El Mundo de las Mentiras Los Caidos

Pendientes

El campo de entrenamiento olía a polvo y hierro. Los soldados formaban un círculo amplio. Nadie hablaba.n Aquiles avanzó al centro, el pecho aún agitado; Tres capitanes, sin pausa y sin descanso. Esta vez debía bastar. —?No?—

Al otro lado, Kratos no se movía.

—¿Terminaste? —preguntó.

Aquiles asintió, sin bajar la guardia. Kratos lo sostuvo con la mirada.

—Otra vez.

Aquiles exhaló por la nariz.

—¿Con quién? Ya vencí a los tuyos.

Silencio.

—No ganaste —dijo Kratos—. Sobreviviste.

Un murmullo bajo recorrió el círculo. Aquiles ladeó la cabeza.

—Tres capitanes elegidos por ti.

—Tres errores.

La respuesta cayó limpia. Aquiles sonrió apenas.

—Claro… siempre hay un error.—Dio un paso al frente.—Y tu seras el proximo

Kratos inclinó la cabeza. Atacó sin aviso y el golpe entró al costado. Aquiles bloqueó tarde; el impacto lo desplazó un paso. No cayó, ajustó postura, respiración, distancia.

[No otra vez].

Avanzó primero. Rápido y preciso. Entró corto, buscó cerrar el ángulo, pero Kratos ya estaba ahí.

[Nada.]

Aquiles cambió el ritmo. Amagó alto, giró la muñeca, cortó abajo.

[Todavia nada.]

Retrocedió medio paso y volvió a entrar, más agresivo.

[Maldicion]

El aire empezó a faltarle antes de lo esperado. El círculo se cerró apenas. Aquiles apretó los dientes, no como antes. Forzó la distancia y esta vez no buscó precisión, buscó romper: El ataque fue más rápido, más directo.... más suyo.

Kratos lo detuvo y lo derribó. El impacto contra el suelo fue seco. El aire se le vació del pecho.

Silencio.

Kratos lo observó desde arriba.

—Otra vez.

Aquiles no se levantó. Clavó la mirada en la tierra y soltó una risa corta, sin aire.

—Claro…—Apoyó un brazo, pero no se incorporó.—Siempre falta algo.

Kratos no respondió. Aquiles cerró la mano sobre la tierra.

—¿Cuándo es suficiente?—La voz salió más baja, más cargada. Alzó la vista.—¿Cuántas veces más tiene que verse igual?

Silencio.

Aquiles sostuvo la mirada.

—¿O es que da igual lo que haga?—El murmullo se apagó por completo.—Porque empieza a parecer que no estoy fallando yo.

El aire cambió. Nadie se movió. Kratos no respondió de inmediato. Bajó la vista un instante. Luego volvió a fijarla en él.

—Levántate.

No fue una orden más, fue más dura, pero Aquiles no se movió al instante Un segundo... dos y se puso de pie al fin, sin apartar la mirada.

Kratos dio medio paso atrás.

—Cuando dejes de hacer esa pregunta —dijo—, dejarás de necesitar la respuesta.

Silencio.

Aquiles sostuvo su mirada un momento más y algo en su gesto no cedió. Kratos se giró.

—Has terminado.

Los soldados empezaron a dispersarse, sin hablar.

—El entrenamiento ha terminado.

Nadie discutió. Aquiles se quedó de pie en el centro.

Aquiles no fue a la taberna ese dia; despues del brutal golpe, decidio evadir a sus companeros y se ecnontraba caminando sin rumbo, como si el cuerpo decidiera por él, cuando se dio cuenta, ya estaba lejos del ruido: El panteón estaba vacío y el viento arrastraba hojas secas entre las piedras.

Se detuvo.

Alguien estaba sentado entre las tumbas. Un hombrecillo demasiado cómodo para ese lugar.

—Peleas bien —dijo, sin mirarlo.

Aquiles no respondió.

—Pero no lo suficiente, ¿no?

Aquiles giró apenas la cabeza.

—¿Me estabas observando?

—A todos —pausó—. Es un hábito.

Silencio.

Aquiles no avanzó esta vez.

—No eres soldado.

—No.

El hombre no explicó más.

—Pero entiendes a los soldados —añadió Aquiles, seco.

—Lo suficiente.—pauso.—Entiendo lo que se siente… cuando haces todo bien y aun así no cambia nada.

Aquiles sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario.

—No sabes nada de eso.

El hombre sonrió apenas.

—Tres capitanes.

Silencio.

Aquiles no respondió.

—Sin pausa —continuó el hombre—. Sin margen de error.

Ahora sí lo miró.

—Entonces sí estabas mirando.

—No era difícil.—pauso.—¿Te reconocieron?

Aquiles no contestó.

—Déjame adivinar —siguió el hombre—. Te corrigieron.

Aquiles tensó la mandíbula.

—Es su trabajo.

—Claro —dijo el hombre—. Siempre lo es… cuando ya decidieron qué eres.

Aquiles lo miró fijo.

—No tienes idea de lo que hablas.

El hombre inclinó la cabeza, como concediendo algo menor.

—Puede ser.

Silencio.

—Dime algo —añadió—. ¿Cuántas veces necesitas demostrarlo?

—Las necesarias.

El hombre asintió, sin discutir.

—¿Y cuántas llevas?

Aquiles no respondió.

—Porque desde fuera —continuó— no parece una prueba.—pauso.—Parece un patrón.

El viento pasó entre las tumbas. Aquiles dio un paso al frente.

—Hay jerarquía.

—Siempre la hay.

—Y hay que ganarse el lugar.

—Claro.

El hombre lo miró por primera vez con atención real.

—¿Y lo estás haciendo… o solo estás esperando que lo admitan?

Silencio.

Aquiles sostuvo la mirada, pero esta vez no tuvo respuesta inmediata.

—Kratos sabe lo que hace.

—No lo dudo.—pauso.—La pregunta es… si eso te incluye.

Aquiles frunció el ceño.

—¿Qué se supone que significa eso?

El hombre se encogió de hombros.

—Que a veces no te están probando…—Lo miró apenas.—…te están usando para confirmar lo que ya decidieron.

El aire cambió. Aquiles negó, rápido.

—No.

—No, claro.

—No es así.

—Nunca lo es —respondió el hombre con calma—. Hasta que empieza a serlo.

Silencio.

Aquiles apretó los dientes.

—No entiendes cómo funciona esto.

—Explícamelo.

Aquiles dudó. Esta vez más evidente.

—Se gana con resultados.

—Ya los tienes.

Silencio.

—Y sigues aquí —añadió el hombre—. En el mismo punto.

Aquiles desvió la mirada un instante.



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En el texto hay: reflexiones, absurdísmo

Editado: 17.04.2026

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