El Mundo de las Mentiras Horrores de Guerra

Desciframos La Muerte

El papel no debería existir; es viejo para seguir intacto. Los bordes están quemados en algunos puntos, como si alguien hubiera intentado destruirlo sin éxito. La tinta no es uniforme; a ratos es latina, a ratos parece griega antigua y en otros fragmentos… no encaja en nada que tenga una gramática limpia.

Mi equipo lo rodea sobre la mesa. Nadie habla fuerte, este texto obliga a pensar. Uno de ellos traza líneas con un lápiz sobre el papel; el mas joven compara símbolos con un diccionario de referencias clásica; yo solo observo.

El documento no es largo, pero está construido como si cada palabra tuviera un segundo significado escondido. Después de varios minutos, alguien dice.

—No es solo mezcla de lenguas. Es cifrado.

Empiezan a reconstruirlo fragmento por fragmento; las palabras se alinean lentamente; cuando finalmente aparece la frase completa, nadie la celebra, solo la leemos en silencio.

“En Charlottenburg, concentración y movilizacion...contra.”

Repito el nombre en mi cabeza. Charlottenburg. Me levanto sin anunciarlo y me dirigo al mapa. Lo extiendo sobre la mesa con ambas manos: Charlottenburg aparece al occidente de Verlyn cerca a sus murallas.

El equipo empieza a entenderlo en voz baja. Yo no los escucho del todo, estoy siguiendo la línea. No termino de pensar eso cuando la puerta se abre: Un mensajero entra sin ceremonia.

—Señor… Piero y Draeikos rompieron las líneas—inhala.—Avanzan hacia Zhelendorf.

Un joven de mi equipo se inclina sobre la mesa.

—Sea cual sea sus planes mi senor, debe evitar el enfrentamiento en Charlottenburg.

Miro el mapa otra vez, Charlottenburg y Zhelendorf; sera enboscada si deciden ir a por los sumistros de los civiles; claro esta que ellos no dejaran nada.

No hay tiempo para formularlo bien. Me siento frente a la mesa otra vez; el mapa sigue abierto, como si respirara. Charlottenburg marca un punto incómodo en mi cabeza y las fichas avanzando por Zhelendorf lo acerca demasiado.

Pido papel limpio, tinta y silencio. El equipo ya no discute, solo observa. Cuando termino, doblo la hoja una sola vez y la refuerzo con un dibujo. Un cuerno y una serpiente.

El joven del equipo observa y asiente. El mensajero ya espera afuera, montado e inquieto; listo para desaparecer.

Le entrego el documento.

—No avancen mucho mas al norte —le digo.—Si lo hacen… ya no habrá margen de reacción.

El mensajero asiente y se va. El caballo arranca; lo sigo con la mirada hasta que se pierde entre los árboles.

Me pertuba la llegada de otro mensajero, pero este se siente distinto; hay algo en su forma de caminar que rompe el orden del campamento.

—Un convoy… —dice.—Traen al emperador.

No reacciona nadie de inmediato hasta que lo repite. Me levanto sin pensar; el aire del exterior está más frío, como si el campamento entero hubiera cambiado de presión.

El convoy ya está entrando y los medicos fueron los primeros en recibirlos, improvisando movimiento alrededor de una camilla central.

Me acerco lentamente,...Andy, no está consciente, en un tipo de quietud que no es descanso: Atravez de la venda veo como la infeccion ha corroido su ojo. Me retiro un paso y dejo a los expertos continuar.

Han pasado unas horas y la tienda médica sigue cerrada; la guardia de Andy la ha cercado, soy el unico que puede estar cerca. Por el momento pequenos murmullos se hacen presentes. Me quedo afuera escuchando.

Un sonido rompe el interior; los guardias en la entrada saben quién soy, pero no me permiten pasar. El tiempo se vuelve lento; no porque pase algo interesante, sino porque no pasa nada más que esperar. Los mururllos son cada vez mas altos dicen algo sobre falta de anestesia.

Finalmente, la puerta se abre. Un médico sale, no me mira directamente, solo dice:

—Sigue vivo. Pero no sabemos por cuánto.

No añade nada más y vuelve a entrar. Piero no debe enterarse, no deben pensar con la cabeza hirviendo y estos hermanos son muy suceptibles a ello.

Las órdenes siguen circulando, pero esa información pesa más que cualquier victoria reciente. No me permiten quedarme mucho tiempo cerca de la tienda médica.

Camino hacia la zona de registro; necesito ver qué ha llegado mientras todo esto ocurría. Un segundo cuerpo, esta envuelto y solo silencio alrededor de la camilla acompana al muerto.

Me acerco y alguien susurra su nombre antes de que lo vea: Aquisgrán. Un médico habla detrás de mí.

—La herida no fue el problema principal. Fue lo que ocurrió después.

Siento que alguien me observa; es mi jefe de propaganda. No dice nada al principio, solo mira el cuerpo; luego me mira a mí y observa.

—Esto no puede aparecer como derrota.—Silencio.—Aquisgrán debe permanecer como símbolo: Aquisgrán el Valiente.

Algo en la sala cambio, algunos presentes asienteron, como autorizando el uso de esta historia. Pero...nadie lo lloraba.

—?Tenia familia?—objeto

El medico presente se fue a buscar su historial.

—Esta clasificado.

—Estoy yo aqui, tienes mi autorizacion.

El medico abre su expediente y sus ojos marchan sobre las lineas.

—Toda su familia murio en la guerra contra Sparta ya hace 40 anos.

Me quedo en silencio unos segundo y me dirigo a mi jefe.

—Antonie, Aquisgran debe de tener un gran funeral en la Roma.

Mi jefe vuelve a hablar, más bajo esta vez.

—La guerra no necesita toda la verdad. Necesita lo que la gente puede sostener.

Me mira directamente ahora.

—Velo, esto se escribira como victoria

El cuerpo de Aquisgrán es retirado un poco más atrás, fuera de vista directa.

Toda esta guerra y batalla de inteligencia, está organizando lo que significa perder hombres. La muerte ya no es un evento; es un documento y yo soy el que lo escribe. La moral de la guerra debe de seguir en alto.



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En el texto hay: ya se vera

Editado: 30.05.2026

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