El NiÑo Que Se Hizo Amigo De Las Estrellas

La Estrella Más Frágil

Pasaron varios días después de aquel hermoso suceso, y las estrellas hicieron Su magia en mi. Un día en el colegio, Samuel se acercó para decirme que no la estaba pasando bien con las otros niños, que extrañaba los momentos que pasábamos juntos.

Yo le respondí con una sonrisa:

—No te preocupes, podemos volver a ser amigos.

Desde ese día volvimos a estar juntos. Connie, Samuel y yo pasábamos mucho tiempo jugando, riendo y compartiendo momentos que poco a poco se estaban volviendo muy importantes para mí.

Un día el colegio organizó un campamento. Lamentablemente, mis padres no tenían como pagar el viaje por los problemas financieros de mi papá. Pero, para mi sorpresa, los papás de Connie decidieron pagarme el viaje. Connie les había dicho que sin mi no podría divertirse tanto como quería.

Finalmente llegó el día del viaje. Connie, samuel y yo nos sentamos juntos en el autobús. Durante el camino reímos mucho y hablamos de todas las cosas que haríamos cuando llegáramos.

Cuando llegamos al campamento, decidimos armar nuestra tienda juntos. Trabajamos en equipo y la pasamos muy bien. Mientras acomodábamos nuestras cosas, se me ocurrió una ídea:

—¿y si salimos esta noche a ver las estrellas frente al lago?

Samuel y Connie aceptaron enseguida.

Cuando llego la noche y todos se fueron a dormir, salimos en silencio de nuestra tienda y caminamos hasta el lago. Lo que vimos allí fue uno de los paisajes más hermosos que he visto en mi vida.

El cielo estaba lleno de estrellas que brillaban intensamente, y su luz se reflejaba en el agua del lago como si fueran pequeños espejos de luz. Todo estaba en silencio, y el aire fresco hacía que aquel momento se sintiera aún más especial.

Por un momento sentí que el mundo se había detenido solo para nosotros. Sin darnos cuenta, nos quedamos dormidos allí, frente al lago, bajo el cielo lleno de estrellas. Fue una de las mejores experiencias de mi vida.

Paso el tiempo y llegó el cumpleaños número doce de connie. Ella hizo una fiesta enorme y me invitó. La verdad, me sentí muy feliz, porque por primera vez sentí que realmente formaba parte de algo.

Pero horas más tarde todo cambió. Algunos niños comenzaron a burlarse de mí. Decían que un niño como yo no debería estar con ellos, que además de ser pobre, era retrasado.

Sus palabras me dolieron mucho. Pero samuel se acercó y me defendió.

—No te preocupes —me dijo—. Tú eres genial y siempre serás mi amigo.

Después de eso hicimos una pijamada con temática de frutas. Connie se disfrazó de fresa, Samuel de uva y yo me disfracé de banana. A pesar de lo que había pasado antes, terminamos riendo mucho y pasando un momento muy divertido.

Esos son momentos que a un niño autista como yo se nos quedan grabados para siempre. Mi mente guarda los recuerdos buenos y trata de olvidar los malos.

Gracias a connie y a Samuel aprendí algo muy importante: yo no era un niño retrasado. Solo tenía una forma diferente de ver el mundo. Mi mente miraba las cosas desde otra perspectiva.

Al día siguiente hubo una velada en la escuela, y se me ocurrió llevar mi telescopio de cartón.

Ese día comenzó muy bonito, porque estaba haciendo lo que más me gustaba con las personas que mas quería.

Pero todo cambió cuando llegaron dos niños: Isaac y Esteban.

Ellos comenzaron a burlarse de mí y, sin pensarlo destruyeron mi telescopio. Ese telescopio era muy importante para mi, porque me había costado mucho construirlo.

Sentí como si también hubieran roto algo dentro de mí.

Yo era un niño tranquilo, así que lo único que hice fue ponerme a llorar.

Isaac y Esteban comenzaron a gritar:

—¡El fenómeno está llorando!

—¡El fenómeno está llorando!

En ese momento sentí una rabia enorme. Perdí el control y le lancé un golpe a Isaac.

Como era de esperarse, Isaac empezó a llorar y a hacerse la víctima.

Al día siguiente citaron a mi mamá en la escuela. Le dijeron que yo había golpeado a Isaac, pero nunca le explicaron lo que realmente había pasado.

Entonces la directora dijo:

—Lo siento, señora, pero no podemos tener un niño problemático en esta escuela.

Y así fue como me expulsaron del colegio.

Ni mi mamá ni yo dijimos nada. Solo guardamos silencio.

Tres días después, mi mamá me inscribió en otra escuela.

Yo estaba muy triste, porque connie y Samuel ya no estarían conmigo. Pero intenté motivarme pensando en algo importante:el próximo año iríamos juntos a la secundaria.

Solo tenía que resistir un año más. Y entonces volveríamos a estar juntos otravez.



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En el texto hay: ilumina tu vida

Editado: 16.03.2026

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