Margina y Argely se despertaron de un salto por la risa. Se sentaron al borde de la cama.
‘‘¿Escuchaste eso?’’ preguntó Margina.
‘‘Si, se escuchó como una persona loca’’ respondió Argely.
De pasó vio el reloj de la mesita de noche que marcaba: 19:31
‘‘Aún Daly no vuelve’’ dijo Argely preocupada.
‘‘Sí, hace cuatro horas que está en la oficina de Liora’’
‘‘Si vamos a investigar que es lo que pasó’’
‘‘Buena idea, Argely’’
Y las dos chicas salieron de su habitación hasta llegar a la oficina de Liora. Para no interrumpir de forma descortés, pero no hubo respuesta. Argely y Margina vieron que la puerta estaba entreabierta y decidieron entrar. No había absolutamente nadie en la oficina. Argely busco por la izquierda y Margina en la derecha. Lamentablemente no hubo nada, ni encontraron a Daly.
Argely se apoya en la estantería para apoyarse y descansar, entonces algo extraño ocurrió. Justo Argely se apoyó en el lomo rojo y eso activo el mecanismo de la puerta secreta.
‘‘Mira eso, Argely’’ dijo Margina con asombro, ‘‘Un pasadizo secreto, tal vez está Daly por ahí’’
Y caminaron por el pasillo oscuro. Vieron los cuadros de los adolescentes con las caras de auxilio. Reconocieron a los desaparecidos… incluido Julián. Margina y Argely sintieron un escalofrió al ver dichos cuadros.
‘‘Mira esos cuadros, Argely’’ dijo Margina. ‘‘¿Quién es el que haría tremenda atrocidad?’’ preguntó Argely.
‘‘Fui yo, la responsable de esto’’ respondió Lady Liora detrás de Argely y Margina.
Las dos chicas se sobresaltaron e intentaron escapar, pero Day y Kentin se interpusieron en su camino y agarraron a las dos chicas para que no escaparan.
‘‘¿T-tú hiciste esto? dijo Argely tartamudeando por el terror.
‘‘Si, querida’’ respondió Lady Liora fríamente, ‘‘¿Te gusta?’’
‘‘Eres un monstruo’’ dijo Margina con repulsión’’
‘‘No es mi primera vez, querida’’ dijo con una calma escalofriante. ‘‘Ya hice eso durante ocho años y mira, soy exitosa con esto. Tengo 263 víctimas en estos cuadros malditos y queme algunos 22 porque quería silencio, a veces los perdonaba para no arrojarlos a la chimenea… eso era porque quería música para mis oídos’’
‘‘¿Qué te hicieron ellos para merecer eso?’’ preguntó Margina con horror.
‘‘Porque me divierte mucho, querida’’ respondió con una voz fría.
‘‘Sí, Liora’’ respondió Argely con firmeza y mirada llena de desprecio, ‘‘Veo que eres un monstruo sin pasado’’.
‘‘Ahora entiendo de lo que dice: ¿Los villanos nacen o se hacen?’’ gritó Margina, con el miedo vibrando en su voz, pero sin apartar la vista de la hechicera.
Liora chasqueó la lengua, irritada. ¿Quiénes se creían para juzgarla?.
’’No entienden nada’’ gritó con frialdad.
Agarro un cuadro y alzó las manos. El aire de la habitación pareció volverse más denso. Oscuro. Las paredes crujieron, como si el internado mismo sintiera lo que estaba por ocurrir. La hechicera comenzó a recitar su hechizo en latín, y la pintura de los cuadros colgados en la pared comenzó a retorcerse, como si algo en su interior se revolviera con impaciencia.
Argely y Margina sintieron el frío recorrerles la piel. No había escapatoria.
Pero cuando la magia negra estaba a punto de alcanzarlas, Margina, en un último acto de desesperación, tomó un cuadro cerca de ella y lo usó como escudo para proteger a Argely.
Nadie, ni siquiera Liora, esperó lo que ocurriría después. El hechizo, en lugar de golpear a Argely y Margina, se reflejó en el cuadro y se retorció en una explosión de energía. La magia se descontroló. Una ráfaga de luz oscura se expandió por la habitación, y de repente, el suelo pareció desaparecer bajo sus pies.
‘‘¡¿Qué está pasando?!’’ gritó Kentin, con terror. ‘‘¡No… esto no es posible!’’ exclamó Day, aferrándose en las piernas de Kentin.
La energía envolvió a todos como un torbellino imparable. Primero fue Argely, su cuerpo se desvaneció en la luz oscura. Margina trató de gritar, pero sus labios se sellaron cuando la magia la atrapó también. Luego, Day y Kentin fueron arrastrados sin poder hacer nada. Un solo cuadro gigante comenzó a formarse en medio de la habitación… absorbiendo a todos.
Todos fueron absorbidos, excepto Liora. En el último segundo, la hechicera dio un paso atrás. Su instinto de supervivencia fue más fuerte que cualquier otra cosa. No intentó ayudar. No gritó por sus secuaces. No extendió una mano para salvar a nadie. Solo escapó la maldita cobarde.
Cuando todo terminó, el torbellino se disipó y la habitación volvió a la calma. El gran cuadro quedó en el suelo con un golpe sordo.
Liora se acercó lentamente, su expresión vacía, fría que observaba la pintura con detenimiento: en ella estaban Argely, Margina, Day y Kentin atrapados para siempre. Podía ver sus rostros. Expresaban terror. Sus ojos reflejaban el momento exacto en que fueron atrapados.
Pero Liora no mostró ni un solo signo de compasión. No le importaba nada de lo que pasó. Se inclinó, levantó el cuadro con cuidado y lo llevó hacia la pared. Con una tranquilidad escalofriante, lo colgó junto a los demás, donde los cientos de rostros atrapados la observaban en silencio. Sus ojos recorrieron el cuadro una última vez.
Editado: 02.03.2026