El Noveno Apellido Maldito

Capítulo 7.1

21 de agosto de 1796: El año del viento.

Después de días, tuve la oportunidad de encontrarme nuevamente con el brillante sol de frente. Pude ver lo que había afuera de las paredes rocosas; un hermoso paisaje de pinos oscuros lo podía ver desde el punto alto de la montaña en la que me encontraba.

—Hiliria… ¿esto aún es Ginflix? —pregunté con curiosidad.

El paisaje que tenía ante mis ojos no era para nada parecido al que había visto en todo este tiempo. Los árboles no coincidían con los que había visto cercanos a la cabaña, ni siquiera con los que había estudiado en mi… antiguo hogar…

—¡Hiliria! ¡No saber! ¡Pequeño Axael!

¿¿Ehhh??… ¿cómo que no sabe?

—Hiliria, no me estás mintiendo, ¿verdad?

Sus orejas bajaron con su peso y, en su cara, se dibujó una seria expresión de duda. Con el tono casi roto, Hiliria me dijo:

—Pequeño Axael… ¿pensar que Hiliria mentir?

—Y-yo… no pienso eso…

Me resigné rápidamente apenas vi cómo sus ojos comenzaban a aguarse; froté mi mano sobre su cabello y eso la tranquilizó. Después, comencé a observar con mayor entendimiento la montaña. No parecía haber alguna parte viable para bajar… es decir: estoy atrapado aquí.

—Hiliria, sé que es muy bonito todo este paisaje. Pero no veo una manera para poder bajar…

Esas palabras llegaron con una fuerte energía al alma de Hiliria. Su cara pasó de una tristeza pequeña a una gran alegría. Su cola comenzó a moverse y sus orejas se erizaron de nuevo.

—¡Hiliria! ¡Tener solución!

Con un movimiento hábil, me tomó entre sus brazos; como si se tratase de una princesa.

—¡¡¿¿EHHH?!! ¡¡Hiliria!! ¡¡Suéltame!!

—Jijiji~ ¡Agarrar fuerte! ¡Pequeño Axael!

Sin pensárselo dos veces, saltó hacia el enorme barranco rocoso. Tomamos una gran velocidad; y ella esquivaba todo con suma facilidad. Sus feroces garras dejaban rechinar la roca, marcándola con su filo. En ningún momento, la sonrisa desapareció de su rostro. Su emoción se desbordaba cada vez que se impulsaba con las rocas que sobresalían; se movía en zigzag. Su cabello y pelaje brillaban bajo los rayos del sol y sus ojos se calentaban por el polvo que levantaba…

—¡Llegar hemos! ¡Pequeño Axael, ¿estar bien?!

Necesito… que los dioses y santos devuelvan… mi alma a mi cuerpo…

Veía las enormes ramas de los pinos desde abajo; el veloz viaje hizo que mi sangre se quedara estancada en mis venas, mi respiración desapareciera, al igual que mis ganas de seguir. Después de un rato y de ser animado por las palabras de Hiliria, conseguí ponerme de nuevo en pie.

En mi vestimenta se habían pegado múltiples hojas muertas. Me sacudí un poco; algunas cayeron; en cambio, otras se aferraron con todas sus fuerzas a la tela. Con un suspiro, di por declarada mi derrota ante esa patética pelea.

Miré a Hiliria, que seguía con la misma emoción rebosante en su cara. Debes de estar acostumbrada a esto, ¿no? —pensé. Ella me miró de vuelta y me dijo:

—¡Pequeño Axael! ¡Hiliria mostrar algo! ¡Hiliria quiere!

Comenzó a señalar hacia los adentros del bosque. Me asomé desde su dedo índice, únicamente viendo troncos coloridos y arbustos secos en esa dirección. No entendí a qué se refería con eso, así que le pregunté. Ella solo me miró y volvió a repetir las mismas palabras, con la única diferencia de ofrecerme sus brazos para ser cargado nuevamente.

¿¿¿¡¡¡Eeehhh!!!??? ¡Me rehúso totalmente a ser cargado! ¡Me niego!

Antes de poder abrir la boca, ella, tomando mi cuerpo con rapidez, logró ponerme sobre su espalda. Ahora veía el mundo desde un punto más alto. Las flores y pequeñas plantas que nacían desde el suelo parecían ser tan pequeñas… tan insignificantes…

Un escalofrío creció por mi columna. Podía sentir esa sonrisa vacía siguiéndome entre los árboles… Hiliria sintió mi estado de ánimo; me tocó dos veces la espalda, llamando mi atención.

—Pequeño Axael, ¿estar bien?

—S-sí… no te preocupes…

Hiliria sonrió al escuchar mi respuesta positiva y, con picardía, me dijo:

—¡Entonces! ¡Sostenerse fuerte!

Antes de poder analizar sus palabras, dio una potente galopada hacia dentro del bosque. En menos de medio segundo, las rocas de la montaña se perdieron entre los árboles. La velocidad de una Lynx es sencillamente espectacular. Sentía que viajaba más rápido que el tiempo en ese momento. Todo lo que veía a mi alrededor parecía ser mil veces más lento de lo que recordaba. Los pequeños insectos que revoloteaban con su zumbido… podía ver cómo conversaban entre ellos con sus pequeñas y delgadas patas…

En menos de un minuto, el inmenso bosque había quedado atrás de nuestra carrera. Entramos ahora a un hermoso sendero en una gigantesca llanura, llena de flores y pequeños animales silvestres. Podía ver pequeños Jhilx, una especie común de zorros pequeños con su característico pelaje rojizo. También vi, en cámara lenta, cómo pequeñas crías de Rinlej empezaban con su entrenamiento para lograr su primer vuelo.




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