El Mundo de las Mentiras Horrores de Guerra

¿Donde estan?

El frente de Postdamn no parecía una ciudad en guerra; parecia el mismisimo infierno Las calles estaban cubiertas por capas de polvo grisáceo, ceniza arrastrada desde el norte y el este, donde la artillería de Piero y los combates continuos habían transformado el cielo en una masa opaca y sin profundidad. Los edificios, antiguos en su mayoría, habían perdido color. Las fachadas se veían cansadas, como si el tiempo mismo hubiera sido comprimido por semanas de explosiones constantes. A lo lejos, más allá de las murallas exteriores de Verlyn, la capital del Reino de las Mentiras, el horizonte vibraba; cada cañonazo en el frente nororiental enviaba una onda lejana que deformaba el aire, como si la guerra tuviera respiración propia y no dejara de exhalar sobre el continente. Postdamn estaba en medio; entre el ruido del mundo y el silencio que precede a los desastres.

El puesto de mando de Andy ocupaba lo que antes había sido una estructura administrativa militar. El estaba sentado frente al mapa principal. No llevaba casco; su rostro estaba parcialmente vendado, alrededor de los ojos. No estaba completamente ciego, pero la visión era inestable, limitada, como si el mundo se le presentara en fragmentos rotos de luz y sombra. Aun así, no había retirado su posición de mando. Su mano recorría lentamente las líneas del mapa: Movimientos pequeños. A su alrededor, oficiales menores se movían en silencio. Nadie hablaba más de lo necesario. El ruido de pasos rápidos rompió la estabilidad del espacio.

Un soldado entró sin anunciarse correctamente. Respiraba de forma irregular; traía barro hasta las rodillas. Se detuvo frente a la mesa. No saludó de inmediato.

Hector lo detuvo

—?Que ha sucedido cadete?

El soldado tragó saliva.

—Señor… el frente sur…

Silencio inmediato. Incluso el movimiento de los oficiales se detuvo.

—Napoleon ha sido derrotado en Trebblin.

La palabra quedó suspendida en el aire. El mapa pareció más pesado de golpe. Andy no reaccionó de inmediato, solo apretó ligeramente los dedos sobre el papel.

—Continúe.

El soldado dudó un instante.

—Las unidades restantes fueron dispersadas. El Mariscal Napoleon… no ha sido localizado con certeza—pausa.—Y de Aquisgran, aun no se sabe nada.

Andy levantó apenas el rostro vendado, agarrando su cabeza El soldado bajó la voz.

—Se habla de intervención directa de Maelgoriun.

El silencio cambió. Durante un segundos, nadie habló. Ni siquiera los oficiales cercanos. Entonces ocurrió: Una risa, corta... macabra. No proveniente de ningún punto visible, simplemente… dentro del espacio. La risa se apagó tan rápido como apareció.

Hector apretó la empuñadura de su espada. Andy se levantó. El vendaje alrededor de sus ojos se tensó ligeramente con el movimiento.

—Repite.

El soldado tragó saliva otra vez.

—Maelgoriun… estuvo en el sur, señor.

Andy giró apenas el rostro hacia la mesa de mapas.

—Reúnan a mis mariscales.

Héctor se encontraba presente.

—Emperador, Massena, Augereau y Berthier estan en su meritorio descanzo.

El emperador, lo observo fijamente a los ojos, tornando su mirada cada vez mas gris. Los oficiales reaccionaron de inmediato. El mapa crujió bajo su mano.

—El sur todavia no ha perdido—pausa.—aun quedo yo.

Fuera del edificio, Postdamn seguía respirando guerra. El cielo seguía gris.

Cada detonación, cada descarga de artillería de Piero, viajaba por el aire como una vibración enferma que no terminaba de disiparse. El cielo sobre Verlyn estaba completamente cubierto por una masa gris oscura, espesa, acumulada por días de fuego continuo. No era nube. No era clima.

Dentro del puesto de mando, el movimiento ya había cambiado. Los mariscales convocados comenzaron a llegar uno a uno. Entraban con uniformes aún marcados por polvo de campaña y miradas que ya entendían que algo había roto el equilibrio del frente. Todos miraron a Andy.

El mapa central seguía extendido sobre la mesa. Húmedo en algunas zonas por el contacto constante de manos y aire. Las líneas del sur parecían ahora más profundas, como si el papel hubiera empezado a recordar la derrota.

Andy permanecía de pie. El vendaje en sus ojos no ocultaba su orientación. Massena fue el primero en hablar.

—El mensajero dijo que Napoleon cayó en Trebblin.

Andy asintió apenas.

—Y Maelgoriun fue el artifice

Ninguno de los mariscales reaccionó con sorpresa abierta, solo con un cambio leve en la postura.

Massena cruzó los brazos.

—Eso no es un informe de derrota convencional.

Augereau dio un paso hacia el mapa.

—Si Maelgoriun estuvo allí, entonces el sur esta infestado

Berthier no apartaba la vista del punto marcado en rojo.

—Es un colapso completo.

Andy escuchaba sin interrumpir, pero sus dedos seguían sobre el mapa, moviéndose lentamente.

Entonces habló.

—El frente de Piero no puede detenerse.

Massena frunció el ceño.

—¿Entonces el sur?

Andy giró ligeramente el rostro vendado hacia él.

—El sur ya cayó... Ahora lo vamos a levantar.

Un silencio más profundo se instaló en la sala.

Andy levantó la mano señalando firme.

—Movimiento inmediato.

Los mariscales se enderezaron.

—Héctor, te quedas con la reorganización de reservas en Postdamn. Massena y Augereau iran conmigo Berthier, tu seras mi espalda.

El movimiento de los mariscales no tardó en desbordar el puesto de mando. En menos de una hora, Postdamn dejó de ser un centro de decisión estable y volvió a convertirse en un organismo en desplazamiento. Órdenes corriendo por pasillos, oficiales marcando rutas sobre mapas nuevos, caballos siendo preparados sin descanso, y columnas reorganizándose hacia el sur bajo un cielo que no cambiaba de color y el gris seguía ahí, como una tapa sobre el todo el terreno.

Andy permaneció dentro del puesto de mando cuando los demás comenzaron a salir, no se movió de inmediato; su mirada estaba perdida en el mapa del frente: Sur marcado por derrota, noroeste saturado por artillería constante y Verlyn en el centro, como una presión contenida.



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En el texto hay: batallas, horror y sangre, traumas y odio

Editado: 16.06.2026

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