera mirar su rostro; otro intentó dispararle desde el barro. Uno de los jinetes le aplastó el cráneo antes de que pudiera levantarse.

Las trincheras finalmente comenzaron a ceder, pero la ciudad seguía respondiendo. Desde las casas cercanas comenzaron a disparar civiles. Una mujer lanzó una botella incendiaria desde un techo. Un anciano salió de una puerta con un rifle de caza gritando.

—¡VIVA LA REPÚBLICA!

Murió atravesado por tres disparos, pero detrás de él aparecieron otros más.

Piero se quedo inmovil unos momentos. La artillería volvió a rugir desde las colinas. Esta vez directamente sobre el pueblo. Las explosiones destruyeron todo lo construido por la civilizacion.

El fuego comenzó a extenderse rápidamente bajo la lluvia. Draeikos apareció entonces por el flanco izquierdo. Su ejército avanzaba brutalmente entre humo y barro. No parecía un avance militar, parecía una ejecución.

Sus granaderos incendiaban posiciones completas para obligar a salir a los defensores y cuando salían… los fusilaban.

Draeikos observó hacia el interior de Verlyn. A la distancia, entre niebla y humo, podía verse otra línea de combate: El frente del río. Napoleon ya había entrado. Draeikos sonrió apenas

—!Iremos en su apoyo!

Luego levantó la espada hacia Güntzelkiez y el centro imperial siguió avanzando hacia el corazón de la ciudad.

La lluvia empeoró, ya no caía, golpeaba cada cuerpo. El barro llegaba hasta las ruedas de los cañones y los cadáveres comenzaban a hundirse lentamente en los caminos destruidos alrededor de Rheingauviertel.

El frente central había conseguido romper la primera línea, pero Verlyn seguía viva y cuanto más avanzaban… más parecía defenderse.

Piero detuvo su caballo en una elevación destruida por artillería. Desde allí observó el siguiente sector. Un pueblo pequeño al otro lado de la avenida principal. Demasiado silencioso; las ventanas cerradas y las puertas abiertas. Ningún disparo, ningún movimiento.

A su lado, varios oficiales esperaban órdenes mientras los truenos iluminaban momentáneamente la ciudad. Cada relámpago mostraba algo distinto... cadáveres colgados, incendios creciendo; cciviles huyendo o soldados mutilados pidiendo ayuda

Piero levantó lentamente el catalejo y entonces observo detrás del pueblo movimiento: Artillería, esperando que avanzaran. Una emboscada.

Piero bajó el catalejo lentamente. Luego señaló un pequeño grupo de caballería.

—Ustedes adelante.

Uno de los oficiales dudó.

—Emperador…

—A mi senal.

No volvió a discutir. El pequeño contingente comenzó a avanzar hacia el pueblo bajo la lluvia. Los cascos golpeaban el barro mientras la tormenta ocultaba parcialmente el movimiento. Todo permaneció quieto, hasta que los jinetes llegaron cerca de las primeras trincheras.

Entonces Verlyn rugió. Las ventanas explotaron en disparos; cañones ocultos abrieron fuego desde detrás de edificios destruidos. La caballería señuelo desapareció bajo humo, fuego y metralla.

Piero no apartó la mirada; esperó y su cuerno rugio. La caballeria se movio a la derecha dejando libre el centro y... toda la artillería imperial respondió. La descarga cayó directamente sobre el pueblo. La explosión fue monstruosa; casas completas se levantaron del suelo; los techos salieron despedidos entre fuego y cuerpos.



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En el texto hay: ya se vera

Editado: 17.05.2026

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