Sus garras filosas se mostraban con todo su esplendor.
De frente tenía una criatura totalmente aterradora, con sus colmillos largos y esa mirada vacía con la que demostraba su deseo de asesinarme.
En mi mente ya poseía imágenes de primera plana de las mil y un maneras en las que mi cuerpo sería destrozado y comido por esta maldita Lynx…
Discúlpame por maldecir, madre… discúlpame por tener que poner mi vida por encima de otras, padre… —pensaba, intentando encontrar aquel perdón que me permitiese salir de esta situación.
Mantenía mis pies enterrados en la roca. No importaba cuánto temblaran, no los sacaría de allí. ¡No lo volvería a hacer! Al igual que mis brazos temblorosos. Aquel pequeño cuchillo aumentaba su peso por cada instante que pasaba.
—(Tú… no te muevas…) —balbuceaba, mientras mantenía mi posición de defensa, esperando un cambio de ambiente en la cueva.
Relamer…
Relamer…
Ella movía su larga lengua por encima de sus labios, dejando caer pequeñas gotas de saliva en el proceso. Sin duda, estaba deseando devorar mi carne y huesos…
—Axael… —dijo, con una voz seca y fúnebre, mientras mantenía su mirada fija en mí.
Dio un paso al frente, yo respondí con un paso hacia atrás…
¡Crack!
Caí al suelo. No pisé en un lugar seguro y terminé doblándome la zona del tobillo.
No podía sentir dolor, únicamente tenía terror por lo que estaba viendo ahora justo encima de mí. Aquella Lynx, lo que se supone que debería de ser una especie magnífica de la creación, en realidad era una temible criatura con una sed de sangre insaciable que, con sus capacidades físicas, era capaz de asesinar a cualquier ser vivo…
Los segundos de mi vida ya estaban contados en la mente de esta salvaje…
—(Axael…)
Levantó su enorme mano con sus imponentes garras. La llevó hasta lo máximo que su brazo alcanzaba, tapando una de las lámparas. Ahora solo podía ver el brillo de sus ojos dorados rasgados.
En ellos podía ver la cara patética que hacía… labios temblorosos, ojos conteniendo un mar lleno de lágrimas… Veía la cara de un cobarde derrotado…
Sí, no fui capaz de ni siquiera defenderme… ¡Pero! ¡Debo luchar al menos una vez!
Con la poca fuerza de mis dos brazos temblorosos, logré subir el pequeño cuchillo hasta el punto en donde apuntara al pecho de la Lynx.
Sí, sigo siendo un cobarde.
Sí, sigo siendo patético.
Pero no me iré de esta vida sin antes haber luchado por ella… al menos una vez.
Aquellos ojos dorados se achicaron aún más. Se volvieron del mismo grosor que la fina hoja de su cuchillo. Podía ver también el filo de sus colmillos a pesar de la oscuridad.
—(Yo… lucharé esta vez…)
Una figura diabólica se dibujó en su rostro. Aquella afirmación fue tomada como una provocación por ella.
Alzó aún más sus garras, sobreesforzando los músculos de su hombro.
Con un rápido movimiento, escuché cómo el aire se cortó en cinco puntos distintos.
Esta vez aceptaría la muerte de frente, con los ojos abiertos. ¡La aceptaré mientras lucho!
Agité mis brazos, pasando el filo del cuchillo por la dirección en donde venía el veloz ataque.
¡Chin! —se escuchó, y todo quedó en un profundo silencio.
¿Aún… estoy vivo? —me pregunté. ¿Acaso había escuchado el sonido de la muerte?
Me llevé una mano a la cara; sentí cómo mi piel estaba fría y mojada. Mis manos vibraban… no… mis manos hormigueaban… se sentían flácidas, como si hubiesen perdido el peso de mis huesos y carne.
Mi corazón no lo sentía… sentía paz en él. Qué extraño…
Mi respiración… está bien, siento que está calmada, que está en plena tranquilidad…
¿Así se siente la muerte?
No podía decir si podía ver. Todo estaba oscuro. Aquellos ojos desaparecieron, al igual que el filo de sus colmillos y garras.
Estaba… haciéndome uno con la oscuridad y la temperatura de la cueva…
Intenté levantarme, pero mis piernas no respondieron. Se mantenían completamente extendidas sobre el suelo. Hormigueaban igual que mis manos… o bueno, que todo mi cuerpo.
Solo… tengo que aceptarlo, ¿no? ¿Solo me queda eso, verdad?
——Hermano, ¿qué hay después de la muerte?
——Eres el mayor de nosotros, le pregunté a padre y madre, ninguno me quiso responder.
——Dime, ¿qué hay después?
——Tengo miedo… de que no haya nada…
La voz de mi hermano, Axil, resonaba fuertemente en mi muerte.
Esto es lo que hay, hermano… solo oscuridad, solo frío…
Perdón por no decírtelo…
Perdón por no decirte antes de que lo tuvieras que pasar…