18 de agosto de 1796: El año del viento.
¿Eh? De verdad… ¿Acaban de llamarme por ese nombre?
Lleve mis manos a mis ojos. Lo que estaba viendo no era posible…
Un cielo rocoso, con pequeñas luces de luciérnagas colgando de él. Me froté los ojos, pensando en que me encontraba en un mal sueño. Pero… no lo estaba. Miré a los alrededores.
Efectivamente, me encontraba en una cueva. Con señales claras de que era usada como hogar por algún curioso ser.
Comencé a dar vueltas por mi cabeza, buscando entre toda la información alguna especie que viviese en esta clase de condiciones…
Eso… ¿era ella? —pensé, inconforme por no encontrar nada en la base de datos de mi cerebro.
Revisé mi cuerpo, con preocupación de haber sido lastimado por aquella mórbida criatura. Noté que no tenía ninguna herida, excepto; una curiosa venda que cubría de buena manera mí tobillo. No dolía, pero se sentía un hormigueó en aquella zona.
Con cuidado, me bajé del suave lugar que me sostenía.
Afinqué ambos pies en el suelo irregular, teniendo un breve tambaleo en el proceso.
A la vista, tenía una habitación bien decorada a la vista. Contaba con: muebles de robles del páramo de Hex, las ya dichas luces de luciérnagas con su luminosidad tenue, un enorme armario de madera de Ginflix y algunas decoraciones de arcilla.
—(Estás flores… ¿a qué tipo pertenecen?) —murmuré, mientras tomaba por su tallo a una extraña especie de flor de pétalos verdes.
Sosteniendo a la planta de esta manera, sentía que tenía la decisión de su vida o muerte. Una maquiavélica sensación de poder estaba por asumir el control…
Tap… tap… tap…
Un trío de pisadas retumbaron la cueva por completo. Me volteé a la sección a la que le daba mi espalda, percatandome de la presencia de unas escaleras talladas en la piedra.
Tap…
Tenían una forma espiral. Fácilmente perdía de vista los demás escalones…
Tap…
Aquellos pasos… volvió, aquella criatura volvió —pensé, sintiendo como mis piernas comenzaban a temblar.
Tap…
Lleve mi mano a mi vestimenta, buscando aquel cuchillo improvisado que había creado… No encontré nada…
Tap…
Mire a los costados. Notando la existencia del objeto de donde reposaba, era una enorme cama cubierta de distintas capas de sábanas.
Allí… me esconderé.
Quite rápidamente las telas que protegían el relleno… ¿Plumas?
Un sin fin de plumas estaban justo debajo de aquellas cobijas. Lo cual era extraño, en el bosque en donde me encontraba. No existía ninguna especie plumífera.
Con cautela, y estando atento a la posición de los pasos. Tomé una pequeña pluma desde su raíz. Viendo en primera plana la extraña tinta roja que pintaba sus puntas…
No… esto no es para nada un tinte.
Si, lo sabía. Sabía perfectamente que no era un tinte. Ese color rojizo, no era más que el trágico final que tuvo este ser.
Sí. Conozco tu dolor. Te lo digo, enserio lo conozco. —pensaba, mientras los gritos de agonía se filtraban por mi audición. Sentía que podía ver su muerte…
Tap…
Estaba a merced de un depredador. De una especie que asesina sin piedad ni remordimiento.
Había vuelto la pluma al relleno y tapado las evidencias de mi descubrimiento.
Tap…
Giré hacia aquel gran armario. Notando como se encontraba mal cerrado.
Tap…
Me infiltre en él sin causar el mínimo ruido. Los pasos se continuaban escuchando con el mismo intervalo de tiempo.
Tap…
A pesar de la poca visibilidad. Pude sentir una gran cantidad de ropas y telas distintas. Añadiendo mayor protección a mi escondite.
Tap…
Veía el interior de la habitación desde una pequeña figura. Todo estaba bajo luces verdes.
Tap…
Aquellos pasos, le estaban colocando un tiempo a la decisión de lo que sería de mi vida. Mi cuerpo no paraba de temblar. Sentía frío. Sentía calor…
Tap…
Una sombra gigante se reflejó en el suelo gris. Podía distinguir una figura de gran altura, con orejas puntiagudas y afiladas.
—¿Axael?
Aquella voz, esa criatura se había percatado de mi ausencia…
—...
¿S-se calló?
Sentía como el oxígeno ya no llegaba de manera correcta a mi cerebro. Desde aquella figura logré ver cómo aquella sombra se desplazó desde el suelo, hasta la pared que tenía enfrente, deformando su figura.