Durante estas décadas, los cronistas de la nación de Stargirl y de los que aun anhelan la verdad han debatieron si existió de verdad aquel hombre sin nombre, que encendió una guerra sin blandir espada. Yo creo que sí; he aquí la mayor prueba, es innegable la presencia de un ente maligno que pudo corromper hasta el más humano. Cada línea suya parece burlarse del lector, como si supiera que un día alguien intentaría comprenderlo. Me da vértigo leerlo, intuyo como aquellos fueron seducido por estas letras. Por ello, Caøs, recuerda siempre esto: no te confíes, porque si te descuidas, te puedes hipnotizar y ser otro peón sin alma. Este “ser” era el reflejo retorcido de todos de los que escuchamos y repetimos, de los que creyeron que el bien podía escribirse, que la paz podía redactarse en un libro, y cuando ese libro fue leído por los reinos, la palabra “paz” se transformó en “guerra”. Por eso escribo, no para culpar, sino para dejar constancia de lo que fuimos: hombres que creyeron y terminaron adorando la mentira como suprema verdad. A veces creo que elegir ese actuar fue para ellos la forma más pura de fe: Una oración dirigida al vacío, esperando escuchar nuestra voz de regreso.
El Reino de las Mentiras no cayó en un solo día, se desmoronó con lentitud, como un cuerpo que olvida respirar, cada palabra, cada decreto, cada plegaria, fue una piedra más arrancada de sus cimientos cuando la torre por fin cedió, todos juraron no haberla tocado jamás. Yo he caminado entre los restos; he visto lo que queda de los palacios y los templos donde se discutía la verdad mientras el pueblo moría de hambre y esas paredes aún murmuran pequeñas risas: tal vez del él, tal vez del eco, por eso se dice que las risas son la memoria del pecado. Recurrentemente pienso mi nación nunca existió como lugar, sino como estado del alma, como una enfermedad que se hereda, como esa voz interna que justifica lo que destruye.
Que hermosas eran esas calles, al menos a primera vista: Empedradas, limpias, simétricas. Las torres parecían extenderse como pensamientos que no querían morir. Los muros respiraban con lentitud, y las ventanas eran ojos vigilantes que jamás dormían, pero esa belleza tenía precio: para que una piedra brillara, alguien debía sangrar. Me deleito al leer que, entre las calles, se oía una frase repetida: “Así ha sido siempre.” Eso era lo que sostenía al Reino: El reemplazo de la maldad por tradición. Por las noches, cuando las velas se apagaban y solo quedaba la brisa, uno podía sentir que la sociedad respiraba, que sus torres exhalaban el aire de los siglos, que los adoquines guardaban secretos, y que debajo de cada casa dormía una verdad que nadie se atrevía a excavar.
Mi querido Reino mentiroso, recuerdo a mis padres siendo ovejas siguiendo aquel ideal de un hombre grandilocuente. Si se preguntan ¿dónde están mis padres? muertos. A penas era un niño cuando la guerra por la "verdad" redujo a cenizas el reino de la Confraternidad y gracias a la "batalla de los caidos" que produjo un gran aluvión de contraataques hacia nuestro reino, dejando un saldo altísimo de bajas que nos dejo sin armada por un gran tiempo e indefensos ante aquellos reinos que se decían ser aliados. Me duele recordar todas las violaciones horribles y salvajes que observe…por eso mi nación dejo de existir hace como 23 inviernos contando desde hace poco, pues gracias a Aníbal Salas me he curtido de un gran conocimiento y he recobrado la noción del tiempo. Sigo mirando con nostalgia este lugar, porque lo que se amó nunca se olvida, se supera y aquí crecí; lastimosamente cayo en su propio peso, pero eso no quita que pasé los maravillosos años de mi niñez, por lo que quisiera repetir esas épocas con mis amiguitos, que, por cierto, que en paz descansen.
Antes de que tuviera nombre, él solo fue una voz, un hilo de pensamiento que cruzaba las calles sin cuerpo, una sombra que se escondía entre las risas fingidas del mercado. Nadie recordaba cúando lo escucharon por primera vez. Algunos decían que había nacido del eco de las mentiras del rey, otros que era el alma de un poeta que murio ahogado en su propia verdad, pero todos coincidían en algo; cada vez que alguien pronunciaba sus palabras, algo dentro se movía. "Nada destruye más que la pureza." "La verdad no libera, solo exhibe la herida." "Creer es una forma de suicidio lento." Asi hablaba el rumor, que se fue fundiendo en el veneno de la duda entre la gente.
Un escriba del consejo de sabios lo anotó en secreto: "Hay una voz que anda por los pasillos y no tiene dueño y la escucho cuando la tinta aún está fresca...cuando culmino, ya no sé si fue mía." Esa fue la primera señal de que él existía, no como persona, sino como contagio. Aquel hombre sin nombre, goberno con el ejercito de la interpretación y sus ideas eran tan simples como peligrosas: Que la verdad debía reformularse; que el hombre debia creer en sí mismo, no en dioses muertos; que la moral no era herencia, sino invención y que el lenguaje era el único campo de batalla real.
En los palacios menores, los funcionarios comenzaban a citar frases suyas como si fuersn proverbios antiguos. Las palabras se volvieron ornamento, un modo de parecer más sabio, más profundo; nadie entendía el fondo, pero todos finguían hacerlo.
Gareth al escuchar en boca de un cortesano especulo: "Si el pueblo empieza a pensar, el oro perderá su peso." Lancelot, sin embargo, sonrió: "Déjalos creer que piensan, asi comerán con más hambre."
El rey Mentiroso, desde su torre, escuchó los ecos de estas ideas, sin saber el paradero del profeta; le parecieron sublimes, nuevas...puras.
Me parece pertinente citar el libro "Sobre la vida de un exiliado" de Sensatez, escrito en aquellos dias donde combatio su mente, socavando ideas para la antítesis del posterior debate en contra del "Libro de la paz"; recopilando su vida antes y durante la tragedia con su hermano el rey Mentiroso, de nombre Armagedón. Cito: página 18, cap 2 sobre Armagedón: "Mi hermano al escuchar tales afirmaciones, me consulto si fuese posible crear un libro que reúna todos los conocimientos pragmaticos para la dificil y monótona vida que se afronta. No recuerdo como fue la conversación, pero llegamos a la conclusión de escribir junto a los mejores escribas, aquel libro. Esta idea, a priori fue distorsionandose, hasta tal punto que mi hermano no comia y se encerraba arduas horas junto a ellos, descuidando mi reino. Le adverti que aquellas escrituras tenian el espirtu de aquel hombre o idea que pertubaba a las masas, teniendo casi el mismo discurso poco ortodoxo que tanto le gustaba al pueblo. Mi hermano o lo que quedaba de él, empezo a distanciarse de mi, hasta ya no oirme." Cierro cita.