El Mundo de las Mentiras Horrores de Guerra

Verlyn...Mi fracaso

La lluvia nunca se detuvo, parecía que el cielo entero se había roto desde que llegamos al campamento; las gotas golpeaban mi armadura con un ritmo constante de una manera tan inagotable, que parecia estar contando los segundos del tiempo

Avanzábamos con mis miles de hombres: Un ejército entero marchando entre barro, cadáveres abandonados y aldeas vacías.

A lo lejos, muy lejos podía verse el humo, aquellas columnas negras elevándose hacia las nubes de mi Verlyn, mi hogar y mi responsabilidad.

—Mi señor.

Giré la cabeza: Frederick avanzaba junto a mí, su caballo estaba cubierto de barro hasta el pecho; el mío no estaba mucho mejor. Ninguno de nosotros había dormido más de unas pocas horas desde que comenzó la campaña.

—Los exploradores regresaron.

—¿Y?

—Encontraron a la retaguardia.

Mis ojos se estrecharon por fin. Levanté una mano y toda la columna comenzó a reducir la velocidad: Miles de hombres obedecieron en cuestión de segundos, la disciplina seguía viva, al menos eso.

—Muéstrame.

Frederick extendió un mapa húmedo, la lluvia golpeaba el papel. Intenté ignorarlo. Ott apareció por el otro lado, siempre silencioso.

—¿Qué encontraron?

Frederick señaló un punto.

—Aquí.

Observé el lugar: Un valle estrecho, bosques a ambos lados y una carretera principal. Se trataba de Platz, la otora Platz que me vio nacer ahora reducida a escombros...pagaran.

—¿Cuántos?—dije intentando esconder mi enojo.

—No lo sabemos.

—¿Estimación?

—Entre ocho y diez mil.

Asentí lentamente. Levanté la vista: Los oficiales aguardaban; respiré profundamente, sentí el olor de la lluvia.

—Dividiremos el ejército. Frederick.

—Sí, mi señor.

—Tomarás la derecha.

Asintió.

—Ott, izquierda.

El mariscal hizo una leve inclinación de cabeza.

—Yo comandare personalmente a mis caballeros. La artillería permanecerá atrás hasta que demos la señal.

—¿Objetivo?

—Rodearlos.—Apoyé un dedo sobre el mapa.—Tu eres mi fuerza bruta Frederick.

Frederick fue el primero en sonreír.

—No van a tener escapatoria.

Ott soltó una pequeña risa.

—Van a creer que tienen una salida y cuando intenten usarla...

—Me encontrarán.

El silencio se extendió entre nosotros.

Una hora después la batalla comenzó: El primer cañonazo sacudió la tierra 'BOOM' ; el segundo llegó inmediatamente. El bosque entero pareció temblar, las aves escaparon aterradas, mis caballos se agitaron y mis soldados rugieron; la guerra volvió a despertar.

Observé desde una colina...la retaguardia enemiga reaccionó tarde. Las explosiones comenzaron a caer sobre ellos, entre las columnas y entre los suministros. Los hombres corrían de un lado a otro intentando organizarse, intentando comprender qué estaba ocurriendo.

—Frederick avanza.—Un explorador acababa de llegar.

Asentí. Momentos después llegó otro.

—Ott también.

Perfecto. El círculo comenzaba a cerrarse y la pesada lluvia seguía cayendo. Las explosiones seguían rugiendo y los gritos empezaban a escucharse incluso desde la distancia.

Entonces llegó el momento, saqué mi espada y la levanté hacia el cielo, miles de jinetes me observaban.

—Caballería.

Las monturas comenzaron a inquietarse.

—¡Conmigo!

El rugido fue ensordecedor: Miles de hombres convencidos de que todavía podían salvar el reino. Espoleé a mi caballo y descendimos por la colina, el mundo entero pareció convertirse en barro, en lluvia, en muerte; la tierra temblaba y los árboles se apartaban, sabian que habiamos llegado.

Frente a nosotros los soldados enemigos finalmente nos vieron; vi el terror en sus rostros. Impactamos contra ellos como una tormenta, mi espada atravesó el primer cuello; la sangre salió disparada.

No hubo formación, no hubo resistencia, solo pánico; podia oler la desesperacion. Ellos intentaban escapar, pero chocaban contra las lineas de Frederick y Ott logro cerrar el cirulo.

Durante más de una hora, la retaguardia fue despedazada lentamente. Hasta que finalmente el campo quedó cubierto de cadáveresb y hombres moribundos. La lluvia seguía cayendo, como si el mundo fuera indiferente a la matanza.

Detuve mi caballo entre los cuerpos respirando lentamente, observando la destrucción: Una victoria más, pero mientras miraba hacia el horizonte: Hacia las columnas de humo que se elevaban sobre Verlyn, tenia una pregunta que llevaba días persiguiéndome: ¿Por qué sentía que estaba llegando tarde?/

La batalla había terminado, los supervivientes eran reunidos, los heridos eran atendidos y los muertos quedaban donde habían caído; ya no teníamos tiempo para enterrarlos. Hacía semanas que habíamos dejado de hacerlo, la guerra avanzaba demasiado rápido y la muerte se había vuelto demasiado abundante.

Cabalgué entre los restos de la retaguardia destruida, la lluvia comenzaba a disminuir. Frederick apareció junto a Ott, ninguno hablaba, los tres observábamos las columnas de humo que se elevaban hacia el norte.

—¿Cuántos perdimos?—pregunté finalmente.

Frederick consultó unos papeles húmedos.

—Menos de lo esperado.

—¿Número?

—Dos mil

—!APENAS DOS MIL!

Ott afirmo.

—¿Y ellos?

Ott respondió.

—Más de siete mil.

Volví a asentir

—No podemos pertirnos mas bajas irrenplazables de ese calibre.

Seguí observando el horizonte y entonces vi una nueva columna de humo, mucho más cercana.

Mis ojos se entrecerraron.

—¿Qué es eso?

Los dos mariscales giraron la cabeza. Frederick fue el primero en verlo.

—¿Otro incendio?

Negué.

—No.

Había demasiadas explosiones, aquello era una batalla una muy grande.Tomé el catalejo de un explorador, lo apoyé contra mi ojo y observé durante varios segundos sin decir una palabra.

—¿Mi señor?

No respondí, volví a mirar: Las líneas, banderas, cañones y los destellos de los mosquetes. Mierda, ya estan combatiendo a las afueras de Verlyn.



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En el texto hay: batallas, horror y sangre, traumas y odio

Editado: 29.07.2026

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