En los pasillos largos y vacíos de una casa sencilla donde vivía Margina, una adolescente de catorce años. Ella caminaba por los pasillos todos los días, pues era lo único que hacía, ya que no tenía hermanos.
Su hermanito falleció a los dos años de edad debido a un envenenamiento en la leche. Sus padres y Margina lo llevaron al hospital, pero ya era demasiado tarde. Sus padres quisieron llenar ese vacío trabajando todos los días, incluido los domingos. Tanto trabajo que sus padres se volvieron trabajólicos. Ahora son personas ocupadas, siempre rodeadas de papeles, llamadas telefónicas y reuniones interminables.
¿Y qué hay de Margina?
Ella también se sintió triste por la terrible perdida de su hermano. Debido a lo doloroso que fue, dejo la escuela. Se dedico a estudiar todos los cursos con ayuda de libros. También leía libros para entretenerse si tenía tiempo libre.
Cuando quería pasar tiempo con sus padres, solo para que descansaran de su cansado trabajo… Ellos siempre encontraban una excusa para no mirarla, para postergar cualquier conversación con un “luego hablamos, Margina” que nunca llegaba. Cuando quería acordarse de su hermanito, abrazaba un conejito de peluche, era su favorito y siempre encontraba consuelo en ese conejito de peluche.
Hasta que un día decidió algo, que para mí era terrible idea.
Margina salió de su casa a pasear un rato por las calles de su ciudad. Vio a muchos adolescentes paseando con sus amigas, otros paseando con sus padres.
‘‘Que suerte tienen esos adolescentes de pasar tiempo con sus padres’’ decía Margina, pero de manera calmada y sin resentimiento, ‘‘Pero así es la vida de un trabajador para mantener el hogar y a su familia’’
Cuando el sol estaba a punto de oscurecer quería volver a casa. Pero cuando camino a una avenida desconocida para tomar un atajo, sin embargo, vio un edificio pintado con techo rojo y paredes de color piel. Margina se paró al mirar el edificio un rato. Miro la verja con un cartel desgastado que decía el nombre del edificio y su eslogan:
EL MUNDO DE LOS ADOLESCENTES FELICES
‘‘No más indiferencias, no más abandono’’
Margina quedo impresionada como era el internado por afuera. Pronto vio su reloj marcando un cuarto para la seis. A punto de irse escucho la voz de una mujer en la puerta dorada de la verja que le pregunto con una voz tranquila:
‘‘¿A dónde tan sola, querida?’’ era una mujer que la ve con una sonrisa tranquila, aunque inquietante. Era alta y esbelta, con cabello oscuro y recogido hacia atrás. Vestía de manera elegante, con un uniforme de laboratorio. Usa gafas, pero tiene los ojos morados, un anillo dorado y unos zapatos negros, ‘‘Te veo muy sola’’
‘‘Sí, señora’’ respondió Margina amablemente, ‘‘Estaba a punto de volver a casa’’.
‘‘¿Y tus padres?’’.
‘‘Están muy ocupados en su trabajo y siempre me quedo sola en casa’’.
‘‘Oh, cariño es una lástima’’ ‘‘Sí, pero está bien. Así es la vida. Yo los amo mucho.
‘‘No, querida, no está bien’’ dijo con una voz oscura, ‘‘Tus padres no te quieren. Se ve que no te quieren y por eso estás sola. Pero no te preocupes, puedes vivir en mi internado. Ahí te daremos atención y cariño.’’
‘‘¿En serio?’’
‘‘Sí, querida. Tendrás muchos amigos.’’
‘‘Iba a regresarme a casa, pero me convenciste. Solo permítame regresar a casa’’ dijo Margina con entusiasmo, ‘‘Debo ir por mis cosas’’
‘‘No te preocupes, yo te esperare’’
Esa misma noche, regreso a su casa, empaco en su mochila su ropa, su libro favorito y el peluche de su hermanito. Dejo una nota a sus padres que ni siquiera sabía que lo iban a leer. La carta decía:
Nota
Mamá, papá, he decidido irme de esta casa a un internado. Les digo un hasta luego.
Con amor, Margina
Y luego huyó de casa sin mirar atrás.
Llegó al internado unos veinte minutos. La misma mujer la esperaba en la entrada.
‘‘Bienvenida a este gran internado’’ dijo con entusiasmo ‘‘Creo que no nos presentamos. Mi nombre es Liora, aunque me puedes llamar La Gran Dama del Internado. Me gusta que me llamen así. Yo soy la directora y fundadora de este internado. Pasemos adentro para que conozcas a los demás’’
Al entrar, Margina quedó maravillada y asombrosa. El internado era enorme, con pasillos adornados por cuadros hermosos, cada uno con el retrato de un adolescente diferente. Las habitaciones eran acogedoras, las luces cálidas. Había chicos y chicas riendo, corriendo por los pasillos como si estuvieran en el mejor lugar del mundo.
Dos chicas se acercaron, una era pelirroja de estatura baja y la otra rubia de estatura alta.
"Hola, tú debes ser la nueva’’ dijo la chica baja.
‘‘Si, así es’’ respondió Margina amablemente.
‘‘Un gusto’’ dijo la otra chica alta, ‘‘Yo soy Daly y ella es Argely, es mi primera amiga’’
‘‘Un gusto, soy Margina’’
‘‘Ja, veo que ya se hicieron amigas’’ dijo Liora, ‘‘Si me ayudan a presentarle a Margina el internado. Tengo muchas cosas que hacer, se los agradecería. Ah Margina, te adaptaras muy rápido’’
Editado: 28.02.2026