El ruido del vaso aún resonaba en su cabeza.
Lucas se quedó mirando los pedazos esparcidos por el suelo.
Y, sin saber por qué, recordó a Nicolás.
Nicolás, su amigo de toda la vida…
Se habían conocido desde que tenía memoria. Nicolás. Lucas lo llegó a considerar casi como a un hermano, aunque él le molestaba de forma extrema. Le causaba asco y repulsión; era algo que ni él mismo entendía del todo.
Mientras a Lucas la vida lo había obligado a madurar y a ser autosuficiente desde muy temprana edad, la vida de Nicolás había sido todo lo contrario., Nicolás tenía una familia maravillosa; nunca había tenido que ensuciar sus preciadas manos con ningún tipo de esfuerzo. Y, sin embargo, cada vez que se veían, tenía una queja. Si lo habían obligado a lavar los platos, o si lo habían enviado a un campamento, se sentía “sumamente estresado". Lucas consideraba aquello una tontería, pero fingía entender su gran “dolor”, guardándose muchas expresiones y palabras que le habría encantado usar. Aun así, apreciaba esa amistad extraña.Sea como sea, aquello fue algo que a Lucas se le pasó por la mente como un breve recuerdo, y una pequeña frase que siempre se repetía a sí mismo volvió a surgir: ¿por qué no podía ser capaz de madurar más rápido? ¿De verdad él entendía la profundidad de la vida? Y aun así, ¿por qué todos se sentían tan contentos con él?
La puerta comenzó a abrirse.
Lucas sostuvo la respiración.
Y el mundo cambió antes de que pudiera decir una palabra.