El observador

La letra conocida

Pronto llegó la hora de dormir. Le parecía irónico que el momento que antes era descanso ahora se hubiera transformado en martirio. Y lo peor: todo por una “simple nota”.

Tomó una ducha, preparó la cama, pero la sequedad en su garganta lo obligó a ir por un vaso de agua. Sobre la mesa del comedor, doblada con una pulcritud burlona, lo esperaba otra nota. No había nadie más, él mismo se había asegurado de cerrar con llave antes de ducharse, lo recordaba con claridad.

La desplegó: “Deja de fingir. Nadie es perfecto.”

Lucas se paralizó. No sabía si el frío que lo invadía provenía de esas palabras o de la certeza de que tocaban algo demasiado íntimo. Pensó en su madre, en lo que tendría que explicarle si volvía, Pensó en su padre, quien, a pesar de sus promesas, siempre estaba ausente. En sus amigos, con quienes se había distanciado poco a poco.
Uno, dos, tres. Uno, dos, tres. Ese tic nervioso volvía a atacarlo.

Era estresante, se desesperaba

CRAC.

El vaso se rompió. Quizás fue eso lo que lo hizo volver en sí… y darse cuenta de la verdad detrás de aquella nota.
Cada minuto de su vida lo había pasado fingiendo ser lo que los demás esperaban de él: “un buen amigo”, alguien “comprensivo”, “callado”, “estúpido”

Fingir se había vuelto su único talento. Pero ahora, frente a los restos del vaso y a esa nota que lo observaba desde la mesa, algo dentro de él empezó a quebrarse también.



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En el texto hay: miedo, suspenso, contraste emocional

Editado: 09.04.2026

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