El regreso no planeado
—¡Olivia! —grita Karen desde el otro lado del pasillo—. ¡Bendita seas! El ogro está en modo bestia.
—Solo vine a buscar mis cosas. —digo con indiferencia, pero el corazón me late como tambor. Isaac aparece como si me hubiera invocado.
—Oficina. Ahora - Camino frente a él como si no me afectara. Entro. Él cierra la puerta con fuerza.
—¿Qué haces con Omar Ortiz?
—Trabajo —respondió, cruzando los brazos. Se acerca.
—No me mientas.
—No es asunto tuyo —susurró, mirándolo a los ojos. Isaac se pasa la mano por el cabello. Camina en círculos.
—¿Qué quieres? ¿ Para volver? ¿Una mejor oferta? ¿Mi cabeza en una bandeja?
—Quiero que sufra —respondo firme—. Cómo sufrí yo por años. Y que aprenda que no todo se compra, ogro - Se detiene. Me mira como nunca antes.
—Lo siento, Olivia.
—Muy tarde- digo y salgo de su oficina por segunda vez. Pero esta vez, mi corazón queda atrapado en su puerta.
– El Orgullo No Alimenta Día tras día, los mensajes bajan de tono. De furia, pasan a súplicas. Y luego, silencio. El verdadero peligro.
—¿Estará bien? —me preguntó, estúpidamente preocupada. Lo espío por redes. Una foto: Isaac solo, en su oficina, mirando por la ventana.
“Silencio sin Olivia”
dice el pie de foto. Karen me manda un audio. —Está flaco, no duerme, no come, y juraría que lo vi llorar ayer... Mi corazón se ablanda.
—No, Olivia… no caigas - Pero ya es tarde. Mi mano marca su número sin permiso.
—¿Hola?
Su voz sale ronca, dormida. Es de noche. Me quedo callada.
—¿Olivia? - silencio —No cuelgues, por favor - Trago saliva.
—Te extraño —digo, tan bajito, que apenas lo oigo yo.
—No sabes cuánto me haces falta.
—No sé si puedo volver.
—Te necesito, Olivia.
—¿Cómo asistente? Silencio.
—Como mujer. - Me duele el pecho. Maldito ogro.
—Déjame pensarlo —susurró.
—Piensa lo que quieras —responde—. Pero no tardes.
- Pero no sé cuánto más voy a poder fingir que no me rompiste el alma.
Cuelgo Y lloro.