El campo de batalla estaba en silencio. No el silencio de la calma, sino el silencio de un cementerio abierto: un vacío saturado de humo, cuerpos, y el hedor insoportable de la derrota. Los caballeros de Mane y Piero, huérfanos de mando, miraban incrédulos el suelo donde yacían sus generales. Nada quedaba por lo cual luchar. Nada, salvo las memorias de aquellos que murieron esperando redención.
Mentiroso, con su lanza ensangrentada aún palpitando en el aire, levantó los brazos. Su voz se alzó, resonante, como un falso profeta sobre un altar de cadáveres:
—¡Vedlo! ¡Vuestros ídolos han caído! ¡Yo soy el que reina sobre las cenizas, yo soy la verdad que no podéis negar!
*Una manta con pintura se deja llevar por el viento*
Las tropas enemigas, a medio aliento, rugían de júbilo. Pero entonces, ocurrió lo imposible.
Una daga atravesó la espalda de Mentiroso, hundiéndose con precisión letal. Su grito fue un rugido arrancado de las entrañas del abismo. Al girar, sus ojos encontraron los de ella. Stargirl.
No estaba sola: con ella irrumpieron sus perros fieles, aullando como lobos celestiales, y su guardia personal, una fuerza imponente inspirada en los antiguos pretorianos de Roma. Avanzaban como un río de acero, aplastando la retaguardia enemiga en nombre de la reina.
Mentiroso, tambaleante, trató de responder, pero el filo de Stargirl lo atravesó de nuevo, y su cuerpo cayó entre la multitud de los suyos, quebrando el último grito de su tiranía. El ejército, sin mando, fue consumido por el caos.
¿Como ella irrumpió sin que nadie se diera cuenta? La respuesta está en su amor, tienes que volver e imaginarte cosas que no he puesto, excava en mis frases y rompe la respuesta, o tal vez ya estuvo rota.
Cuando todo terminó, Stargirl avanzó entre cadáveres hasta los caballeros de Mane y Piero. Su voz, firme y dolida, preguntó:
—¿Dónde están los hermanos de Mane?
Uno de los soldados bajó la mirada, incapaz de sostenerla, y con un gesto de mano temblorosa respondió:
—Mira al suelo…
Allí, entre la sangre seca y la tierra negra, estaba él. Mane, arrastrándose apenas, con el pecho atravesado, la vida desangrándose gota a gota.
Stargirl dejó caer su espada y corrió hasta él. Lo tomó en brazos, y el campo, por un instante, pareció detenerse. Todos los soldados recibieron la orden de retirarse y asegurar la zona: la reina había hablado. Ella y su amado debían quedar solos.
En aquel abrazo de sangre y muerte, los hermanos Mane ya eran memoria. Piero, Joshua, Andy… todos se habían ido. Sólo él quedaba, temblando entre la vigilia y el sueño eterno.
Con voz quebrada, Mane susurró, cada palabra un hilo arrancado de su alma:
—Fui un cobarde… y eso me trajo hasta aquí. Todos mis hermanos murieron por mi culpa. Ya no queda nada para mí… solo veo a mi madre, esperándome… Pero recuerda algo, ¿sí? Aunque mi cuerpo esté en ausencia… aunque pierdas la fe en mí… estaré en prudencia, aguardando tu paciencia… para regresar. Lo siento… mi Ratoncita… te… amo.
Sus labios buscaron los de ella, pero el aire ya no le alcanzaba.
—¡No! —gritó Stargirl, sus lágrimas cayendo sobre el rostro de su amado—. ¡No me dejes, te lo pido! ¡Ya te fuiste una vez, no quiero que vuelvas a irte! ¡POR FAVOR, MANE, NO TE VAYAS!
Sus perros aullaban, lloraban, arañaban el suelo con desesperación, como si comprendieran que la manada se desgarraba para siempre.
El corazón de Stargirl se quebró cuando recordó aquello que nunca le dijo: que llevaba en su vientre tres vidas, tres hijos de Mane. Apretó su cuerpo contra el suyo y sollozó:
—La única forma de que te perdone es que te quedes… que me ayudes con nuestros hijos… que protejas a nuestros perros…
Entonces, ocurrió lo imposible. La mano inerte de Mane se alzó apenas, como un eco de voluntad. Con los dedos temblorosos, rozó la frente de cada perro, marcándolos uno a uno, como si los bendijera con su último aliento. Después, se dejó caer. Y la vida se extinguió.
Stargirl —Stargirl— rompió en un llanto devastador. Todo lo vivido juntos se convertía en recuerdo: las noches de pasión, las risas, las batallas, los silencios compartidos. Todo lo amado quedaba atrás. Solo quedaba el vacío.
Fue entonces cuando, entre la bruma de la muerte, una figura se acercó: el campesino. El mismo que Mane había encontrado antes. Su bastón parecía brillar con un resplandor oculto, y habló con solemnidad:
—Tu hombre encuentra descanso en tus brazos. Fue vencido por Redención, pero herido por la Mentira. Ha sido una gran evolución… y una gran historia.
Stargirl, con la voz ahogada por las lágrimas, preguntó:
—¿Quién eres?
—¿Quiénes somos? —respondió él con calma—. No lo sabrás por nombre, sino por acciones. Eso es lo que define a los hombres. Conversé con él antes de que viniera cabalgando.
—¿Y qué te dijo cuando lo viste?
El campesino suspiró.
—Nada claro. Divagaba entre razones para haber partido. Era testarudo, como siempre… pero en el fondo sabía que eso era lo que necesitaba. Lo conozco más de lo que imaginas.
Stargirl lo miró con rabia y dolor.
—Entonces muero con la duda de por qué se fue.
El campesino asintió, con tristeza en los ojos.
—Permíteme, madame. Te lo contaré cuando sea el momento. Pero ahora debo irme. Las tropas regresan…
Su figura se desvaneció en la penumbra, dejando a Stargirl abrazada al cadáver de su esposo, en medio de un campo que ya no pertenecía a la vida, sino a la eternidad.
Stargirl llamó al soldado vigilante cercano a la puerta.
—Amigo, que preparen todos los cuerpos para que estén presentables en el funeral…respecto a los hermanos— con voz cristalizada aclaro—Yo seré quien le diga a sus familias que han fallecido—.
—Perfectamente claro y entendido—.