El Organillero

EL ORGANILLERO

Mauricio extrajo del saco de franela colocado sobre la mesa, un puñado de monedas de varias denominaciones, acuñadas en la época de la Revolución. También sacó de un libro viejo, billetes que se emitieron en los años de la Segunda Guerra Mundial. Todos de México.

No resultaba anormal que alguien hiciera eso en la periferia de un mercado. La venta de papel moneda antiguo es algo común. Lo que no concordaba con lo cotidiano, era que tanto las monedas como los billetes, parecían nuevos. O, no tanto, pero sí con poco uso. Como si los años no hubiesen hecho que el roce de las múltiples manos que fueron sus dueños por un tiempo, dejaran impresa su huella en ellos.

Él hacía las transacciones por la venta de todo eso, sin hacer caso de los comentarios de las personas que examinaban el material, asombrados por el buen estado de ellos.

Al terminar la jornada, se abrió paso por entre la gente hasta llegar a su casa, donde se mudó de ropa y cambió por el uniforme de color triste,  los zapatos desgastados y la gorra que colocó en su cabeza despeinada.

Mirando el reloj, tomó el pesado artefacto que se echó hábilmente al hombro por medio de una gruesa correa, y salió de nuevo a la calle, con paso cansado.

Anduvo por espacio de media hora, hasta llegar a un punto definido donde algunos hombres y mujeres le reconocieron. Comenzaron a seguirle, sin preguntar a dónde se dirigía o cuánto tiempo avanzaría antes de detener su marcha y colocar la pesada caja en posición.

Llegó a su destino, la calle de Jesús María 56 afuera de una Peluquería, donde el sentido le decía que era el sitio ideal para esa tarde.

La multitud comenzó a apilarse a su alrededor, en silencio. Hombres y mujeres de edad avanzada, demacrados por los años vividos y que aguardaban a Mauricio todos los sábados vespertinos en la Alameda, desde donde le seguían a donde él quisiera llevarlos.

Él, sin mirar a nadie en particular, colocó su vista al frente y destapó el pesado organillo. Poco a poco, las revoluciones de la manivela fueron dando paso a una melodía triste, cadenciosa, anecdótica.

Los reunidos en la calle empezaron a formar parejas, danzando al compás de la música, en una múltiple vorágine de recuerdos y energía colectiva que causó el que la visión de lo moderno comenzara a desdibujarse.

Los comercios fueron dando paso a fachadas de otro tiempo, distintas modas, peinados, miradas y deseos.

Los cuerpos se deslizaron entre las ropas, causando roces de pieles a través de ellas, rejuvenecidas las arrugas y las manos, las miradas, las ansias de ser y amarse por medio de una melodía.

El organillero variaba de velocidad sin que los asistentes modificaran sus posturas y vaivenes, ajenos a lo que sucedía a su alrededor. Para cuando la primera pieza terminó, ellos dirigieron sus pasos a las mesitas sobre la acera, donde comieron de nuevo dulces de piloncillo, natillas y champurrados como los que hacía la bisabuela.

Mauricio los miraba a todos sin decir nada, simplemente tocaba para un público que una vez fue amante, amigo, mujer que volteaban a ver, panaderos que hacían su pan con manteca y huevo, habitantes todos ellos de un tiempo que dejó de existir y disfrutaban de nuevo por medio de ese organillero.

Al final, luego de algunas canciones más, Mauricio dejó de tocar, permitiendo que el aire retuviera las últimas notas vibrantes de la melodía. Los hombres y mujeres rebuscaban en sus bolsillos, monederos, bolsos, monedas y billetes con qué pagar a ese hombre que les había permitido estar una vez más, allí, justo donde hacía años se reunían.

La multitud comenzó a dispersarse, haciendo que la realidad tomara su forma de nueva cuenta… Triste, moderna, como caricatura de algo que fue dulce para muchos.

El organillero tomó su gorra y contó lo reunido, mientras que lo poco del pasado se esfumaba y dejando tan solo como testigo de ese baile y momentos antiguos, monedas y billetes.

Con cansancio pero lleno de satisfacción, cargó su instrumento y echó a andar ya que sabía que lo aguardaban más personas en otros espacios, otros tiempos, otros recuerdos…



KARAC

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En el texto hay: nostalgia

Editado: 06.06.2018

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