Me sentía muy triste por todo lo que estaba pasando últimamente, Estaba recostado en mi cama, a punto de dormir, cuando de pronto noté que la ventana de mi cuarto estaba abierta. Me levanté para cerrarla, pero al hacerlo vi el cielo lleno de estrellas como como nunca antes lo había visto. Me quedé despierto hasta tarde mirándolas, Eran preciosas y brillaban como pequeños diamantes en la oscuridad. Su luz se reflejaba en el vidrio de la ventana, y por un momento olvidé todo lo que me hacía sentir mal.
Mientras observaba, sentí una tranquilidad que no había sentido en mucho tiempo. En ese instante, mirando aquel cielo infinito, me sentí el niño más feliz del mundo.
Cuando amaneció ya era tarde para ir al colegio, pero aun así me presenté. Siempre me ha gustado estudiar y tener buenos promedios. Sin embargo, ese día me sentía muy solo.
No tener amigos me hacía pensar quw tal vez había algo raro en mí.
Sin darme cuenta, empecé a llorar.
Entonces se acercó una niña llamada connie. Se quedó mirándome por un momento y luego me preguntó con una voz amable:
—¿quieres jugar?
Yo levanté la mirada, sorprendido, y le dije que sí. Ella sonrió y me propuso jugar al escondite.
Cuando llegó mi turno de esconderme, caminé por los pasillos buscando un buen lugar. Sin pensarlo mucho, baje al sótano de la escuela, Allí estaba oscuro y silencioso, y por un momento me dio un poco de miedo.
Cuando intenté salir, la puerta se cerró de golpe y me quede encerrado, Mientras tanto, Connie me buscaba por toda la escuela, pero no me encontraba. Al final decidió ir a avisarle a la directora porque pensó que me había perdido.
Yo, dentro del sótano, encontré una linterna y la encendí. La luz iluminó algunas cajas viejas y objetos olvidados. Empecé a mirar alrededor con curiosidad, hasta que encontré algo que llamó mi atención:un manual y un telescopio.
No sabía para qué servía exactamente, asi que abrí el manual y comencé a leer. Entonces lo entendí. Era un telescopio para ver las estrellas.
Sentí una emoción enorme. Era como si hubiera encontrado un pequeño tesoro escondido en aquel lugar oscuro.
En ese momento entró la directora y me preguntó que porque estaba allí Le expliqué que me había quedado encerrado jugando al escondite. Ella me dijo que no debía volver a meterme en el sótano y yo le prometí que no lo haría otra vez.
Cuando llegué a mi casa, lo primero que hice fue pedirle a mi mamá un telescopio a mi mamá. Pero ella me explicó que no podía comprármelo porque mi papá habla sido despedido del trabajo.
Eso me puso muy triste y un poco enojado, así que me fui a mi cuarto. Pero después de pensar un rato, se me ocurrió una idea: intentar hacer uno de cartón.
Ese mismo día comencé a construirlo. Mientras estaba trabajando, Connie llegó a mi casa para ayudarme. Nos pusimos manos a la obra con mucha emoción. Cortamos cartón, pegamos piezas y tratamos de seguir lo que recordaba del manual.
Después de dos largas horas, logramos terminarlo.
Ahora solo quedaba esperar que fueran las siete de la noche para probarlo.
Cuando finalmente llegó el momento, miré a través de nuestro telescopio improvisado. Tal vez era perfecto, pero para mí era increíble. Si funcionaba, podría decir que aquella sería una de las mejores noches de mi vida.
Estaba viendo mi lugar favorito: las estrellas.
Y además estaba con Connie, quien poco a poco comenzaba a convertirse en una persona muy importante para mí.
Lamentablemente, en ese momento llegaron los papás de Connie para recogerla. Ella tuvo que irse y no pudo ver las estrellas conmigo esa noche.
Aún así, mientras miraba el cielo pensé en algo.
Tal vez, cuando una estrella se oculta... Otra comienza a brillar.