Eiden
Me recosté en la cama, el cuerpo pesado de sueño y agotamiento.
No había logrado descansar casi nada. Todo había ocurrido demasiado rápido: la muerte de mi madre, el golpe de estado, el encierro en el calabozo… y ahora… esta prisión disfrazada de habitación.
El calor del sueño me envolvía, y por un momento pude olvidar el miedo. Por fin, un instante de paz… hasta que algo me hizo despertar de golpe.
Sentí un contacto inesperado en el cuello, húmedo y frío, que me sobresaltó. Abrí los ojos de golpe y el corazón me dio un vuelco.
Ahí estaba él.
Airien.
Su figura se recortaba contra la luz tenue de la habitación, su presencia ineludible, como una sombra que invadía cada rincón. Mi cuerpo se tensó, y un escalofrío recorrió mi espalda.
No estaba seguro de cuándo había entrado, ni de cómo había llegado tan cerca. Solo sabía una cosa: mi miedo aumentaba con cada segundo que permanecía allí, frente a mí.
Mi mente gritaba que debía apartarlo, correr, hacer cualquier cosa… pero mis músculos no respondían.
Él me miraba, con esa expresión extraña, imposible de descifrar: una mezcla de satisfacción, posesión y… algo que no sabía cómo llamar.
Intenté alejarme pero el me sostuvo del brazo fuertemente sacándome un quejido de dolor .
—Eres tan tímido a pesar de que ya lo hicimos —.
—Sueltame —hable, sentia como las lágrimas se acumulaban en mis ojos .
Airien me miró disfrutando de mi miedo
—Mi omega no seas tímido, anoche no parabas de gemir, pero no te preocupes te satisfacere—
No ...otra vez no ...
—Te prometo que está vez disfrutaremos ambos, se que fui un poco tosco la primera vez pero me hiciste enojar, no fue mi culpa ... -
Intenté levantarme pero Airien ya lo había esperado y soltó todo su peso sobre mi impidiéndome escapar.
Él me volteo y me levanto el camisón mientras escuchaba sus pantalones caer al suelo, entonces lo volví a sentir en mi interior y como empezaba a moverse .
—Mira entro fácilmente, ¿Estábas preparandote para mí ?—.
No podía dejar de sentir asco, escuché que decía algo más pero no le tome importancia, solo quería que ya terminara y que se fuera .
Agarre las sábanas con rabia si yo y mi madre hubiéramos sido alfas no nos hubieran arrebatado el trono , si yo fuera un alfa ...no me estarían humillado así .
Mis hermanos y madre habían sido asecinados solo porque ella era una omega y los lords del reino no querían ver a un omega en el trono , lo peor fue que yo su primogénito también era un omega .
De repente sentí como Airien se acercaba a mi cuello, separaba mi cabello y empezaba a lamer mi nuca ...
No, no debía dejar que me marcara, no debía ser de su propiedad .
—Sueltame no quiero —hable.
—Principe con una marca seremos una pareja oficial yo sere tu alfa y tu mi omega —.
Y con eso sentí el fuerte mordisco en mi cuello debajo de la nuca, todo había terminado...
Cuando sus cormillos salieron de mi carne sentí la sangre salir de mi cuello, Airien también salió de mi interior.
—Mi amor te curare esa herida, siéntate —.
Pero no quería que él me tocara, cuando se acercó le clave un golpe en todo el rostro .
—¡Que mierda te pasa!—
—No me toques —
Airien me devolvió el golpe y empezó a golpearme.
—Los buenos omegas deben ser recompensados pero tú eres un mal omega, te enseñaré que no le estás pegando a cualquiera si no a tu alfa—.
Airien no me golpeó mucho pero si me dolió bastante.
—Si quieres curarte ahí tienes las cosas yo no haré nada —
Con esas palabras él se fue, me levanté del suelo con dolor y me dispuse a curar mis heridas mientras me preguntaba cuando duraría esto ¿Había alguien luchando por mi reclamo?¿Alguien me quería en el trono o todos creían que los Omegas solo servían en la cama?
Cuando termine me dispuese a dormir , sabía que el descanso me haría bien.
Cerré mis ojos y me deje llevar por el sueño, sentí que él dolor desaparecía...
El día siguiente llegó demasiado rápido, o al menos eso sentí.
Y no tardó en arruinarse cuando apareció Airien, con el ceño fruncido y la mirada cargada de enojo. Me observó de pies a cabeza, como si esperara algo de mí.
—Lo siento —dijo al fin.
No respondí.
—Es tu turno —volvió a hablar, con esa voz fría que me irritaba.
—¿Crees que con unas disculpas basta? —repliqué, alzando la voz.
Su expresión se endureció. Se acercó y me tomó del cabello, obligándome a mirarlo.
—Adelante —escupí con rabia—, golpéame. Los golpes de ayer no me dolieron. Golpeas como una mujer.
Lo provoqué a propósito. Quería que me golpeara, que me matara… cualquier cosa antes que seguir viviendo así.
Pero él solo respiró hondo.
—No soy tan estúpido, Eiden. Y lo que te hice… me dolió más a mí que a ti.
No.
No, por favor.
—Eres un omega que no fue educado correctamente, nada más —continuó, soltándome el cabello—. Pero como tu alfa, me encargaré de eso.
No respondí. No podía.
Me ordenó vestirme, y lo hice sin decir palabra; no tenía otra opción. Después me llevó hasta el comedor principal. Todo parecía igual que antes: las mismas paredes, la misma mesa larga, las cortinas bordadas con el emblema real... pero algo en el ambiente estaba podrido, como si el castillo mismo supiera que el trono había sido manchado.
—Desayunemos juntos, mi omega —dijo con voz suave, casi dulce.
Nos sentamos. Mientras esperábamos la comida, mis ojos recorrieron el lugar buscando algún rostro conocido, algún guardia o sirviente fiel a mi familia… pero no encontré a nadie. Todos habían sido reemplazados.
Cuando volví la mirada, Airien me observaba como si estuviera enamorado. Pero yo lo sabía bien: no era amor. Era obsesión.
—No debemos pelear —susurró—. Somos una pareja.
No respondí.
—Mi omega… ¿por qué no empezamos de nuevo? Ambos somos destinados. Sé que me amas. Solo olvida todo lo que pasó.