Pronto cayo la noche, grillos cantando, las calles lodosas debido a la fuerte tormenta, perros que ladraban sin cesar, factores que quisiera o no influían en el estado de Lucas. Esa noche el teléfono convencional tintineó, por primera vez en su vida lo agarro con esperanza de que fuera su madre dándole un fuerte sermón.
Efectivamente, era su madre, quien lejos de saludarlo y preguntar cómo se encontraba se dispuso a indagar por el estado de la casa, algo que Lucas muy lejos de enojarse o afligirse, le causo gracia, era algo inmensamente propio de ella ya que nunca había sido una persona muy afectuosa, aunque él sabía que en el fondo lo quería
Después de terminar con sus muy agobiantes preguntas, procedió a decir:
- ¿Cómo te encuentras tú? – cosa que por un momento dudo en responder, no sabía si decirle la verdad, contarle el miedo que sentía, las sospechas sobre el señor Heig y al final arruinarle su tan deseado viaje, después de todo Lucas sabía que después del divorcio, su madre siempre estaba cansada y esta era la única oportunidad que había tenido de alejarse de todo…al final lo único que salió de su boca fue:
-Estoy bien mama, aunque los extraño, me gusta estar solo – Que gran mentira