El Mundo de las Mentiras Horrores de Guerra

¿Revolucion? No... solo desastre

La lluvia caía sin descanso como aquella tempestad fina y constante que parecía no terminar nunca, la misma que convertía los caminos en barro y que terminaba filtrándose por las ropas, por las botas y por los huesos. A lo lejos, muy a lo lejos, los cañones seguían sonando...como el eco de una bestia inmensa que respiraba detrás de las montañas.

Verlyn seguía luchando, seguía ardiendo y aunque la ciudad se encontraba a muchos kilómetros de allí, todos podían escuchar cómo el continente se estaba despedazando.

Las columnas de soldados avanzaban lentamente por el camino embarrado; las águilas imperiales ondeaban empapadas por la lluvia; los caballos estaban agotados y los hombres también. Llevaban meses marchando, combatiendo y enterrando amigos. Lo unico humano era las pequenas querellas que, desde hacia dias, no se volvian a escuchar.

Massena observó un pueblo desde una pequeña elevación; no parecía diferente a otros pueblos del reino, al menos no al principio, pro conforme descendieron por el camino principal comenzaron a aparecer detalles que llamaron su atención: La mayoría de las casas poseían una base completamente construida en piedra oscura, invisible en las ncohes. Encima de aquellas estructuras se levantaban pisos de madera ennegrecida por los años.

Un dragón imperial observó una de ellas mientras desmontaba.

—Curioso.

Otro soldado levantó la vista.

—¿Qué cosa?

—Las casas.

Señaló una vivienda cercana.

—¿Por qué no construirlas completamente de madera o de barro que es comun por aqui?

Un anciano que observaba desde un portal soltó una pequeña risa sin alegría, como si hubiera olvidado cómo sonaba una verdadera.

—Porque la madera arde.

Los soldados voltearon y el anciano permanecía inmóvil sujetando una escoba gastada.

—La piedra también se rompe.

—Pero tarda más.

El viejo tampoco añadió nada más, como si aquello fuese una obviedad.

Massena continuó observando.

[Sobrevivientes, el pueblo de los sobrevivientes. Nada es por comodidad aqui.]

Un poco más adelante uno de los soldados señaló los pozos, había demasiados repartidos por todo el pueblo. Algunos en pequeños patios; otros entre callejones; incluso ocultos tras muros.

—¿Por qué tantos?—preguntó.

Una mujer que transportaba leña respondió sin detenerse.

—Porque si envenenan uno...—La mujer señaló los demás.—Todavía quedan otros.

Los soldados intercambiaron miradas.

A pesar de el impetud de sobrevivencia, aun así, el pueblo lucía agotado: Las ventanas estaban reparadas con tablas distintas; los techos mostraban remiendos improvisados y muchas fachadas conservaban impactos tan antiguos como Massena.

—Heridas de guerra—Musito Sieyes

Los habitantes observaban con ojos quirijurcos a los soldados Romanos, parecido a como uno observa una tormenta acercándose.

Entonces apareció el primer grito.

—¡VIVE LA RÉPUBLIQUE!

La voz resonó en medio de la calle principal y varios soldados giraron inmediatamente: Un joven se encontraba de pie sobre una carreta abandonada, empapado y con el puño levantado, su ropas parecían más remiendos que tela.

—¡VIVE LA RÉPUBLIQUE!

Algunos habitantes levantaron la vista; los senores con historias marcadas bajaron la cabeza, no parecian conformes, pero entonces apareció otra voz.

—¡VIVA EL LIBRO DE LA PAZ!

Las miradas se cruzaron y el silencio desapareció, por un instante el pueblo entero pareció contener la respiración.

El segundo hombre avanzó entre la multitud, sujetaba aquel libro contra el pecho: Un ejemplar gastado, las cubiertas estaban húmedas desgastadas por el tiempo, pero todavía podía reconocerse perfectamente.

—¡El rey nos salvará!—gritó.—¡Siempre lo ha hecho!

Las respuestas llegaron inmediatamente.

—¡Mentira! ¡Nos ha condenado!

—¡Traidor!

—¡Fanático!

—¡Asesino!

—¡Hereje!

Los insultos comenzaron a cruzar la calle. Massena observó, sin intervenir y Sieyès hizo lo mismo.

El joven republicano descendió de la carreta, caminó directamente hacia el hombre del libro; lo miró unos segundos y le arrancó el ejemplar de las manos. Todo ocurrió demasiado rápido: Un forcejeo, un empujón, un golpe y el libro cayó al barro.

La multitud retrocedió. Se escucho alguien gritar, a otro correr y entre la confusion apareci una antorcha; nadie supo quién la lanzó, solo vieron el fuego que decrepitaba del libro: Las páginas se retorcieron, como un conjuro antiguo y durante unos segundos todo el pueblo quedó inmóvil observando.

Una anciana salió corriendo entre la multitud.

—¡NO!

Se arrodilló frente al fuego intentando rescatar el libro, pero un joven la empujó con desesperación.

—!SENORA SE VA A QUEMAR CUIDADO!

La mujer cayó al barro y comenzó a llorar.

Desde los ojos de Massena, el fuego violento se reflejaba en sus ojos.

[Esto es un terrible fantismo. Esto no cesara con la guerra, seguira hasta que las costumbres cambien y hasta que cambien...]

Los cañones volvieron a sonar a lo lejos como un trueno interminable y nadie supo si aquel ruido provenía de Verlyn o del propio fin de una época, porque por primera vez...el conflicto había llegado hasta allí.

La noticia se propagó más rápido que cualquier mensajero: Los Romanos habían llegado y la plaza comenzó a llenarse sin llamado alguno; la gente simplemente acudió.

La lluvia seguía cayendo, persistente, insoportable; las gotas descendían por los tejados y se acumulaban en los canales de piedra que atravesaban las calles. El barro cubría casi toda la plaza; las ruedas de los carros habían dejado profundas marcas.

Los niños observaban desde las ventanas y algunas madres los alejaban inmediatamente, nadie quería que vieran demasiado.

En el centro del pueblo se alzaba el ayuntamiento, era el edificio más grande de toda la localidad y también el más extraño. Mientras la mayoría de construcciones estaban hechas para sobrevivir, el ayuntamiento había sido construido para ser admirado, sus enormes columnas de piedra blanca se elevaban hacia el cielo gris. A pesar de las grietas y de la humedad aún conservaba una elegancia antigua casi arrogante.Todo recordaba a una época en la que los hombres todavía creían que el futuro sería mejor.



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En el texto hay: batallas, horror y sangre, traumas y odio

Editado: 29.07.2026

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