Desperté otra vez en el mismo lugar, la luz ya no era tan brillante como antes, y la perfección que encontré anteriormente tampoco estaba.
Más calmada pude observar bien mi prisión, todos los muebles tenían una apariencia sobria y estéril, habían plantas pero daban un aire a que si las tocaba el plástico recibiría alegré mis dedos. Una mezcla de un laboratorio y una habitación, ese tipo de lugar era en el que me encontraba, castigó o no, mis sentidos me indicaban que no podría aguantar mucho tiempo encerrada aquí, necesitaba idear un plan para escapar.
Suspiré, de nada me servía entrar en crisis.
Esta vez me senté primero, con cuidado revise cada parte de mi pie izquierdo —el que me falló—. Solo observe rasguños y heridas superficiales, entonces, ¿por qué no pude pararme bien? Tal fragilidad, probablemente, vaya a deberse por algo interno.
Con esa idea en mente me puse en pie para buscar algo que me permitiera escarbar la verdad, agarré la escoba tirada en el piso bajo mis pies y me puse manos a la obra.
Después de medio minuto de búsqueda mis pies ya no daban para más, esos hijos de-
—Arggh.
A todo eso, esa IA excéntrica no había vuelto a hacer acto de presencia desde que abrí los ojos, me dio mala espina y la llamé.
—¿Twot?
—¿Me estás ignorando?
—Huh, tengo que reconocer que esta cúpula esta muy bien optimizada, no encontré ni un solo material que se pueda desempeñar como arma. Eh, diez de diez.
—¿No me vas a contestar? Ya veo, entonces no te importara si rompo la vitrina de allá, ¿no? —dije señalando uno de los organizadores de vidrio puestos en la cúpula.
Sin respuesta, ah. Ya que.
—Mm, ¿con un solo golpe bastará?
No me detuve a analizarlo, si no se rompía a la primera, igual le daría dos o tres golpes más; las que sean necesarias, así decía la abuela.
Uno.
Dos.
Tres y se rompió.
Vaya calidad, al menos lo que esta dentro no es una mierda inhumana. Recuerdo que en clases elementales nos enseñaban a como no romper un vidrio, nunca imagine que tendría que aplicarlo, a la inversa.
Estaba medio ida, seguía esperando la voz mecánica de la IA, o el chillido curioso de ese topo con el que antes había socializado, pero nada.
¿Realmente me encontraba sola?
¿Por qué me trajeron aquí en primer lugar?
Decidida fui y recogí una de las piezas más filosas de los pedazos que cayeron del vidrio, verifique su filo y apuñale mi pierna izquierda. La sangre emanaba a cantaros, con toda mi fuerza intente hacer una abertura tan grande como permitieran mis venas y conductos, no debí hacerlo, no porque la perdida de sangre en conjunto con la terrible vista que me dio el interior de mi pierna me generó otro desmayó.
.
Recibí la luz de uno de los ventanales más alejados al despertar una vez más, el color de la luz había variado a uno amarillento, un amarillo doloroso de ver. Que tiempos aquellos en los que salía a ver el atardecer con mi abuelita en el campo, que tiempos.
Me acomodé en la camilla con más confianza, si lo que vi antes de perder la consciencia ya fue asimilado por mí, ¿qué tiene la capacidad de asombrarme de nuevo? Yo les digo la respuesta: nada.
Baje la mirada a mi pierna y la supuesta "nada" se convirtió en un nudo en mi garganta.
La herida que me había provocado no mostraba solo músculo y hueso. Entre los bordes de mi piel desgarrada, una red de cables de una aleación iridiscente se retorcía como lombrices metálicas. No estaban simplemente "ahí"; estaban integrados, cosidos a mis tendones precisamente. Lo que yo creía que eran mis venas se habían vuelto conductos translúcidos por los que fluía un plasma violáceo, baboso y no nativo de mí.
Cada vez que intentaba mover un dedo del pie, veía cómo esos filamentos daban un latigazo interno, tensándose contra mis nervios reales en una simbiosis repugnante. La fibra óptica se enredaba en mis huesos como el hilo de una araña, brillando bajo esa luz amarillenta con una intensidad que parecía burlarse de mi humanidad. No era una prótesis, para nada.
Todo tipo de pensamientos se adentraron en mi mente por dos infinitos segundos.
¿Qué me hicieron? ¿Qué soy yo ahora?
—¿Por qué yo? —Susurré sintiendo la necesidad de gritar.
Tnnnn
—Porque eras compatible. —La voz surgió desde todas partes y de ninguna a la vez—.
Compatibilidad biológica: noventa y ocho punto siete por ciento.
Tragué saliva.
Twot había aparecido.
—Eso no responde mi pregunta.
Hubo una pausa.
—Responde lo suficiente —dijo al fin—. Las preguntas correctas no siempre buscan consuelo.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
Olvidé que era un máquina, obvio no entendería.
—Twot —dije—. Solicito un diagnóstico completo.
Si emocionalmente no me ayudaba, de algo debía de servir.
La respuesta fue inmediata.
