ANTES DE LAS CORONAS
«Antes de que los hombres aprendieran a levantar murallas, los dioses ya habían decidido dónde caerían las primeras piedras.»
Hubo un tiempo en que los dioses caminaban entre los hombres no eran leyendas, ni nombres grabados en piedra por sacerdotes antiguos. Eran presencia su voz podía escucharse en los templos; sus manos habían tocado la tierra; sus designios habían cambiado el curso de pueblos enteros.
Fue bajo su influencia que nacieron las primeras grandes civilizaciones. Algunos dioses enseñaron el conocimiento que permitió a los hombres comprender los cielos, la materia y los secretos de la vida, otros les dieron leyes para ordenar sus ciudades, otros les enseñaron el arte de la guerra y el precio de la sangre.
Los hombres levantaron imperios sobre aquello que recibieron , pero con el tiempo los dioses dejaron de caminar entre ellos.
Los templos permanecieron, las plegarias también y nadie volvió a contemplar a una divinidad descendiendo de los cielos, su voluntad continuó manifestándose de una manera que ningún reino podía ignorar.
Los Oráculos desde generaciones incontables, algunos recién nacidos eran presentados ante los dioses, no importaba si procedían de una casa imperial, de una familia noble o de una humilde cualquiera podía ser elegido.
Sin embargo, el mundo rara vez trataba a todos por igual los Oráculos se convirtieron en símbolos de poder, las familias gobernantes comenzaron a conservarlos como si fueran herencias, aunque ningún linaje podía exigirlos. Un niño podía nacer sin ellos y vivir toda su vida como un ciudadano más. Otro podía recibir una sola palabra de los cielos y convertirse, desde el instante de su nacimiento, en alguien observado por un imperio entero.
Porque un Oráculo no podía rechazarse.
No podía cambiarse mientras el portador viviera, nadie más podía recibir el mismo Oráculo.Lo verdaderamente inquietante era que nadie sabía con certeza qué significaba la palabra que los dioses entregaban.
Los hombres interpretaban ,los sacerdotes estudiaban, los reyes construían leyes alrededor de ellas, generaciones enteras podían comprender un Oráculo de una manera y siglos después descubrir que quizá habían estado equivocados.
Tal vez los dioses revelaban el destino.
Tal vez lo estaban escribiendo.
En dos imperios muy distintos, dos herederos estaban a punto de nacer.Uno pertenecía a una estirpe cuya sangre era recordada por el rojo de sus cabellos y por la guerra que había dado origen a su corona.
El otro nacería bajo los estandartes de un imperio fundado sobre el conocimiento y la justicia.Uno recibiría un nombre que hablaría del futuro, el otro recibiría una palabra que hablaba de aquello que debía ser justo.
Ninguno había elegido nacer.
Ninguno había elegido su Oráculo.
Y ninguno sabía cuánto podía cambiar el mundo una sola palabra pronunciada por los dioses.Porque hay destinos que se reciben al nacer y hay destinos que solo pueden comprenderse cuando llega el momento de desafiarlos.
Así comenzó la historia.
Editado: 24.09.2026