Antes de todo aquello, Phillips Black era simplemente un niño.
Un niño tranquilo.
Demasiado tranquilo para su propia edad.
No hablaba mucho en la escuela. No discutía con nadie. No se defendía.
Y por eso lo molestaban.
Todos los días.
Los empujones comenzaron como bromas. Después llegaron los insultos. Luego los golpes.
Phillips nunca respondía.
Solo bajaba la cabeza.
Su vida cambiaría para siempre el 17 de diciembre de 1979.
Ese fue el día en que todo terminó.
Y también el día en que todo comenzó.
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Editado: 29.03.2026