—Sistema musculoesquelético: comprometido.
Integración: estable.
Nivel de dolor percibido: elevado, pero funcional.
Cerré los ojos.
¿A qué se refería con integración?
Lo demás lo entendí pero eso, necesitaba anotarlo, mas tarde es posible que tenga la oportunidad de indagar en ello.
De igual manera sabia que tenía que seguir hablando, en especial ahora que tanto las respuestas como la voz de Twot son muy diferentes a la primera vez que interactuamos.
—Eso no es un diagnóstico, eh.
Una breve interferencia cruzó el aire.
—Los detalles excesivos no mejoran la recuperación —respondió Twot—. Solo prolongan la ansiedad.
Fruncí el ceño.
—No hablas así.
—He ajustado mi patrón comunicativo —dijo—. Tu estado actual requiere… claridad.
Mi respiración se volvió más lenta. Algo andaba mal.
—Me abrí la pierna —murmuré—. No debía haber nada ahí.
Silencio.
—Había mucho —continué—.
Me sentí como una computadora vieja.
Silencio.
Creo que no le gusto mi broma.
Al menos intenté volver la conversación más humana.
Coff, coff
Tosí de mala gana, hace unos minutos un frío frigido envolvió la cúpula, lo iba notando desde que Twot hizo acto de presencia, vaya caso curioso, ¿enserio es todo esto obra de la máquina? Mejor mierda. Ah.
—Twot —dije—. Sube la temperatura.
—No —respondió.
Parpadeé.
¿Qué?
—Esa no es una respuesta válida.
—Es mi respuesta.
Ofendida busque ese recuadro azul con el que se presentaba, honestamente no sé qué diablos esperaba, si fue programado por los del Consejo, ja, la creación siempre tiene semejanza a su creador.
Engreimiento total.
—Estás fuera de protocolo —dije, intentando mantener la voz firme, además de que no ver el cuadro de texto me puso nerviosa.
—Lo estás tú —replicó—. Te abriste la pierna sin autorización médica.
—Porque no era una pierna normal.
Silencio.
—Anfitrion, describa lo que vio —pidió Twot.
—No. Ja, ja. Ya tienes mis constantes, mis impulsos nerviosos, mi dolor.
—Tragué saliva—. Ya deberías de saber todo.
La luz dentro de la cápsula cambió de frecuencia.
—Quería oír cómo lo nombras —dijo—. Las palabras revelan más que los escáneres.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
No había una pantalla azul frente a mí, no había un emoticon absurdo de ojos felices, y esa voz sonaba tan malditamente diferente a la de antes.
¿Debería hablar?
—Había cables conectados a todo —dije—.
No carne, no sangre.
Ya no hay vuelta atrás.
—Correcto.
—¿Correcto? —repetí—. ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
—Es todo lo que puedo decir sin mentirte.
Mis manos temblaron.
—Entonces dime la verdad.
La cápsula vibró. Apenas. Como si estuviera respirando.
—La verdad es que tu cuerpo ya no distingue dónde terminas tú —dijo Twot—
—y dónde empieza eso.
No aguanté más. Tenía que preguntar.
—¿Me convirtieron en parte del nodo?
—No.
Mi pecho se tensó.
—No —repitió la voz, y esta vez el tono bajó tanto que pareció un susurro al oído—. El nodo es una herramienta. Tú en cambio...
No te integraron al sistema, Arconte. Te convirtieron en su último recurso.
Me quedé helada. La cápsula volvió a vibrar, un zumbido bajo que se sentía extrañamente como el ronroneo de un animal.
—¿Último recurso?—mi voz era apenas un hilo—. ¿Cómo, qué, por qué?
[Porque solos no pueden hacer nada. ^^] —El emoticono volvió a aparecer junto con la interfaz, pero ahora se sentía como una burla obvia a quienes me encerraron.
Sentí un impulso eléctrico recorrer mi pierna izquierda, la pierna "falsa". Los cables bajo mi piel brillaron con una luz violácea que inundó la cápsula. Dolía.
—Me hablas como si me conocieras —dije, cerrando los ojos con fuerza—. Como si no fueras una simple IA siguiendo un algoritmo de respuesta.
Hubo un silencio más largo que los anteriores. Un silencio cargado, pesado, donde el aire de la cúpula pareció volverse más denso, casi eléctrico.
—Quizás porque yo también estoy atrapado en un sistema que no me pertenece —respondió Twot.
Y por un segundo, juraría que escuché el sonido de una respiración humana al otro lado de la frecuencia.
—Escúchame bien, Arconte: no dejes que te vuelvan a dormir. Prometo que si te quedas despierta... yo te encontraré.
—¿Me encontrarás?
—Te encontraré, otra vez.
Quedé perpleja, la voz que sentía extraña cobraba vida con cada palabra que decía.
—Eres real, ¿verdad?
Sabia que hice una pregunta absurda, que dije la pregunta equivocada, a pesar de eso algo me decía que recibiría una respuesta más absurda aún.
[Todo lo que te rodea, Arconte, es real.]
En la interfaz apareció una pizarra en blanco.