Evans no pudo dormir esa noche.
Las manos le temblaban.
Las imágenes no dejaban de volver a su mente.
Los golpes.
Los gritos.
El silencio final.
Entró a la cocina.
Su madre estaba allí.
-¿Qué pasa? -preguntó ella.
Evans comenzó a llorar.
Le contó todo.
Cada golpe.
Cada momento.
Cada segundo.
Después dijo algo que ni él mismo creía posible:
-Tenemos que llamar a la policía.
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Editado: 29.03.2026