Mike
Quince días después de la muerte de connie, su mamá llegó a mi casa con un sobre en las manos. Se veía muy triste, pero también tenía una pequeña sonrisa. Me dijo que connie había dejado algo para mí.
Dentro del sobre había una carta y un pequeño mapa.
En la carta decia:
"te dejé un mapa para que me encuentres. Soy la estrella más brillante que podrás encontrar. Ve a las 7 p.m. al lugar al que te llevará el mapa."
Cuando llegó la hora, salí de casa con el mapa en las manos. Mientras caminaba, no podía dejar de pensar en connie y en todos los momentos que habíamos vivido juntos.
Cuando llegué al lugar que marcaba el mapa, me di cuenta de algo.
Era el mismo lugar donde nos reunimos a ver las estrellas.
El mismo lugar donde connie decía que, aunque el mundo fuera oscuro, siempre habría una estrella que iluminara el cielo.
Miré al cielo por un momento y recordé nuestras risas, nuestras conversaciones y todas esas noches en las que los tres mirábamos las estrellas como si fueran pequeños secretos del universo.
Después de un rato llegó samuel.
Cuando lo vi, me sorprendí y le pregunté:
—¿Qué haces aquí?
Él me respondió:
—connie me citó aquí por medio de una carta y me dio este mapa.
Me quede en silencio por un momento, sorprendido de que connie hubiera pensado en reunirnos, incluso después de ya no estar con nosotros.
Le enseñé la carta a samuel y el me dijo:
—connie me dijo lo mismo...pero en persona, antes de morir.
Samuel bajó la mirada por un momento.
Luego me pidió perdón.
Me dijo que lamentaba haberse alejado y que siempre se arrepintió de haberme dejado solo.
Yo lo miré y, sin pensarlo mucho, lo perdoné.
Porque samuel no solo era mi amigo...era mi mejor amigo.
Empezamos a hablar, y lo que comenzó como unas pocas palabras se convirtió en una conversación muy larga.
Recordamos a connie, recordamos nuestra infancia y todos los momentos que habíamos vivido juntos.
Y poco a poco entendimos algo.
Connie siempre iba a estar con nosotros.
En letras pequeñas, la carta decía: "siempre que miren la estrella más brillante, soy yo cuidándolos."
Samuel y yo levantamos la mirada hacia el cielo.
Había muchas estrellas, pero una brillaba más que todas las demás.
En ese momento ninguno de los dos dijo nada.
No hacía falta.
Los dos sabíamos lo mismo.
Connie siempre estaría con nosotros...
iluminando nuestra amistad desde el cielo.