La nieve caía sin viento. Cuando el viento desaparecía, el norte parecía contener la respiración y aquella noche… todo respiraba demasiado lento.
La fortaleza de Vigrad permanecía despierta y bajo toda esa calma aparente… algo comenzaba a endurecerse.
El salón inferior estaba cerrado. Las mesas habían sido apartadas hacia los extremos y sobre la madera central descansaban los mapas abiertos e informes. El fuego de las chimeneas apenas conseguía romper el frío.
Kotlyarevsky permanecía de pie frente al mapa principal. La luz naranja del fuego atravesaba parcialmente las cicatrices de su rostro mientras observaba las rutas del norte como si estuviera mirando heridas abiertas. Bjorn bebía hidromiel desde un cuerno enorme sentado cerca de la pared. Su hacha descansaba apoyada junto a él, pesada, inmóvil… como un animal dormido. Zhukov estaba sentado más apartado, revisando documentos con una tranquilidad que resultaba irritante incluso dentro de La Parca. Kutuzov observaba en silencio... como siempre. Suvorov permanecía cerca del fuego con el rifle apoyado entre ambas manos. La culata descansaba contra el suelo de piedra y sus dedos enormes permanecían inmóviles sobre el arma.
Nadie hablaba todavía. Afuera el hielo seguía acumulándose sobre el reino. Finalmente Bjorn rompió el silencio.
—Los jóvenes ya no entrenan igual.
Nadie respondió de inmediato. Bjorn bebió otra vez.
—Ya no cargan.—escupió la palabra.—Esperan.
Zhukov levantó apenas la mirada.
—Ahora volver vivos sirve más que morir correctamente.
Bjorn soltó una risa áspera.
—Si... el Vahalla estaria decepcionado.
Kutuzov bebió lentamente antes de hablar.
—No es solo el ejército.
Kotlyarevsky seguía mirando el mapa.
—Lo sé.
Kutuzov continuó:
—Las ciudades están cambiando.—pausa.—Las rutas funcionan.—otra pausa.—La comida llega más rápido.
Bjorn golpeó la mesa con el cuerno.
—Porque los occidentales las reorganizan
Bjorn habló otra vez más bajo esta vez.
—Los soldados ya no cantan antes de luchar. Ahora limpian armas y esperan órdenes.
Kutuzov cerró lentamente uno de los informes.
—Las órdenes estan funcionando.
Bjorn lo miró fijamente.
—Eso no significa que me guste.
Kotlyarevsky finalmente se movió lentamente.
Sus dedos recorrieron las rutas marcadas sobre el mapa.
—El problema nunca fue Lancelot.
Todos levantaron la vista; incluso Suvorov. Kotlyarevsky habló sin apuro.
—El problema es lo que viene detrás de él.
—¿Ma-Maelgoriun?
Kotlyarevsky negó apenas.
—No.—miró el mapa.—Algo peor.
Bjorn frunció el ceño.
—Habla claro.
Kotlyarevsky levantó lentamente la mirada.
—La costumbre.
.Zhukov agrego.
—Si esto continúa… el norte se acostumbrará.
Kotlyarevsky asintió.
—A obedecer órdenes extranjeras. A guerrear como ellos y sobretodo a pensar como ellos.
Bjorn apretó lentamente la mandíbula.
—No voy a permitir eso.
Kutuzov observó a Kotlyarevsky.
—¿Entonces?
El fuego crujió violentamente. Kotlyarevsky apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Entonces rompemos la tregua.
Silencio absoluto. Incluso la leña parecía haberse detenido. Bjorn fue el primero en sonreír.
—Por fin. Accion.
Kutuzov permaneció quieto. Zhukov simplemente observaba. Suvorov levantó lentamente la mirada desde el fuego.
—¿Que-Que planeas?
Kotlyarevsky sostuvo su mirada varios segundos antes de responder.
—Roma La Marca tiene que perder algo.
Todos quedaron expentantes.
—Escuchen, informes dictan que hay un rey muy impulsivo.
Suvurov intervino
—?Pla-planeas danarlo verdad?
Silencio.
Kotlyarevsky no apartó la vista.
—Necesitamos su fractura irreversible, tal vez..
—N-no... no un hijo.—Suvurov interrumpio.
Ahora el salón sí cambió. Bjorn lo observó en silencio. Zhukov dejó lentamente los documentos sobre la mesa.
Kotlyarevsky habló con calma absoluta.
—Necesitamos una respuesta emocional.
Suvorov negó lentamente.
—Hay otras formas.
—No suficientemente rápidas.
—Fuiste, pa-padre. Co-conoces, ese dolor.
Silencio. Kotlyarevsky caminó lentamente hacia él. Las botas resonaron sobre piedra fría.
—Y el norte entero también lo es.
Suvorov sostuvo la mirada.
—No voy a tocar a ningun ni-nino.
Kotlyarevsky asintió apenas, como si hubiese esperado exactamente esa respuesta.
—Se que tampoco aprobarias tocar a la madre del chico. Por eso cuando esto empiece… necesitaremos estabilidad militar inmediata.
Suvorov permaneció inmóvil.
—El ejército debe mantenerse unido; las ciudades tranquilas y los oficiales alineados.
Kotlyarevsky dio un paso más cerca.
—Necesitamos al Mariscal Protectus del Norte.
La frase quedó suspendida sobre el salón. Finalmente habló.
—N-no secuestraré a esa madre.
Kotlyarevsky asintió.
—P-pero cuando llegue el momento…
Bjorn levantó lentamente la vista. Suvorov cerró la mano alrededor del rifle.
—…protegeré el norte.
Bjorn bebió lentamente otra vez, más tranquilo ahora.vZhukov apoyó los codos sobre la mesa.
—Entonces queda la narrativa.
Kotlyarevsky lo miró.
—Habla.
Zhukov abrió uno de los documentos.
—No basta romper la tregua.—pausa.—Debemos romper la confianza.
Kutuzov observó los papeles.
—¿Lancelot?
Zhukov asintió.
—No directamente.—pequeña sonrisa.—Nunca directamente.
Comenzó a enumerar con absoluta calma:
—Mensajes filtrados y rumores militares.
Bjorn soltó una risa baja.
—Eso suena muy occidental.
Zhukov lo miró apenas.
—Funciona.
Kotlyarevsky volvió lentamente hacia el mapa.
[Cuando esto termine… o el norte vuelve a pertenecerse… o desaparece lentamente creyendo que todavía existe.]