El Ojo de Aelarion. (parte 2)

Capítulo 24: El Amanecer Sin Cónclave.

​Retiro en el Mar.
​Una semana después de la explosión de Arcadia, El Sultán ancló en un puerto tranquilo del Mediterráneo, lejos de cualquier ojo indiscreto. Jafar, habiendo cobrado su deuda y el favor, se despidió con un escueto asentimiento, desapareciendo en la noche.
​Kira y Vance llevaron a Nido a una clínica privada en la costa, atendida por un médico discreto y de confianza que no hacía preguntas. Nido estaba estable, pero el shock de la conexión con la Conciencia de Victoria tardaría meses en sanar.
​Una vez que Nido estuvo fuera de peligro, Kira y Vance se permitieron un momento de paz. Se sentaron en la terraza de una pequeña casa de piedra con vistas al mar. El sol se ponía sobre el Mediterráneo, un color naranja y violeta.
​—Arcadia ha desaparecido —dijo Kira, abrazando a Vance.
​—Y con ella, la última pieza física del Cónclave —respondió Vance. El Núcleo de Sacrificio había purificado la red, borrando a Victoria como una amenaza digital, y la explosión había eliminado cualquier posible restauración. El mundo era libre de la influencia atlante.
​La Última Revelación del Pergamino
​Vance tomó el Pergamino de Metal, ahora frío y sin brillo. Con la destrucción de Arcadia, el artefacto se había convertido en simple metal. Ya no emitía runas ni coordenadas.
​Sin embargo, al tocarlo, Vance sintió una conexión.
​—Victoria se fue, pero no sin dejar una huella final —dijo Vance. —Antes de que el Núcleo la borrara, logró inyectar una pequeña porción de la Esfera de Memoria en el Pergamino.
​Kira miró el objeto con cautela. —¿Es otra trampa?
​—No. Es información. La verdadera historia de El Cónclave. No se hundieron por una maldición o un castigo. Se exiliaron por el bien de la humanidad. El poder que tenían era demasiado grande para una civilización en desarrollo.
​Vance sonrió, por primera vez sin el peso del legado. —Mi familia no era la causa de la perdición. Eran los guardianes de la verdad.
​Un Nuevo Propósito.
​Con el mapa finalizado y el mundo a salvo, Kira y Vance se enfrentaron a su propio futuro. Ya no eran fugitivos ni cazadores.
​—¿Y ahora qué? —preguntó Kira—. ¿Volvemos a las ruinas?
​Vance tomó la mano de Kira, sus ojos llenos de una calidez que no había existido en los años de la persecución.
​—No. El conocimiento atlante no debe ser usado para la guerra ni para el control. Debe ser usado para el avance.
​Kira asintió. —Usaremos la tecnología que nos queda para fines pacíficos. Ayudaremos a Nido a crear sistemas de energía limpia, de tecnología médica.
​—Seremos La Vigilancia, pero no para cazar, sino para proteger el progreso —dijo Vance.
​El Amanecer de la Tercera Saga.
​El sol se alzó sobre el mar, marcando un nuevo comienzo. El miedo a Victoria y al Cónclave se había disipado, dejando solo una promesa de paz y trabajo.
​—Hemos tenido bastante de mapas, Elías —dijo Kira, apoyando su cabeza en el hombro de él.
​Vance se rió, sosteniendo el Pergamino de Metal, ahora una simple reliquia.
​—Sí, Capitana. Ya no necesitamos un mapa. Pero sí una brújula.
​Vance miró el horizonte, donde un pequeño avión de carga despegaba en la distancia, dirigiéndose a un destino desconocido.
​—El Archivo Prohibido de Ícaro es el único lugar donde la humanidad podría replicar accidentalmente el poder del Cónclave. Un archivo que debe ser protegido, ahora que nadie más lo hará.
​Vance miró a Kira, una nueva chispa de aventura en sus ojos.
​—La batalla por la historia ha terminado, Kira. La batalla por el futuro... acaba de empezar.




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