El ojo de la tormenta - Changbin Stray Kids

Capítulo 15

Después del incidente, nada más llegar a la casa, me encerré en mi dormitorio y estuve llorando en mi cama. ¿Qué hubiera pasado si perdía a mi amiga? ¿Y si no hubiera llegado a tiempo? Aquello se repetía una y otra vez en mi cabeza convirtiéndolo en una auténtica tortura.

Pero, sin darme cuenta, me dormí.

El ruido de mi teléfono me hizo despertar. "Mierda, no lo silencié", pensé en cuanto lo cogí.

Papá (22:00): Hay un registro en la empresa de cuánto tiempo ensayáis, y según este, tú aún no has estado ahí.

Me senté de golpe en la cama. ¿Ensayar? ¿Ya? No sabía ni qué tipo de coreografías tenía que aprender. Pero, por alguna razón, aquel mensaje me parecía una amenaza.

Me puse ropa cómoda y salí casi corriendo hasta la empresa. En la entrada, en recepción, había que firmar la llegada y salida de cada uno. Subí en el ascensor hasta la cuarta planta y llegué hasta la sala en la que comenzó todo.

Cuando entré, los chicos estaban ensayando una de sus coreografías... era más complicada de lo que pensaba, ¿yo tenía que aprenderme eso?

Embobada mirando como bailaban fui hasta un lado de la sala y me senté en el suelo para cambiarme de zapatos y ponerme unos tenis más cómodos.

- ¿Qué tal estás? – dijo Bangchan mientras recuperaba aire sentado en el suelo una vez terminó la canción.

- Mucho mejor, gracias a la medicina no me duele tanto – solté una pequeña sonrisa.

- Según el documento que me ha dado tu padre, deberías de aprenderte esta coreografía y cuatro más para el día de tu debut como novena miembro del grupo.

Espera... ¿Dijo esta y cuatro más? ¿¡Cinco coreografías!? Al parecer mi cara de asombro no pasó desapercibida.

- No lo sabías, ¿verdad? – yo negué con la cabeza -, imagino que tampoco sabes que tienes que cantar algunas de nuestras frases. Nos han reorganizado las canciones para que tengas un par de frases más coros.

¿Bailar? ¿Cantar?

- ¿Cuánto tiempo tengo? – pregunté espantada.

Pero se encogió de hombros.

- Aún no está fechado, pero no creo que tardes más de un par de meses en debutar.

- Pues hay que ponerse a trabajar – dijo Minho mientras se levantaba del suelo y ayudaba a Han a ponerse en pie ofreciéndole su mano.

Nos pusimos a ensayar la coreografía más fácil de todas... pero para mí seguía siendo algo complicada. Realmente no se me daba mal bailar, ni coordinarme, el problema era que tenía que memorizar los pasos y eso era lo que no llevaba bien. Tendría que realizarlo el triple de rápido de lo que seguramente lo hicieron los chicos para que mi mente recuerde todos los movimientos.

Minho se encargó de enseñar todo paso a paso, avanzábamos más rápido de lo que pensaba y, además, esto sirvió para que los chicos recordaran el baile ya que es una de sus primeras coreografías.

Un paso en falso y me atasqué, pisé mis cordones cayendo al suelo.

Las carcajadas comenzaron a resonar en la sala, incluidas las mías. Bangchan, que estaba a mi lado, me dio la mano para levantarme, pero antes de llegar a mi tropezó y cayó al suelo. Las risas volvieron a estallar con mucha más fuerza aun.

- Torpe uno y torpe dos – se carcajeaba Han.

Algunos reían tan histéricamente que estaban prácticamente gritando.

Fue un momento tonto, pero un momento que se guardó como un gran recuerdo: la primera vez que reíamos los nueve juntos, a pesar de todo.

Tiempo después, la puerta se abrió. Nosotros estábamos tirados en el suelo, sudando y respirando con dificultad. El ensayo era muy intenso y llevábamos unas cuantas horas con este.

- ¿Cómo van las coreografías? – la voz de mi padre hizo que nos pusiéramos en pie de manera automática e hiciéramos una reverencia.

- Bastante bien – habló Bangchan.

- Lee Lara está dando su mayor esfuerzo – añadió Felix.

- Y... ¿sale todo perfecto? – el tono con el que mi padre dijo aquello nos estremeció.

- No del todo – dije –, pero casi lo tengo.

- Entonces, ¿por qué estás descansando? – la voz molesta de mi padre hizo que me entrara un escalofrío. – La presentación es en tan solo tres semanas. ¡No puedes darte el lujo de vaguear!

¿¡Qué!? ¿¡Tres semanas!? Los nueve nos quedamos completamente impactados.

Mi padre, el CEO, se acercó amenazante hasta mí y me agarró con fuerza del brazo.

- No quiero que salgas de aquí hasta que, al menos, una coreografía te salga completamente a la perfección. – sentenció.

- De...de acuerdo – dije sin poder evitar tartamudear.

Una vez mi padre abandonó la sala, todos suspiraron con alivio. Yo pensaba que comenzábamos a congeniar, pero descarté aquella idea en cuanto noté las miradas sobre mí.

Lo bueno es que nadie dijo nada, solo nos pusimos a ensayar.

Eran ya casi las tres de la madrugada y todos estábamos cansados.

- Chicos – comencé a hablar – Volved a la casa, ya está casi lista la coreografía. Me quedaré practicando un par de pasos y listo – hablé mientras intentaba recuperar el aliento.

Parecieron meditarlo un rato, pero luego, Bangchan asintió.

- Está bien. No vuelvas demasiado tarde. – miró al resto – por hoy, hemos acabado.

Todos recogieron sus cosas y fueron saliendo de la sala....nada más cerraron la puerta me deje caer al suelo.

Mi pie.

Cuando fui en busca de mi amiga, corriendo por las escaleras, me torcí un tobillo. No le di importancia en el momento, pero, en cuanto llegué a casa, empecé a notar lo mucho que me dolía. Cuando me quité el zapato en el dormitorio pude comprobar que había un pequeño hematoma y la zona estaba un poco inflamada. No iba a hacer otro escándalo, suficiente tenía con lo que había pasado ya. Por suerte sabía sobre primeros auxilios y pude hacerme un vendaje para este tipo de situación ya que no era una lesión para nada grave. Pero ahora, después de tanto ensayo, mi tobillo no podía aguantar más, el dolor me impedía seguir con normalidad. Me levanté y quise continuar, pero el daño me hizo flaquear. Repetí el proceso y obtuve el mismo resultado. Me quedé sentada en el suelo, me quité el zapato y lo lancé enfadada. Para colmo, tenía el presentimiento en el que la herida en el antebrazo se me había abierto ligeramente. Antes, cuando mi padre tiró de mi brazo, fue precisamente del que tenía los puntos. Ahora me dolía el pie y el brazo. Me quité el otro zapato y lo dejé a mi lado. Me levanté y lo volví a intentar: tal vez, el que me apretara el zapato influía en mi dolor de pie. Pero no. El daño era prácticamente el mismo. Me tumbé en el suelo boca arriba. 




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