El Noveno Apellido Maldito

Capítulo 8.4

Volviendo al fin al presente.

De frente de mí. Sí… De frente de Genfi.

Está el escenario perfecto. El escenario que tanto anhelé desde hace días. Mi obra maestra, justo frente a mis ojos…

Sí… sí….

Tap.

Di un paso hacía delante, y recosté mi mano en el hombro del bastardo Genfi. Él, aún con lágrimas en los ojos, volteó a mirarme con una expresión confundida. Seguía balbuceando la misma palabra estúpida, sus cachetes se llenaban de aire por cada vez que intentaba pronunciar esa simple palabra:

—-(Mamá…)

Le susurré suavemente en el oído. Mis labios tuvieron la desgracia de rozar un poco su piel, algo que me causó un asco irremediable.

Arremetí fuertemente contra él, dándole una gran palmada en la nuca. Genfi, cayó desde su silla, desplomandose contra el suelo en un enorme charco de mocos, lágrimas y sangre.

Solo pudo levantar la cabeza y ver de donde provino la rica carne de su postre. En medio de todo el paisaje lleno de ollas, mesones alargados y los mejores chefs de nuestro reino; se encontraba, alzada por una enorme silla de cuero, su querida y hermosa madre…

Su rostro mostraba una sonrisa natural, siendo soportada por un par de garrotes de metal. Su piel estaba cubierta por una elegante tela blanca; un hermoso vestido que había ordenado personalmente para ocasiones especiales. Los detalles plateados, daban luz a su blanca piel que ahora estaba tan fría como el hielo. Sus píes se encontraban desnudos. Sólo queda…

—-(¿Qué sucede, Genfi? ¿Acaso no quieres darle un gran abrazo a tu madre?)

De sus hombros, se podía ver la mancha de un enorme río de sangre. Su hueso podía verse con facilidad. Lo único que no se podía ver, eran sus brazos… O bueno, no en el lugar en donde deberían estar.

El bastardo siguió gimiendo del dolor, llorando y derramando sus mocos por el caro piso de mi castillo. Su mirada estaba fija en el cuerpo moribundo de su madre, de la misma mujer que fue capaz de regalar su templo por tener a un engendro como él.

Moviendo un poco mi mirada, encontré otro objetivo interesante. La escena, efectivamente, había sido lograda a la perfección. Mis órdenes habían sido acatadas con suma atención por los guardias. Cada uno de ellos, había cumplido de manera exacta con sus tareas.

Ahora…

Solo ahora…

Queda que ponga un poco de mi toque. ¡El toque de la princesa, Elodie de Crinfeld!

Mi presa aún se encontraba en su posición, observando todo, horrorizado. Di un paso hacía delante, después otro, hasta quedar a la distancia mínima de un pie. Levanté con ambas manos la enorme falda de mi vestido, que, aún mantenía manchas de barro y tierra de la escena anterior.

Lo miraba fijamente desde arriba, viendo como su cuerpo había adoptado la apariencia sumisa que tanto deseaba ver. Sus manos y piernas temblaban, su cabello se tensaba y enredaba sin que se diera cuenta de que el verdadero peligro… está apunto de llegar.

¡PLAM!

Pisé con fuerza su espalda, haciendo que el pequeño bastardo soltara un largo grito de dolor.

Sí… esto es lo que necesitaba…

Un enorme cosquilleo llegó a cada esquina de mi cuerpo. Me abrazaba, me besaba. Una sensación que me hacía sentir única en este mundo lleno de tantas mierdas como él.

—-(P-pog gavo… degenga~)

No le di tiempo para pedir clemencia. Continué pisando con fuerza su espalda, después sus brazos, bajando por sus piernas hasta llegar a sus manos.

Ambas estaban plasmadas totalmente sobre el suelo. Lo cual, me trajo una maravillosa idea…

Pisé con fuerza ambas manos, el crujir de sus dedos resonó por la habitación, ignorando el movimiento de los enormes cuchillos de los chefs junto a sus pasos.

Me agaché y tomé su cabello con fuerza. Nuevamente, dejó escapar un largo quejido seguido a distintos lloros. Con su maldita lengua me pedía piedad, al menos, eso era lo poco que lograba entender de sus bastardas palabras.

—-¿Qué pasa, Genfi? ¿No le ha gustado el ingrediente principal del postre?

Las lágrimas empezaron a recorrer con mayor frecuencia sus gordos cachetes. Seguía balbuceando la misma palabra. ¿Acaso no te das cuenta que la tienes al frente? ¿Por qué tanto la llamas? ¡Ve, abrazala! ¡Habla con ella si tanto la llamas! —pensaba mientras sentía como poco a poco me iba acercando cada vez más a un estado éxtasis.

Una princesa como yo, debe de mantener su imagen teniendo en frente a tantos igualados. Pero… solo por esta vez… de verdad… quería disfrutar esto, sin importar mi imagen y rol en este reino. Solo por esta vez. Quiero quitarme mi honorario, y ser yo…

¡Solo por esta vez! ¡Quiero sentirme Elodie!

—-—-—-Hazlo… dame el dolor de sus lágrimas.

—-—-—Sé que puedes hacerlo… Ambas tenemos este poder…

Una vieja voz conocida atravesó mi memoria. Volteé a verla y, efectivamente, ella seguía allí. Brillando con todo su esplendor azul.




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