El Nuevo Eslabón

III

-Ubicación: Bahía Coral Bay, Isla Saint John.
-Fecha: 21 de Octubre a las 1330hrs.


Tras la transmisión concluida, escucho el girar de una ametralladora desde la lejanía, en dirección a la playa para ser preciso. Y en un instante, un aullido de cañones anunciaron la llegada de una ráfaga de plomo al Este de nuestras posición, desplazando de forma radial hacia el Oeste mientras talaba los árboles, removía la tierra y fusilaba a los pocos hombres aún en pie ocultos en la niebla sin aviso. Cuando estaba a pocos metros de alcanzarnos, agarro al Erwin por los hombros para colocarlo detrás de mí y extiendo mi escudo para cubrirnos. En los segundos en que el ensordecedor estrellar de balas que pasó por sobre mi escudo, mi brazo literalmente vibraba al resistirse los múltiples impactos consecutivos de los proyectiles, incluso algunos de estos alcanzaron darme en la pierna izquierda. Por gracia de Dios, mi gruesa piel solo reacciono con unos moretones.
Luego de que esa ráfaga pasara por nosotros y terminará de arrasar con una entiendo área del bosque, intercepto otra transmisión por parte del Helldive, pero en esta ocasión la señal era emitida a un frecuencia menor:
 —Muy bien, caballeros, empecemos la búsqueda. Mantengan sus comunicadores encendidos y avisen de inmediato cuando encuentren los cuerpos de los militares o de las anomalías. ¿Está claro? –escuche la voz de ese Sargento Miles y otras voces que afirmaron lo que dijo.
Al enterarme que empezarían a buscarnos, le entregó a Erwin su cuchillo mientras le susurró :
 —Tenemos que irnos de aquí ahora.
 —No, Goliat, aún no podemos abandonar la isla –se negó mientras recibió su cuchillo y me devolvía mi espada.
 — ¿Por que no podemos irnos aún? –le pregunte extrañado, por de inmediato empecé a razonar. Si nos marchamos así sin más, los ingleses encontrarán los cadáveres con los cortes desgarradores que les hizo Erwin, por lo que sospecharan que aquí guardaban una quimera que salió control o una arma experimental de los estadounidenses. Y cuando no encuentren el causante de la matanza, sacaran la conclusión de que un externo se coló en la isla y empezaran una expedición en el Caribe, elevando la hostilidad de entre los países de América Central–. Ok, ya entiendo tu punto, pero tampoco podemos simplemente deshacernos de ellos.
 —Poder en cuando a capacidades sí, aunque creo que te refieres a que no cambiará nada porque seguirán enviando más.
 —Si, pero más que eso, no quisiera que te arriesgarás con un ataque directo con tu deplorable condición –le dije señalando con la mirada su brazo apuñalado.
 —Bueno, ¿cuantos pelotones desplegaron?
 — Solo uno.
 —Eso no será problema, si pude yo con seis sin mal no lo recuerdo y ya tenía incapacitado el brazo izquierdo.
 —Pero no con un Ajax –le respondí–. Es un soldado equipado con una armadura blindada, un sistema de propulsión que le permite recorrer grandes distancias pese a su masa total, y un arsenal bélico lo suficientemente capaz de erradicar un batallón contemporáneo o una epidemia de toda una hectárea.
 —No es la gran cosa si lo pones de ese modo.
 —No, pero aún así, nos resultará complicado si los enfrentáramos abiertamente.
—Bueno, ¿que tal si le hacemos una emboscada?
 — ¿Una emboscada de dos personas contra un pelotón?
 —Si –respondió con un tono de calma–. Es mi especialidad. Solo quisiera saber si aún tienes contigo el mismo modelo de PDA.
 — ¿El de programación avanzada? Si, aún lo tengo –me pregunté el motivo de su pregunta hasta que recordé el sistema de aislamiento de los trajes de Helldrive–. Oh, ya sé lo que estás tramando.
 —Si, y para cuando lo hayas hecho, los haremos caer como moscas, y yo mismo me encargaré de que concluyan con el despliegue de sus tropas.
 —De acuerdo, hagámoslo entonces –dije mientras saca mi PDA.
 —Espera –me detuvo tomando mi hombro–. Antes que todo, dame segundos, hay algo que tengo que hacer.
No me espera que me pidiera tiempo para sí, mucho menos en estas circunstancias. Pero al verle esa mirada de introspección y culpa, supe para qué lo quería.
 —No pudiste hacer el rezo del perdón ¿no es así? –le pregunte en un tono suave, lo cual él responde asintiendo con la cabeza–. Comprendo... si te sirve de consuelo, yo tampoco lo pude hacer antes de matar a una persona cuando te buscaba.
Luego de otro cruce de miradas, nos dimos un momento para respirar hondo antes de ponernos en presencia del Señor, e inclinamos nuestras cabeza haya que nuestras frentes se toquen para que nuestras voces se queden entre nosotros y Dios. Sabemos que arriesgábamos mucho si nos dedicábamos a orar, y pese a que los soldados estaban aún en la playa, se abre la posibilidad de que nos escuchen y nos encuentren. No obstante, creo que es mejor no solo para mí, sino para todos los miembros de la Hermandad, que no descartemos las costumbres que nos han mantenido unidos y recios como siempre, en especial en estos tiempo de guerra donde las personas se desmoronan al perder su identidad y principios:




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