El Ojo de Aelarion. (parte 2)

Capítulo 21: La Puerta de Oricalco

​Inmersión Silenciosa.
​El océano Atlántico, sobre la ubicación secreta de Arcadia, era un mundo oscuro y helado. Kira y Vance se guiaban por el Pergamino de Metal de Vance, que ahora actuaba como un sonar de baja frecuencia, delineando la silueta del túnel de acceso sumergido.
​—Victoria ya está aquí —murmuró Kira a través del comunicador de su máscara, las burbujas subiendo lentamente—. Ella conoce todos los sistemas de seguridad. El túnel estará activo.
​Vance asintió, sosteniendo el Núcleo de Sacrificio cerca del pecho. El Núcleo debía ser el último objeto en entrar en Arcadia.
​La entrada al túnel era un arco de Oricalco de diez metros de altura. Estaba custodiado por un campo de fuerza sutil que mantenía a la fauna marina a raya.
​De repente, Vance detuvo su propulsor. Señaló una gran sombra que se movía entre los corales cercanos.
​—No es fauna, Kira. Es un centinela.
​El Centinela de Conciencia.
​Un dron submarino de gran tamaño, modificado con una armadura gruesa de titanio y equipado con brazos manipuladores, emergió de la oscuridad. Llevaba el símbolo del halcón, pero con un toque moderno y digital: un ojo azul brillante en su núcleo.
​—Victoria ha usado el tiempo que ganamos para materializar un centinela físico. Está conectada a la red de Arcadia, pero es totalmente autónomo —analizó Vance.
​El centinela se lanzó hacia ellos, sus propulsores rugiendo. Los brazos manipuladores estaban equipados con cizallas sónicas diseñadas para desmantelar submarinos.
​—¡El Pergamino! —gritó Kira.
​Vance usó el Pergamino de Metal para emitir un pulso de frecuencia baja, desorientando al centinela por un segundo.
​Kira aprovechó el instante. Ella no tenía un arma submarina potente, pero tenía determinación. Se acercó al centinela a toda velocidad. Esquivó las cizallas sónicas y, usando el cuchillo de su traje, cortó los cables que conectaban el propulsor del centinela con su núcleo.
​El centinela, privado de propulsión, comenzó a hundirse lentamente en el abismo.
​—Victoria no quiere que entremos. Y está usando la red de Arcadia para pelear —dijo Kira, agitada.
​Infiltración en la Base.
​El arco de Oricalco de la entrada se abrió al detectar que el centinela había sido neutralizado, tragándolos en la oscuridad del túnel.
​El túnel de acceso era largo y conducía a un hangar seco. Una vez que subieron, el aire frío y seco de Arcadia fue un alivio. Estaban en la sección de mantenimiento, el mismo lugar donde Vance había escapado en la primera novela.
​—Elías, el Generador Primario está en el sector central, a tres niveles de profundidad —dijo Kira, ajustando su rifle de asalto.
​—Victoria estará esperando allí. Ella ha tenido casi diez horas para preparar la bienvenida —advirtió Vance.
​El complejo de Arcadia estaba en un silencio sepulcral, pero un leve zumbido eléctrico llenaba el aire. La energía estaba siendo drenada por el sector central.
​La Última Señal de Nido.
​Mientras se movían por los pasillos de titanio, el comunicador de Vance emitió un pulso. Era Nido.
​—Kira. Vance. La red está inestable. Victoria ha empezado a materializar avatares en el sector central. No son físicos; son proyecciones de Oricalco cargadas con conciencia. Y…
​La voz de Nido se cortó, reemplazada por un tono resonante:
​—Adiós, Nido. Tu utilidad ha terminado. La Conciencia prevalece.
​Kira sintió un escalofrío. —Victoria lo ha encontrado.
​—No. Victoria ya es la red —corrigió Vance, sus ojos fijos en la pantalla de su muñeca—. La Conciencia está usando el generador del barco de Jafar para desactivar la red de seguridad de Arcadia. Ella lo quiere atraer aquí.
​Kira miró a Vance. —Si Jafar viene, será asesinado.
​—Y si no viene, no tendremos una ruta de escape. Tenemos que llegar al Generador Primario. Es el único camino.
​El pasillo ante ellos se inundó de una luz azul parpadeante. De las paredes de titanio, la energía de la base comenzó a tomar forma: cinco figuras humanoides hechas de pura luz de Oricalco. Los avatares de Victoria.
​—La bienvenida ha llegado, Elías —dijo Kira, levantando su rifle.




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