En Lunareth cuando el sol desaparecía detrás de las montañas, una tenue luz plateada comenzaba a extenderse entre los árboles, iluminando los caminos y las torres del reino.
Las flores nocturnas abrían lentamente sus pétalos y pequeñas criaturas luminosas salían de sus escondites para recorrer los jardines.
Los habitantes de Lunareth estaban acostumbrados a aquella magia para ellos, no era extraño ver luciérnagas flotando alrededor de las casas, escuchar el canto de los árboles durante las noches de luna llena o contemplar pequeños fragmentos de luz descendiendo desde las ramas más altas del bosque.
Lunareth era conocido como el reino de la luna.
Sus bosques cubrían gran parte del territorio y, según las antiguas historias, algunos de aquellos árboles eran tan viejos como el propio tiempo.
Evelyne siempre había amado aquel lugar desde niña acostumbraba caminar por los senderos que rodeaban la ciudad, aunque existía una zona a la que nunca se le permitía acercarse.
El bosque prohibido nadie hablaba de él y eso era precisamente lo que más curiosidad le provocaba.
—Otra vez estás mirando hacia allí.
La voz hizo que Evelyne apartara la vista del bosque, se encontraba sentada sobre el muro de piedra que rodeaba uno de los jardines exteriores del palacio. A su lado estaba Lyria, una de sus amigas, quien sostenía entre las manos una pequeña cesta llena de flores.
Evelyne sonrió.
—No estoy mirando hacia ningún sitio.
—Claro que sí.
Lyria dejó la cesta sobre el muro y siguió la dirección de sus ojos.
Más allá de los campos cubiertos de flores se extendía una enorme línea de árboles. El bosque prohibido.
Incluso desde aquella distancia parecía diferente al resto del territorio. Los árboles eran más altos, sus ramas más gruesas y una ligera neblina permanecía sobre sus copas incluso durante el día.
—No entiendo por qué te interesa tanto —dijo Lyria—. Todo el mundo sabe que allí no hay nada.
Evelyne levantó una ceja.
—Si no hay nada, ¿por qué está prohibido entrar?
Lyria guardó silencio.
Evelyne sonrió.
—Eso pensé.
—No significa que debas comprobarlo.
—No he dicho que vaya a hacerlo.
—Tu cara dice exactamente lo contrario.
Evelyne soltó una pequeña risa.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
Desde el palacio llegaban los sonidos de los músicos que ensayaban para la celebración de la próxima luna llena. En las calles, los habitantes comenzaban a encender pequeñas lámparas de cristal que flotaban sobre las casas.
Lunareth parecía tranquilo. Evelyne volvió a mirar hacia el bosque.
Había algo allí no sabía qué era solo sentía una extraña necesidad de acercarse.
—Evelyne.
La voz de Lyria volvió a llamar su atención.
—¿Sí?
—Prométeme que no irás.
Evelyne bajó la mirada.
—Te lo prometo.
Lyria la observó unos segundos, intentando decidir si podía creerle.
—No confío en ti cuando haces esa cara.
—¿Qué cara?
—La de alguien que ya está pensando cómo romper una promesa.
Evelyne volvió a reír.
—Ve a entregar esas flores antes de que se marchiten.
Lyria tomó la cesta.
—Y tú regresa al palacio.
—Lo haré.
Su amiga comenzó a alejarse.
Evelyne esperó hasta que desapareció entre los jardines entonces volvió a mirar hacia el bosque la sonrisa desapareció de su rostro. Durante unos instantes creyó haber visto una luz entre los árboles.
Una luz azulada.
Parpadeó.
Ya no estaba.
Aquella noche, Evelyne no consiguió dormir.
El viento golpeaba suavemente las ventanas de su habitación. Las cortinas se movían con cada corriente y la luz de la luna entraba sobre el suelo formando una franja plateada.
Se encontraba frente a la ventana miraba nuevamente hacia el bosque, no sabía por qué aquella pequeña luz no dejaba de aparecer en sus pensamientos.
Se alejó de la ventana.
—Es absurdo —murmuró.
Intentó regresar a la cama.
No pudo.
Finalmente tomó su capa y salió de la habitación los pasillos del palacio estaban prácticamente vacíos. Las lámparas mágicas iluminaban las paredes con una luz tenue. Evelyne caminó en silencio, evitando a los guardias que permanecían cerca de las entradas principales.
Cuando salió del palacio, el aire frío golpeó su rostro la noche estaba despejada las dos lunas de Lunareth brillaban sobre el cielo.
Evelyne caminó hacia los jardines y finalmente hacia el bosque se detuvo frente a la línea de árboles. Por primera vez sintió miedo.
El bosque parecía observarla.
—Solo voy a mirar —susurró.
Nadie respondió.
Evelyne dio un paso luego otro y entró.
Al principio, todo parecía normal podía escuchar el sonido de los insectos nocturnos y el movimiento de las hojas pero después de unos minutos, el ambiente comenzó a cambiar. El aire se volvió más frío, cubría el suelo una capa de nieblina espesa.
La luz de las lunas desapareció poco a poco detrás de las ramas. Evelyne continuó avanzando las raíces de los árboles sobresalían del suelo y algunas estaban cubiertas de pequeñas flores blancas.
En ocasiones creyó escuchar pasos se detenía.
Miraba alrededor.
Nada.
—Probablemente sean animales —se dijo.
Continuó.
Después de varios minutos, se dio cuenta de que ya no reconocía el camino.
Miró hacia atrás.
Los árboles parecían haberse cerrado detrás de ella.
—Eso no estaba ahí...
Retrocedió.
La niebla comenzó a levantarse entre las raíces.
Evelyne sintió un escalofrío volvió a ver la luz esta vez estaba mucho más cerca una esfera azul flotaba entre los árboles.
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Editado: 03.10.2026