El Sacrificio de Nido.
Kira y Vance no miraron hacia atrás. Sabían que, si Nido se había quedado para enfrentar al sicario de Victoria, era porque la vida de Kira y la integridad del Pergamino de Metal eran la prioridad absoluta.
Nido, cubierto por el humo de su granada, encaró al agente tatuado con el halcón. El sicario, que se hacía llamar 'El Azote', chasqueó su látigo de energía. El arma era un arma de aturdimiento y corte preciso.
—La tecnología es débil contra la fe, hacker —gruñó El Azote.
—La fe no te cargará el teléfono —replicó Nido, con una sonrisa tensa.
Nido no era un luchador. Pero era un genio de la tecnología. En lugar de confrontar el látigo, se lanzó hacia la fachada del Tesoro, usando el pulso de la runa de "Permeabilidad" que Vance había activado. El Azote lo siguió, y al pisar la zona de la runa, el látigo de energía se cortocircuitó momentáneamente.
Ese segundo fue suficiente. Nido arrojó todo su arsenal de apoyo: pequeñas minas sónicas, granadas de humo y bengalas, forzando al Azote a retroceder y buscar cobertura detrás de una de las columnas del Tesoro.
—Esto es por el Capitán Sergei —susurró Nido.
Nido sabía que no podía ganar, pero si podía dañar el látigo de energía y retrasar al Azote el tiempo suficiente para que Kira y Vance llegaran a la cima, su misión estaría cumplida.
La Escalada de la Desesperación.
Mientras tanto, Kira y Vance iniciaron la extenuante subida hacia El Monasterio (Ad Deir). El Monasterio se alzaba en el punto más alto de Petra, un ascenso de casi mil escalones tallados en la roca.
—Necesitamos velocidad. Victoria estará allí, esperándonos —jadeó Kira.
Vance, a pesar de su condición física, escalaba con una determinación feroz. El peso del legado lo impulsaba.
A mitad de la subida, se encontraron con un obstáculo diferente: una tormenta de arena que se formó de manera antinatural y rápida.
—No es natural. ¡Victoria está usando el Ojo! —dijo Vance
La tormenta no solo redujo la visibilidad a cero, sino que el aire se cargó de electricidad estática, interfiriendo con el comunicador de Kira. La arena azotaba sus rostros con fuerza dolorosa.
Kira sacó sus gafas tácticas y cubrió el rostro de Vance. —¡Sígueme, Elías! ¡No te detengas!
Ella se guió por el calor corporal de la roca, sabiendo que el camino tallado no se desviaría.
El Portal del Tiempo.
La tormenta cesó tan rápido como comenzó. Llegaron al replano del Monasterio. La fachada era tan grande como el Tesoro, pero más austera, con un gran portal de piedra que resonaba con energía atlante.
—Esta es la Biblioteca del Saber. El Pergamino es la clave de acceso —dijo Vance, acercándose al portal con cautela.
La entrada no era una puerta; era un espacio vacío con un pedestal de piedra en el centro.
Kira escaneó el entorno. La cima de El Monasterio estaba totalmente despejada. No había agentes, no había trampas visibles.
—Victoria no está aquí. Llegó, tomó lo que necesitaba y se fue —dijo Kira, decepciona
Vance se acercó al pedestal. Vio un mensaje grabado en la piedra que solo él podía descifrar.
—Llegamos tarde, Kira. Victoria tomó la Esfera de Memoria. Es el dispositivo de almacenamiento de todo el conocimiento atlante.
Pero lo peor no fue la pérdida. En el pedestal, Victoria había dejado un objeto: un pequeño proyector holográfico de Oricalco. Al encenderlo, apareció una imagen de Victoria, sonriendo cruelmente.
El Próximo Capítulo.
—Hola, Elias. Sabía que tú y tu Capitana no se detendrían —dijo el holograma con un tono burlón—. El Ojo de Aelarion es solo la llave. La Esfera de Memoria es el conocimiento. Pero falta una pieza.
El holograma giró y mostró un mapa. No era Petra ni Yucatán; era el norte de África. Específicamente, una región desértica conocida como El Oasis Perdido de Siwa, Egipto
—Para activar la Esfera, necesito un Núcleo de Sacrificio para la energía. Y tu querida Capitana tiene uno de ellos. —El holograma enfocó la cámara hacia un pequeño objeto oculto en la mochila de Kira.
Kira revisó su equipo y encontró el pequeño Núcleo de Oricalco sellado que habían usado para contener la explosión en Arcadia.
—¡Ella lo sabía! —gritó Kira.
—Nos vemos en Siwa, Kira. Y esta vez, no jugaremos a las escondidas —terminó el holograma, desvaneciéndose.
Vance miró el nuevo mapa. La misión ya no era solo detener a Victoria. Ahora era proteger el Núcleo, que era la clave para el poder absoluto. Pero el primer problema era Nido.
—Tenemos que bajar. Nido sigue abajo —dijo Vance, con una nueva urgencia.
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