El humo del funeral se elevaba lento, pesado, como si incluso el cielo dudara en recibirlo. El cuerpo del rey Coraje yacía sobre la barca: Pieles de oso, su hacha y un escudo marcado por demasiadas guerras; como afrendas al valhala. A su alrededor, los guerreros nórdicos formaban un círculo cerrado. No hablaban, no necesitaban hacerlo. El frío hacía el resto. Los cantos comenzaron bajos, graves, antiguos.
Lancelot observaba; había visto demasiados funerales. La muerte siempre terminaba pareciendo lo mismo: un cuerpo frío… y hombres intentando convencerse de que aquello significaba algo. El anciano del clan avanzó con antorcha en mano. El fuego tocó la madera, dudó un instante. Luego creció. La barca ardió y las llamas iluminaron rostros endurecidos.
Algunos lloraban; otros apretaban los dientes como si eso bastara para no hacerlo. Una mujer gritó el nombre del rey. Lancelot no reaccionó.
[No se que es peor, asumir estas tierras o no sentir ni la minima tristeza]
Entonces lo vio: Un muchacho, demasiado joven para estar ahí; secándose las lágrimas con torpeza, intentando no quebrarse frente a los demás. Ese gesto le atravesó más que el fuego.
[Gareth…] La imagen apareció sin permiso. Luego otra. [Galahad…]
Lancelot apartó la mirada. El barco ardía con más fuerza. Horas después, el gran salón estaba lleno: Mapas abiertos; copas servidas, comida intacta. Aunque nadie había venido a comer. Lancelot se sentó en la cabecera observando a sus nuevos subditos. El primero avanzó: Un gigante, con una barba espesa y hombros imposibles, mirandolo fijamente.
—Bjorn. comandante de campo.
Lancelot lo registró. El segundo, más delgado, más contenido; demasiado tranquilo para el lugar turbulento. Se acerco lentamente como si supiera que era analizado
—Kutuzov. comandante de caballería. Murmullos.
—El reino espera mucho de usted, majestad.
Lancelot permanecio en silencio.
—Y yo espero mucho de ustedes, mis soldados.
El tercero no avanzó; estaba parado en el respaldo de la puerta con los ojos cerrados. Una gran barba fordonsa adornaba el rostro marcado con multiples cicatrices.
—?Y tu eres?
Aquel sujeto alzo su mirada y tomo su tiempo antes de responder
—Kotlyarevsky.
Lancelot lo obserbaba en silencio.
—El es el jefe de infanteria—Menciono Bjorn sin inmutarse.
Algunos soldados gritaron su nombre. Lancelot permanecio inmutable.
—Querido emperador—interrumpio Kutuzuv—?podriamos verlo en su despacho despues? Tenemos cosas de que hablar.
Lancelot se levanto de su asiento y se dirigio a su despacho. Mientras caminaban, las miradas de los guardias alimentaban la inquetud de Lancelot.
El lugar era tetrico, se notaba el descuido y el paso del tiempo; las aranas eran las duenas de ese lugar, antes de conversar se tuvo que fumigar el lugar.
Kutuzov se sentó. Bjorn se mantuvo de pie. Lancelot cerró la puerta.
—Hemos venido a hablar, hablemos.
Kutuzov no rodeó nada.
—El ejército está fragmentado.
—Coraje fue un idiota —escupió Bjorn.
Kutuzov continuó: —Demasiado poder a extranjeros.
Bjorn lo miró directo.
—El Reino de las Mentiras cree gobernarnos. Le daremos un voto de confianza.
Lancelot ladeó apenas la cabeza.
—No necesito confianza.
Kutuzov intervino:
—Necesita estabilidad.
—Eso es distinto —respondió Lancelot.
—Reorganice el ejército —dijo Bjorn—. Fortalézcalo.
—Y sepárese de Maelgoriun —añadió Kutuzov.
El nombre cayó pesado. Lancelot no reaccionó.
—¿Saben lo que dicen?
—Sabemos quién decide —dijo Bjorn.
Kutuzov se inclinó levemente.
—Y sabemos que sus espías ya lo saben. Entonces no confiamos.
Lancelot sintio una leve aura detras suyo y giró con violencia.
Kotlyarevsky estaba dentro. Nadie lo había oído entrar.
—Si no nos ayuda Emperador… —dijo con calma absoluta— lo mataremos.
Silencio denso. Lancelot lo sostuvo.
—Entonces empiecen ahora —dijo.
Bjorn tensó los hombros. Kutuzov no se movió. Kotlyarevsky no parpadeó. El aire cambió.
—Porque si van a matarme —continuó Lancelot— háganlo antes de que reorganice su ejército mejor que ustedes.
Kotlyarevsky inclinó apenas la cabeza.
—Tiene una semana —dijo.
Lancelot asintió.
—Es suficiente. Kotlyarevsky partio y dejo nuevamente a los 3. Lancelot se levanto directo hacia la ventana; la ciudad respiraba bajo la nieve. Lancelot no miró el paisaje; miró el reflejo en la ventana.
[?Lealtad o seguir con esto? tengo una semana para pensarlo. Podria elinarlos, pero eso descandenaria mi ejecucion aqui] Exhaló.
—No es tan simple.
—Tiene dias para pensarlo—agrego Bjorn—si hace su mejor esfuerzo, tal vez sea reconpensado con lealtad.
—Pueden irse—finalizo Lancelot
La nieve no caía, se acumulaba: Lenta, silenciosa, persistente; cubriendo tejados, murallas y caminos con una paciencia que el norte parecía haber heredado de algo más antiguo que los hombres. Desde la ventana del despacho, Lancelot observaba cómo las luces de la ciudad desaparecían poco a poco bajo aquella capa blanca. No había belleza en ello. Solo desgaste.
El funeral había terminado hacía horas, pero el olor del humo seguía impregnado en su ropa. Coraje estaba muerto y el norte aún no decidía si eso era tragedia… o alivio.
El despacho permanecía en penumbras. Una sola lámpara iluminaba parcialmente el mapa extendido sobre la mesa; manchas de tinta, marcas de tropas y rutas incompletas atravesaban el reino como cicatrices mal cerradas.
Tres órdenes retrasadas, dos destacamentos fuera de posición y... demasiados silencios.
Lancelot apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Están midiendo cuánto pueden ignorarme.
La frase murió sola en la habitación. El norte no funcionaba como los otros reinos; aquí la autoridad no descendía automáticamente desde el trono. Había que sostenerla todos los días, demostrarla y sobrevivir lo suficiente para que dejaran de cuestionarla. Y aun así… no era uno de ellos; eso se notaba en las miradas, en los brindis demasiado tensos, en la forma en que los soldados obedecían apenas un segundo más lento de lo normal. Pequeños detalles.