El novio de mi novia

Capitulo 2: The lover

Época actual...

 

Su excitación llega al límite mientras observa a través de los espejos de su habitación al mayor detrás de él completamente desnudo. Sus manos descansan sobre ese escritorio lleno objetos de oficina, de hojas y bolígrafos que se agitan al ritmo de su vaivén; en algunas la tinta ha dibujado las letras de varios ensayos de tareas, en otras hay intentos fallidos de grafitis, borradores inservibles, entre otras cosas.

 

Muerde sus labios conteniendo el placer. Esas grandes manos ceñidas a sus delgadas caderas le balancean desequilibradamente, la garganta reseca, la ronca respiración de su acompañante... la temperatura elevada, ese pecho erótico rozando su espalda. Siente enloquecer.

- ¡Ahhh! L-Lawliet... v-voy... ahh... ahh... Ahhh. -Ni siquiera era capaz de articular una oración. Esos azotes de placer cada vez que el mayor toca su punto más sensible, le atrofian el razonamiento. Entierra con rabia las uñas en la indefensa mesa descargando su fuerza.

 

Luego de unos instantes, y al mismo tiempo alcanzan el tan añorado orgasmo. Las respiraciones empiezan sus titánicas misiones por normalizarse.

Al terminar, Lawliet se voltea y el menor enreda sus dedos en ese oscuro cabello atrayéndolo para un beso apasionado. El mayor le corresponde cerrando sus brazos alrededor de esa estrecha cintura.

Terminan el gesto, le siguen cortos besos que son esparcidos en sus cuellos, hombros, clavículas y regresan a su punto de partida. El menor no es consciente de lo que rodea hasta que suavemente cae sobre su cama. Traviesamente reta a la lengua contraria a una batalla sin tregua, hala con ganas el cuerpo de su nuevo mejor amigo y supuesto "novio" de su novia.

Sus piernas se enredan en las caderas del otro y sus brazos intentan cerrar un abrazo. Se deleita de esa boca carnosa, gime sobre ella, intenta provocar. El beso termina momentos después. Se miran momentáneamente a los ojos. Los del menor brillan extasiados por el contrario de Lawliet cuyos ojos semejan profundas lagunas a la luz de la noche. El más pequeño sonríe... su mano se entretiene en el pecho.

 

-. Dios... estuviste genial.-. Juguetonamente honra las habilidades amatorias de su amigo, aunque estas parecen ser por completo ignoradas-. ¡Oye! -Sube al abdomen mayor invirtiendo sus posiciones.- ¡¿Así agradeces que reconozca tus cualidades?! ¡Mal agradecido! -. La fresca risa estalla en la habitación.

 

Entonces el móvil comienza a sonar, el menor, apodado Alix y llamado Alexandre, abandona a su “pareja”. Alcanza el aparato y de inmediato se pone al tanto. Su rostro angelical se tuerce, frunce el ceño. Se pone su bata de baño, así como toma varias prendas de su closet.

 

-. Lo siento...Clarisa quiere verme...quiere que salgamos de paseo, probablemente te avise de esto después para que inventes una excusa con sus padres de su ausencia en la cena de esta noche, la presentación de teatro mañana y la junta de pasado mañana...Así que no creo volver en tres días. Como sea... te cuidas, me voy... y ¡Ahh! Lo olvidaba... ¡Estuviste genial! Debemos repetir.- Guiñó el ojo y salió de la habitación.

 

 

Y ahí se quedó Lawliet sobre aquella cama, acompañado solamente de la frustración más grande del mundo. Lo sabe, el juego ha dejado de ser divertido; ¿pero desde cuándo? ¿Un año para acá? ¿Un año y medio? no lo sabía exactamente. Sólo sabía que todo había dejado de ser divertido.

Luego de haberlo conocido hace ya tres años, Clarisa no le molestaba invitarlo a la casa, besarse con él, nada le importaba ya. Fue en una de esas veces y gracias a una botella de alcohol que todo esto había iniciado. Aunque en un principio Lawliet y Alexandre evitaban hablar del tema, Alexandre tenía que admitir que aquella noche se sintió muy bien, por lo cual no paraba de provocar de la manera que se le ocurriera hasta conseguir lo que él quisiera: a Lawliet haciéndolo suyo en cualquier lado de la casa. Lawliet tenía que admitirlo, contra los encantos de Alexandre su fuerza y razonamiento desaparecían en la nada.

 

En la media hora siguiente, Lawliet vio ir y venir a su mejor amigo-amante arreglando una maleta, vestirse; dios como adoraba a ese pequeño, pero sabía que tenía que hablar con él, hablar seriamente del asunto que le molesta. Es suficiente, esto no puede continuar así.

Ser el mejor amigo y ser el amante ocasional le produce un extraño sentimiento de tristeza acompañada casi siempre de la sensación de ser un juguete... además del remordimiento. De por si era una relación ya complicada ¡ambos salían con la misma chica! aunque por distintas razones. Alix amaba a Clarisa, Lawliet lo sabía o lo suponía, porque aunque él fuera su novio, tan sólo lo era frente a sus familias, de ahí en fuera Clarisa era por completo de Alix.




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